martes, 30 de diciembre de 2008

Año 2008

Mis amigas y yo tenemos la sana tradición de juntarnos a final de año y hacer un resumen del año. Cada una cuenta como han sido sus últimos 365 días (366 en esta ocasión): si ha sido bueno, malo, regular.... El centro de operaciones suele ser el bar Segovia, pero no siempre es así. Y este año, por ejemplo, sólo nos hemos juntado cuatro, cuando normalmente somos unas cuantas más.

El el Bounty (o como decimos nosotras, "en cá el Fer") yo definí mi 2008 como un año de transición (no sé adonde exactamente) pero ni especialmente bueno ni especialmente malo. Ha sido malo en el sentido de que ha muerto uno de mis tíos y desde el punto de vista psicológico, una extraña melancolía y tristeza se ha aposentado en mi a raíz de cumplir los treinta años. El paso del tiempo, el temor a la muerte, la sensación de no hacer nada con mi vida, de perder el tiempo, del ¿y ahora qué? me han torturado especialmente desde el punto de vista mental estos 366 días. Y para mi desgracia creo que esta sensación siempre me acompañará. A veces con mayor intensidad, otras veces con menos. Pero siempre estará ahí salvo que empiece a hacer algo de provecho con mi vida. En suma, la crisis de los treinta que me ha absorbido y obsesionado (y que espero superar antes de los cuarenta).

Tampoco ha sido un buen año desde el punto de vista sentimental. Mi relación con Carlos se ha deteriorado. De vez en cuando tenemos sexo (realmente fantástico), hay días que le echo terriblemente de menos, otros casi ni me acuerdo de él y sin duda es mi amigo más querido, más fiel, más amado. Pero siento que hemos emprendido un camino sin regreso: nunca más volveremos a ser pareja. Podremos ser amigos, amantes, compañeros... pero novios creo que nunca más. Y nuestra extraña no relación (es un no-novio como leí en un blog) terminará cuando el conozca a otra chica, o yo a otro chico, o bien cuando la soledad post-coitum, como decían los antiguos, sea tan intensa que yo decida acabar con el masoquismo al que voluntariamente me someto (porque es estupendo sentirse querida por tres o cuatro horas, pero la soledad que después experimento es realmente triste).

Pero no ha sido todo malo. Me han dado el piso (fuente de alegria y preocupación, es la doble cara de la moneda). He conocido Galicia, he sido capaz de ir sola a la playa, mi salud sigue siendo excelente y he pasado momentos muy gratos con mis amigos. Incluso he encontrado un segundo trabajo que me permite ganar un poco de dinero extra. Y una vez más mi familia me ha demostrado que me quiere mucho y que siempre está dispuesta a ayudarme (incluso sin que pida ayuda).

¿Y qué espero del 2009? Tengo por costumbre no hacer planes a largo plazo (es decir, más de dos meses). Nunca me fijo metas concretas u objetivos. Esto tiene una parte positiva (no te agobias, todo es una sorpresa) y una negativa (no tienes un estímulo, te acomodas en tu vida). Si tuviera una lámpara maravillosa y al frotarla saliera el genio que me concediera tres deseos pediría salud (un tópico verdadero), encontrar a un chico maravilloso con el que compartir el resto de mi vida y encontrar un trabajo interesante y bien remunerado). Volviendo a la realidad me conformo con la salud y que en el 2009 no me falte nadie querido. ¿Propósitos? No sé. Quizás retomar mi afición lectora (este año apenas he leido, aunque la lectura de Un mundo sin fin vale por tres libros), cumplir mi ilusión de aprender a pintar, cumplir con la obligación moral de hacerme voluntaria de algo, comprarme las cortinas del salón... y en suma, seguir viviendo y ver crecer a mi sobrino, entre otras cosas.

Así que como digo siempre... ¡adiós 2008! ¡Hola 2009!

No hay comentarios: