"J, soy Javier, estuve el viernes con Victoria en Manchegos 16. Llámame por favor. Gracias".
La recepción de este mensaje en mi movil desde un número desconocido fue el inicio de una pequeña aventura de investigación. ¿Cómo ese Javier sabía mi nombre? Cierto es que hay muchos Javis en mi vida: mi primo, mi jefe, varios compañeros de trabajo... pero o bien tengo su número de teléfono, o bien este mensaje no me lo enviarían ellos. ¿Y Victoria? Sólo conozco dos: a Victoria-clon o a mi compañera de la facultad y no las vinculaba con ningún Javier.
Aunque mosqueada porque ese Javier sabía mi nombre, dejé el asunto pasar. Por supuesto eché a volar mi imaginación. ¿Y si contesto y mensaje a mensaje conozco a Javier y resulta que es el hombre de mi vida? Cosas más raras se han visto.
El viernes, a modo de curiosidad enseñé a mis amigas el mensaje. ¡Craso error! Ellas también alimentaron sus fantasias romanticas y rocambolescas. "Victoria y Javier son amantes y se encuentran en un piso situado en Manchegos 16". "Manchegos 16 es un bar de alterne o un local de moda donde suelen ir J. Javier y Victoria" y mil invenciones más. Picada en mi curiosidad, el sábado le envié un mensaje a Javier diciendole que creia que se trataba de un error. Mensaje a mensaje descubro que es el director de la obra social de una entidad financiera y compañero de Victoria, la chica que estudió conmigo en la facultad. Al final ésta me envia un mensaje pidiendome disculpas y diciendomé que por error le habia dado mi movil en vez de el de otra persona que se llama igual que yo.
¡Adiós hombre de mi vida! ¡Adiós historia romántica! ¡Adiós triangulo amoroso! La verdad es que sonaba todo mejor en mi cabeza. Todo era más bonito en mi imaginación. ¡Qué asco de realidad! Pero como dicen en periodismo... no dejes que la realidad te estropee una buena historia.
P.D. Hoy Barack Obama jura su cargo de presidente de Estados Unidos en Washington. Un día histórico, dicen por ahí.
martes, 20 de enero de 2009
martes, 13 de enero de 2009
Nevada y propósitos del nuevo año
Empieza el 2009. Primera carta. ¿Propósitos? Este año ninguno. Ninguno importante, vamos. Comprarme las cortinas y lámparas del comedor si acaso. Intentar ahorrar más. No sé. Como no fumo y ya hago ejercicio no tengo que proponerme estos objetivos. No me fijo lo de ir de viaje a tal sitio o cambiar de curro, etc, etc. No me gusta hacer planes a largo plazo (es decir, más de dos meses).
Si acaso si me planteo leer más. El año pasado una biografia de Bette Davis, El retrato de Dorian Gray, La sombra el viento y Un Mundo sin fin fueron mis únicos titulos (aunque la II parte de Los pilares... equivale a tres novelas). El otro día fui a la biblioteca en busca de un libro. ¿Quién soy, adonde voy y con quién? fue un libro de autoayuda que me llamó la atención acorde con mi recurrente reflexión de cambiar de vida espiritual. Pero no me apeteció nada. En su lugar cogi Vida de los doce césares de Suetonio. Un libro escrito por un romano sobre la vida de doce emperadores. La historia clásica, una de mis grandes pasiones para comenzar bien el año. Un placer para mi intelecto (¡Dios! que pedante).
También me propuse ser fuerte y no caer en las redes del rico sexo con Carlos durante este 2009. Pero en esto ya he fallado. El fin de semana vimos una película, cenamos en un restaurante gallego y dormi con él tras retozar desnudos en su cama (que poético). Lo admito, mi carne es débil.
Mientras tanto disfruto de la nieve. Que yo recuerde, nunca han durado tanto los restos de una nevada. Normalmente al día siguiente se derriten los copos caidos el día anterior, y lo de la nieve se convierte casi automáticamente en un nuevo recuerdo meteorológico. Pero esta vez no. Y gracias a ello el sábado pude tirarme con mis amigos unos bolazos de nieve como Dios manda. Vivan los pequeños placeres.
En fin. Nada nuevo bajo el sol (o bajo la nieve, mejor dicho). Sigo aqui en el 2009. ¿Qué sorpresas me traerá?
Si acaso si me planteo leer más. El año pasado una biografia de Bette Davis, El retrato de Dorian Gray, La sombra el viento y Un Mundo sin fin fueron mis únicos titulos (aunque la II parte de Los pilares... equivale a tres novelas). El otro día fui a la biblioteca en busca de un libro. ¿Quién soy, adonde voy y con quién? fue un libro de autoayuda que me llamó la atención acorde con mi recurrente reflexión de cambiar de vida espiritual. Pero no me apeteció nada. En su lugar cogi Vida de los doce césares de Suetonio. Un libro escrito por un romano sobre la vida de doce emperadores. La historia clásica, una de mis grandes pasiones para comenzar bien el año. Un placer para mi intelecto (¡Dios! que pedante).
También me propuse ser fuerte y no caer en las redes del rico sexo con Carlos durante este 2009. Pero en esto ya he fallado. El fin de semana vimos una película, cenamos en un restaurante gallego y dormi con él tras retozar desnudos en su cama (que poético). Lo admito, mi carne es débil.
Mientras tanto disfruto de la nieve. Que yo recuerde, nunca han durado tanto los restos de una nevada. Normalmente al día siguiente se derriten los copos caidos el día anterior, y lo de la nieve se convierte casi automáticamente en un nuevo recuerdo meteorológico. Pero esta vez no. Y gracias a ello el sábado pude tirarme con mis amigos unos bolazos de nieve como Dios manda. Vivan los pequeños placeres.
En fin. Nada nuevo bajo el sol (o bajo la nieve, mejor dicho). Sigo aqui en el 2009. ¿Qué sorpresas me traerá?
martes, 30 de diciembre de 2008
Año 2008
Mis amigas y yo tenemos la sana tradición de juntarnos a final de año y hacer un resumen del año. Cada una cuenta como han sido sus últimos 365 días (366 en esta ocasión): si ha sido bueno, malo, regular.... El centro de operaciones suele ser el bar Segovia, pero no siempre es así. Y este año, por ejemplo, sólo nos hemos juntado cuatro, cuando normalmente somos unas cuantas más.
El el Bounty (o como decimos nosotras, "en cá el Fer") yo definí mi 2008 como un año de transición (no sé adonde exactamente) pero ni especialmente bueno ni especialmente malo. Ha sido malo en el sentido de que ha muerto uno de mis tíos y desde el punto de vista psicológico, una extraña melancolía y tristeza se ha aposentado en mi a raíz de cumplir los treinta años. El paso del tiempo, el temor a la muerte, la sensación de no hacer nada con mi vida, de perder el tiempo, del ¿y ahora qué? me han torturado especialmente desde el punto de vista mental estos 366 días. Y para mi desgracia creo que esta sensación siempre me acompañará. A veces con mayor intensidad, otras veces con menos. Pero siempre estará ahí salvo que empiece a hacer algo de provecho con mi vida. En suma, la crisis de los treinta que me ha absorbido y obsesionado (y que espero superar antes de los cuarenta).
Tampoco ha sido un buen año desde el punto de vista sentimental. Mi relación con Carlos se ha deteriorado. De vez en cuando tenemos sexo (realmente fantástico), hay días que le echo terriblemente de menos, otros casi ni me acuerdo de él y sin duda es mi amigo más querido, más fiel, más amado. Pero siento que hemos emprendido un camino sin regreso: nunca más volveremos a ser pareja. Podremos ser amigos, amantes, compañeros... pero novios creo que nunca más. Y nuestra extraña no relación (es un no-novio como leí en un blog) terminará cuando el conozca a otra chica, o yo a otro chico, o bien cuando la soledad post-coitum, como decían los antiguos, sea tan intensa que yo decida acabar con el masoquismo al que voluntariamente me someto (porque es estupendo sentirse querida por tres o cuatro horas, pero la soledad que después experimento es realmente triste).
Pero no ha sido todo malo. Me han dado el piso (fuente de alegria y preocupación, es la doble cara de la moneda). He conocido Galicia, he sido capaz de ir sola a la playa, mi salud sigue siendo excelente y he pasado momentos muy gratos con mis amigos. Incluso he encontrado un segundo trabajo que me permite ganar un poco de dinero extra. Y una vez más mi familia me ha demostrado que me quiere mucho y que siempre está dispuesta a ayudarme (incluso sin que pida ayuda).
¿Y qué espero del 2009? Tengo por costumbre no hacer planes a largo plazo (es decir, más de dos meses). Nunca me fijo metas concretas u objetivos. Esto tiene una parte positiva (no te agobias, todo es una sorpresa) y una negativa (no tienes un estímulo, te acomodas en tu vida). Si tuviera una lámpara maravillosa y al frotarla saliera el genio que me concediera tres deseos pediría salud (un tópico verdadero), encontrar a un chico maravilloso con el que compartir el resto de mi vida y encontrar un trabajo interesante y bien remunerado). Volviendo a la realidad me conformo con la salud y que en el 2009 no me falte nadie querido. ¿Propósitos? No sé. Quizás retomar mi afición lectora (este año apenas he leido, aunque la lectura de Un mundo sin fin vale por tres libros), cumplir mi ilusión de aprender a pintar, cumplir con la obligación moral de hacerme voluntaria de algo, comprarme las cortinas del salón... y en suma, seguir viviendo y ver crecer a mi sobrino, entre otras cosas.
Así que como digo siempre... ¡adiós 2008! ¡Hola 2009!
El el Bounty (o como decimos nosotras, "en cá el Fer") yo definí mi 2008 como un año de transición (no sé adonde exactamente) pero ni especialmente bueno ni especialmente malo. Ha sido malo en el sentido de que ha muerto uno de mis tíos y desde el punto de vista psicológico, una extraña melancolía y tristeza se ha aposentado en mi a raíz de cumplir los treinta años. El paso del tiempo, el temor a la muerte, la sensación de no hacer nada con mi vida, de perder el tiempo, del ¿y ahora qué? me han torturado especialmente desde el punto de vista mental estos 366 días. Y para mi desgracia creo que esta sensación siempre me acompañará. A veces con mayor intensidad, otras veces con menos. Pero siempre estará ahí salvo que empiece a hacer algo de provecho con mi vida. En suma, la crisis de los treinta que me ha absorbido y obsesionado (y que espero superar antes de los cuarenta).
Tampoco ha sido un buen año desde el punto de vista sentimental. Mi relación con Carlos se ha deteriorado. De vez en cuando tenemos sexo (realmente fantástico), hay días que le echo terriblemente de menos, otros casi ni me acuerdo de él y sin duda es mi amigo más querido, más fiel, más amado. Pero siento que hemos emprendido un camino sin regreso: nunca más volveremos a ser pareja. Podremos ser amigos, amantes, compañeros... pero novios creo que nunca más. Y nuestra extraña no relación (es un no-novio como leí en un blog) terminará cuando el conozca a otra chica, o yo a otro chico, o bien cuando la soledad post-coitum, como decían los antiguos, sea tan intensa que yo decida acabar con el masoquismo al que voluntariamente me someto (porque es estupendo sentirse querida por tres o cuatro horas, pero la soledad que después experimento es realmente triste).
Pero no ha sido todo malo. Me han dado el piso (fuente de alegria y preocupación, es la doble cara de la moneda). He conocido Galicia, he sido capaz de ir sola a la playa, mi salud sigue siendo excelente y he pasado momentos muy gratos con mis amigos. Incluso he encontrado un segundo trabajo que me permite ganar un poco de dinero extra. Y una vez más mi familia me ha demostrado que me quiere mucho y que siempre está dispuesta a ayudarme (incluso sin que pida ayuda).
¿Y qué espero del 2009? Tengo por costumbre no hacer planes a largo plazo (es decir, más de dos meses). Nunca me fijo metas concretas u objetivos. Esto tiene una parte positiva (no te agobias, todo es una sorpresa) y una negativa (no tienes un estímulo, te acomodas en tu vida). Si tuviera una lámpara maravillosa y al frotarla saliera el genio que me concediera tres deseos pediría salud (un tópico verdadero), encontrar a un chico maravilloso con el que compartir el resto de mi vida y encontrar un trabajo interesante y bien remunerado). Volviendo a la realidad me conformo con la salud y que en el 2009 no me falte nadie querido. ¿Propósitos? No sé. Quizás retomar mi afición lectora (este año apenas he leido, aunque la lectura de Un mundo sin fin vale por tres libros), cumplir mi ilusión de aprender a pintar, cumplir con la obligación moral de hacerme voluntaria de algo, comprarme las cortinas del salón... y en suma, seguir viviendo y ver crecer a mi sobrino, entre otras cosas.
Así que como digo siempre... ¡adiós 2008! ¡Hola 2009!
martes, 23 de diciembre de 2008
Navidad
Nada. sigo siendo pobre. ¡Ni un céntimo en la Loteria! nada nuevo bajo el sol.
Últimamente el blog tiene un tono melancólico y plomizo que refleja mi estado de ánimo. Pero prometí no rallarme mucho y cambio el chip. Hay que estar alegre. Que es Navidad.
Así que hablaré de estas fechas tan señaladas, donde todos son tópicos, tradiciones y costumbres. Desde la Loteria, hasta las tarjetas que escribo, el recuerdo de los ausentes, los regalitos, las luces, el pavo, el marisco... Toda una liturgia. Recuerdo las tardes de Nochebuena tremendamente aburridas en mi casa. Mis amigas, Noelia y Cristina, se iban a Getafe a cenar con sus abuelos, y yo me quedaba sola y me aburría mortalmente. El olor a pavo invadía toda la casa y me resultaba de lo más desagradable. Tampoco podía contar con mis primas, que se iban con la familia de mi tio. En suma, un rollo de primera. Y lo mismo en Nochevieja. Y aunque de mayor la tónica no ha cambiado mucho, procuro buscarme actividades con las que distraerme (internet, una lectura, ir con las amigas a tomar algo...) que me hacen granjearme la también típica charla de mi madre:
- Es que no me ayudas nada en la cocina. Te vas por ahi con las amigas y ¡hala! para mi todo el trabajo
- Pero mama, ¡pero si no me dejas meter baza! Lo único que me dejas es partir el turrón y cortar el embutido.
Y aunque en mi casa la Nochebuena y la Nochevieja no son un despiporre (las manias de mi madre nos impiden reunirnos con mi tía), todas esas pequeñas tradiciones hacen especial estos días, aunque para mi no resulten superdivertidos. Simplemente trato de disfrutarlos, guardarlos en mi corazón y mi memoria, pues se que algún día las echaré de menos.
Últimamente el blog tiene un tono melancólico y plomizo que refleja mi estado de ánimo. Pero prometí no rallarme mucho y cambio el chip. Hay que estar alegre. Que es Navidad.
Así que hablaré de estas fechas tan señaladas, donde todos son tópicos, tradiciones y costumbres. Desde la Loteria, hasta las tarjetas que escribo, el recuerdo de los ausentes, los regalitos, las luces, el pavo, el marisco... Toda una liturgia. Recuerdo las tardes de Nochebuena tremendamente aburridas en mi casa. Mis amigas, Noelia y Cristina, se iban a Getafe a cenar con sus abuelos, y yo me quedaba sola y me aburría mortalmente. El olor a pavo invadía toda la casa y me resultaba de lo más desagradable. Tampoco podía contar con mis primas, que se iban con la familia de mi tio. En suma, un rollo de primera. Y lo mismo en Nochevieja. Y aunque de mayor la tónica no ha cambiado mucho, procuro buscarme actividades con las que distraerme (internet, una lectura, ir con las amigas a tomar algo...) que me hacen granjearme la también típica charla de mi madre:
- Es que no me ayudas nada en la cocina. Te vas por ahi con las amigas y ¡hala! para mi todo el trabajo
- Pero mama, ¡pero si no me dejas meter baza! Lo único que me dejas es partir el turrón y cortar el embutido.
Y aunque en mi casa la Nochebuena y la Nochevieja no son un despiporre (las manias de mi madre nos impiden reunirnos con mi tía), todas esas pequeñas tradiciones hacen especial estos días, aunque para mi no resulten superdivertidos. Simplemente trato de disfrutarlos, guardarlos en mi corazón y mi memoria, pues se que algún día las echaré de menos.
martes, 9 de diciembre de 2008
Otoñal
Nada, sigo sin lectores. Esto es frustrante...
Pero seguiré con mis movidas mentales. El otoño, un año más, ha penetrado en mi espíritu. La verdad es que es una estanción que me sienta como una patada en el culo, no lo voy a negar. Desde épocas del colegio, los meses de la caída de la hoja me desmotivan. Yo soy como las plantas: necesito el sol para revivir.
Me he pasado buena parte del fin de semana taciturna y llorosa. Ayer incluso bendije el trabajo porque me restaba tiempo para pensar en mis miserias (si que estaba mal, si). El domingo por la noche cuando me acosté me entró un buen berrinche. ¿Por qué? No tengo derecho a quejarme: tengo trabajo (algo meritorio según los tiempos que corren), salud, mi familia está sana y a mi lado, mis amigos son estupendos, estoy pagando yo sola un piso, soy joven (30) y en suma, no me falta nada material o inmaterial. Pero me falta algo. Desde que no estoy con Juan Carlos (supongo que parte de mi tristeza se debe a eso) estoy más tristona y melancólica. Se que se pasará, lo sé. Pero contrariamente al resto de la humanidad, cada vez soy más vulnerable a los fracasos amorosos. Imagino que porque soy más mayor y soy consciente de que las oportunidades decrecen cada año que pasa. Soy muy independiente, siempre he estado sola, hago muchas cosas sola. Pero estoy un poco harta. Yo quiero ser una chica convencional, con churry al que venere y que a su vez me quiera. En fin, demasiado difícil para mi...
Imagino que parte de mi problema consiste en no valorar lo que tengo. Si estimase más mi realidad no echaría tanto de menos lo que no tengo o no he tenido. Siempre alampando, siempre ansiando realidades inexistentes...
Podría pensar que soy una inconformista porque lo que tengo no me llena. Y que va. Si lo fuera lucharía por conseguir algo diferente. Buscaría trabajo de lo mio (o al menos uno mejor remunerado), estudiaría para mejorar mi formación y tener más posibilidades de mejorar mi empleo, aunque fuera refrescaría mi inglés, trataría de ser menos tímida con los chicos, viajaría más, conocería más sitios... No digo que sea una infeliz, pero admito que cada año que pasa un ligero poso de amargura se va instalando en mi corazón, y si esto sigue así el poso al final llenaré el vaso y francamente, no me apetece nada.
Quiero vivir, disfrutar, experimentar cosas nuevas. Quiero compartir mi vida con alguien a todos lo niveles. Quiero escribir una novela, un cuento, una historia bonita... quiero.... en fin, a veces no se ni lo que quiero
Pero seguiré con mis movidas mentales. El otoño, un año más, ha penetrado en mi espíritu. La verdad es que es una estanción que me sienta como una patada en el culo, no lo voy a negar. Desde épocas del colegio, los meses de la caída de la hoja me desmotivan. Yo soy como las plantas: necesito el sol para revivir.
Me he pasado buena parte del fin de semana taciturna y llorosa. Ayer incluso bendije el trabajo porque me restaba tiempo para pensar en mis miserias (si que estaba mal, si). El domingo por la noche cuando me acosté me entró un buen berrinche. ¿Por qué? No tengo derecho a quejarme: tengo trabajo (algo meritorio según los tiempos que corren), salud, mi familia está sana y a mi lado, mis amigos son estupendos, estoy pagando yo sola un piso, soy joven (30) y en suma, no me falta nada material o inmaterial. Pero me falta algo. Desde que no estoy con Juan Carlos (supongo que parte de mi tristeza se debe a eso) estoy más tristona y melancólica. Se que se pasará, lo sé. Pero contrariamente al resto de la humanidad, cada vez soy más vulnerable a los fracasos amorosos. Imagino que porque soy más mayor y soy consciente de que las oportunidades decrecen cada año que pasa. Soy muy independiente, siempre he estado sola, hago muchas cosas sola. Pero estoy un poco harta. Yo quiero ser una chica convencional, con churry al que venere y que a su vez me quiera. En fin, demasiado difícil para mi...
Imagino que parte de mi problema consiste en no valorar lo que tengo. Si estimase más mi realidad no echaría tanto de menos lo que no tengo o no he tenido. Siempre alampando, siempre ansiando realidades inexistentes...
Podría pensar que soy una inconformista porque lo que tengo no me llena. Y que va. Si lo fuera lucharía por conseguir algo diferente. Buscaría trabajo de lo mio (o al menos uno mejor remunerado), estudiaría para mejorar mi formación y tener más posibilidades de mejorar mi empleo, aunque fuera refrescaría mi inglés, trataría de ser menos tímida con los chicos, viajaría más, conocería más sitios... No digo que sea una infeliz, pero admito que cada año que pasa un ligero poso de amargura se va instalando en mi corazón, y si esto sigue así el poso al final llenaré el vaso y francamente, no me apetece nada.
Quiero vivir, disfrutar, experimentar cosas nuevas. Quiero compartir mi vida con alguien a todos lo niveles. Quiero escribir una novela, un cuento, una historia bonita... quiero.... en fin, a veces no se ni lo que quiero
jueves, 27 de noviembre de 2008
La esencia lobuna
Enlazaré con mi carta anterior y hablaré de uno de mis libros favoritos: El lobo estepario, de Hermann Hesse
Lectura obligatoria en tercero de carrera, lo tomé prestado de la biblioteca municipal. Al principio me pareció un aburrimiento, para que lo voy a negar. Sólo me consolaba su brevedad.
Pero héteme aqui que llegué a la segunda parte del libro: Tractac sobre el lobo estepario. Iba yo en el metro camino de Aluche para tomar la 483. En las escaleras de la estación de Aluche, me tuve que parar y agarrar a la barandilla. El corazón me dió un vuelco: ¡¡No podía ser!! ¡¡Ese libro estaba hablando de mi!!
Más serena, en el autobús relei pausadamente el texto que me había estremecido, y que reproduzco en la carta anterior. Y efectivamente, me confirmé y me reconocí en él. Me acorde de mi profesora de literatura de COU.
- Lo bueno de los libros -decía- es que alguna vez pasas por una experiencia que crees que sólo te ha pasado a tí, que sólo has vivido tú, y te sientes solo. Y entonces coges un libro y lo lees y dices, ¡pero si esto es exactamente lo que a mi me sucede! Y te das cuenta de que no estás solo, y de que esos sentimientos también los tienen otras personas
Pues eso fue lo que me pasó con Harry Haller y el tratado del lobo estepario (no apto para todos). Pasados los años, esa primera impresión violenta se ha dulcificado, pero muchas veces me doy cuenta de que en el fondo de mi ser, por más que intente librarme de él, el lobo estepario es esencial en mi naturaleza, y a pesar de mis ligues, de mis idas y venidas, de mis salidas, etc, en el fondo de mi ser el lobo estepario está latente en mi. Y cuando creo que lo he matado, renace con más fuerza en mi espíritu. Siempre he ansiado la independencia, la autosuficiencia, y cuando las he logrado en ciertos aspectos, me doy cuenta de que son algo crueles, poseen ciertos aspectos de tristeza. Y si trato de librarme de la naturalexa lobuna intentando conectar espiritualmente con otras personas, me doy cuenta de mi incapacidad para ello.
En fin, con lo que me gustaría ser alguien de pensamiento normal, vulgar...
Lectura obligatoria en tercero de carrera, lo tomé prestado de la biblioteca municipal. Al principio me pareció un aburrimiento, para que lo voy a negar. Sólo me consolaba su brevedad.
Pero héteme aqui que llegué a la segunda parte del libro: Tractac sobre el lobo estepario. Iba yo en el metro camino de Aluche para tomar la 483. En las escaleras de la estación de Aluche, me tuve que parar y agarrar a la barandilla. El corazón me dió un vuelco: ¡¡No podía ser!! ¡¡Ese libro estaba hablando de mi!!
Más serena, en el autobús relei pausadamente el texto que me había estremecido, y que reproduzco en la carta anterior. Y efectivamente, me confirmé y me reconocí en él. Me acorde de mi profesora de literatura de COU.
- Lo bueno de los libros -decía- es que alguna vez pasas por una experiencia que crees que sólo te ha pasado a tí, que sólo has vivido tú, y te sientes solo. Y entonces coges un libro y lo lees y dices, ¡pero si esto es exactamente lo que a mi me sucede! Y te das cuenta de que no estás solo, y de que esos sentimientos también los tienen otras personas
Pues eso fue lo que me pasó con Harry Haller y el tratado del lobo estepario (no apto para todos). Pasados los años, esa primera impresión violenta se ha dulcificado, pero muchas veces me doy cuenta de que en el fondo de mi ser, por más que intente librarme de él, el lobo estepario es esencial en mi naturaleza, y a pesar de mis ligues, de mis idas y venidas, de mis salidas, etc, en el fondo de mi ser el lobo estepario está latente en mi. Y cuando creo que lo he matado, renace con más fuerza en mi espíritu. Siempre he ansiado la independencia, la autosuficiencia, y cuando las he logrado en ciertos aspectos, me doy cuenta de que son algo crueles, poseen ciertos aspectos de tristeza. Y si trato de librarme de la naturalexa lobuna intentando conectar espiritualmente con otras personas, me doy cuenta de mi incapacidad para ello.
En fin, con lo que me gustaría ser alguien de pensamiento normal, vulgar...
martes, 18 de noviembre de 2008
La logistica de la independencia y el lobo estepario
Ayer me trajeron la tele. Lo cierto es que me he vendido por una tele. Domicilié la nómina en Banesto para que me la dieran. Mañana la probaré. La verdad es que estoy deseosa de ver como funciona.
A finales de este mes me traerán los sofás. Y estoy mirando algún mueble. Si me gusta alguno me lo compro. En realidad ya practicamente me puedo independizar. Sólo me falta la lavadora y contratar agua caliente. Pero la duda me persigue... ¿me iré?
De jovencita siempre afirmaba que si alguna vez tenía piso me iría enseguida. Pero cuando creces te das cuenta de que la realidad es diferente. Hay varios puntos a tener en cuenta:
a)En general independizarse cuesta dinero. Descubres que el agua, la luz y el gas no son gratis.
b)Los pamtalones no se planchan solos. Es más, hay que poner lavadoras. En suma, descubres que en casa de tus padres hay un duende mágico llamado mamá y en la tuya no existe (como los Reyes Magos, vamos)
c)La soledad. Está bien eso de no tener que pelearte por el mando de la tele, no tener que limpiar y ordenar cosas que no son tuyas, etc, etc. Pero no puedes comentar con nadie el programa de la tele, ni las noticias, y el silencio a veces es muy pesado (aunque para eso está la tele y la radio, que hacen mucha compañía).
No creo que me independice este año, pero si ire algun fin de semana a dormir. No obstante, cuando me vaya de casa haré lo mismo que mis hermanos (es decir, echarle morro: ir a comer casa de mis papis todos los días). Para el año que viene ya veremos. Pero admito que uno de mis momentos favoritos del día es cuando llego a las once de la noche a casa, tengo la cena hecha y mis padres están sentados en el sofá esperándome. Si me marcho de casa, ese momento favorito del dia desaparecerá.
Carlos siempre me dice que yo no resistiría mucho viviendo sola porque por algún comentario que le he hecho piensa que enseguida me sentiría triste. Y puede que tenga razón. Pero también es cierto que siempre he ejercido cierto afán de independencia y soledad, como lo de ir sola al cine o al museo del Prado; este año me fui sola cuatro dias a la playa; etc, etc. Pero claro, una cosa es la soledad como forma ocasional de pasar el tiempo y otra cosa es como modo de vida. No se cómo lo llevaría a lo largo del tiempo. Siempre he tenido espíritu de lobo estepario y me identifico mucho con Harry Haller, el personaje de Hesse.
"Porque ya resultaba que la soledad y la independencia no eran su afán y su objetivo, eran su destino y su condenación, que su mágico deseo se había cumplido y ya no era posible retirarlo, que ya no servía de nada extender los brazos abiertos lleno de nostalgia y con el corazón henchido de buena voluntad, brindando solidaridad y unión; ahora lo dejaban solo. Y no es que fuera odioso y detestado y antipático a los demás. Al contrario, tenía muchos amigos. Muchos lo querían bien. Pero siempre era únicamente simpatía y amabilidad lo que encontraba; lo invitaban, le hacían regalos, le escribían bonitas cartas, pero nadie se le aproximaba espiritualmente, por ninguna parte surgía compenetración con nadie, y nadie estaba dispuesto ni era capaz de compartir su vida. Ahora lo envolvía el ambiente de soledad, una atmósfera de quietud, un apartamiento del mundo que lo rodeaba, una incapacidad de relación, contra la cual no podía nada ni la voluntad, ni el afán, ni la nostalgia. Este era uno de los caracteres más importantes de su vida"
A finales de este mes me traerán los sofás. Y estoy mirando algún mueble. Si me gusta alguno me lo compro. En realidad ya practicamente me puedo independizar. Sólo me falta la lavadora y contratar agua caliente. Pero la duda me persigue... ¿me iré?
De jovencita siempre afirmaba que si alguna vez tenía piso me iría enseguida. Pero cuando creces te das cuenta de que la realidad es diferente. Hay varios puntos a tener en cuenta:
a)En general independizarse cuesta dinero. Descubres que el agua, la luz y el gas no son gratis.
b)Los pamtalones no se planchan solos. Es más, hay que poner lavadoras. En suma, descubres que en casa de tus padres hay un duende mágico llamado mamá y en la tuya no existe (como los Reyes Magos, vamos)
c)La soledad. Está bien eso de no tener que pelearte por el mando de la tele, no tener que limpiar y ordenar cosas que no son tuyas, etc, etc. Pero no puedes comentar con nadie el programa de la tele, ni las noticias, y el silencio a veces es muy pesado (aunque para eso está la tele y la radio, que hacen mucha compañía).
No creo que me independice este año, pero si ire algun fin de semana a dormir. No obstante, cuando me vaya de casa haré lo mismo que mis hermanos (es decir, echarle morro: ir a comer casa de mis papis todos los días). Para el año que viene ya veremos. Pero admito que uno de mis momentos favoritos del día es cuando llego a las once de la noche a casa, tengo la cena hecha y mis padres están sentados en el sofá esperándome. Si me marcho de casa, ese momento favorito del dia desaparecerá.
Carlos siempre me dice que yo no resistiría mucho viviendo sola porque por algún comentario que le he hecho piensa que enseguida me sentiría triste. Y puede que tenga razón. Pero también es cierto que siempre he ejercido cierto afán de independencia y soledad, como lo de ir sola al cine o al museo del Prado; este año me fui sola cuatro dias a la playa; etc, etc. Pero claro, una cosa es la soledad como forma ocasional de pasar el tiempo y otra cosa es como modo de vida. No se cómo lo llevaría a lo largo del tiempo. Siempre he tenido espíritu de lobo estepario y me identifico mucho con Harry Haller, el personaje de Hesse.
"Porque ya resultaba que la soledad y la independencia no eran su afán y su objetivo, eran su destino y su condenación, que su mágico deseo se había cumplido y ya no era posible retirarlo, que ya no servía de nada extender los brazos abiertos lleno de nostalgia y con el corazón henchido de buena voluntad, brindando solidaridad y unión; ahora lo dejaban solo. Y no es que fuera odioso y detestado y antipático a los demás. Al contrario, tenía muchos amigos. Muchos lo querían bien. Pero siempre era únicamente simpatía y amabilidad lo que encontraba; lo invitaban, le hacían regalos, le escribían bonitas cartas, pero nadie se le aproximaba espiritualmente, por ninguna parte surgía compenetración con nadie, y nadie estaba dispuesto ni era capaz de compartir su vida. Ahora lo envolvía el ambiente de soledad, una atmósfera de quietud, un apartamiento del mundo que lo rodeaba, una incapacidad de relación, contra la cual no podía nada ni la voluntad, ni el afán, ni la nostalgia. Este era uno de los caracteres más importantes de su vida"
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