jueves, 25 de abril de 2013

Mis amigos los libros


Antes de saber leer la señora Lucia me regaló, por mi cumpleaños, un cuento de La Cenicienta. El cuento era para niños, con grandes dibujos y letras escasas y grandes. Me lo leyó creo que mi madre, y días sucesivos, como yo le pedía que me lo volviera a leer pero no siempre tenía tiempo para ello, yo me inventaba el contenido de las letras.
Lo cierto es que mis padres nunca me leyeron cuentos en la cama y mis primeros libros, aparte de los de la escuela, fueron los de El Círculo de Lectores cuando tenía unos ocho años.
-Nos he apuntado al Círculo de Lectores para que la niña se vaya acostumbrando a leer – dijo mi madre
Y así durante un par de años, cada dos meses compraba un libro que después yo solita me leía, sin que nadie me obligara. Cuando nos borramos les pedía prestados a mis primas los libros de la serie azul de El Barco de Vapor, y en Reyes normalmente me traían algún libro. Recuerdo especialmente un libro de cuentos de Hans Christian Andersen que no queríamos ni mi hermano ni yo (al final resulto que el regalo era para mí para mi mayor disgusto). De la rabia que tenía porque el libro era para mí tardé tiempo en empezarlo, pero una vez que lo hice recuerdo que me gustó muchísimo y todavía lo guardo con mucho cariño.
No me considero una gran lectora. Conozco gente que lee mil veces más que yo. No conozco muchos clásicos. El Quijote no es un libro que me entusiasme precisamente y reconozco que por mis manos no han pasado ni Tolstoi, ni Quevedo, ni Balzac ni Rosalía de Castro.
Pero es cierto que a lo largo de mi vida los libros siempre me han acompañado. A veces con más intensidad. Otras veces con menos. Algunos años he podido devorar quince libros, y otras veces no los he tocado durante meses. Pero siempre han estado ahí cerca, próximos a mí, y me han acompañado a lo largo de mi vida. Me han hecho reír y llorar, emocionarme y sufrir. Reflexionar, meditar y distraerme. En época de tribulaciones han sido grandes amigos para mí. Me han ofrecido amplio consuelo. Siempre me han acompañado y me han enseñado cosas. A través de ellos también he vivido y experimentado “otras vidas” y otras épocas.
Porque como dijo mi profesora de literatura de COU, “a veces nos sentimos solos e incomprendidos. Pensamos que lo que nos ocurre nadie más lo ha experimentado. Y entonces lees un libro y te das cuenta que alguien ha plasmado tus sentimientos. Descubres que hay otras personas a las que les ha pasado lo mismo que a ti. No te sientes entonces tan solo y aislado. Por eso nos gusta la literatura”

miércoles, 23 de enero de 2013

Adicciones

Ha descendido el consumo de cocaina y cannabis como consecuencia de la crisis. ¡Oh que bien! ¡por fin una buena noticia! Aunque claro, España sigue siendo líder en el consumo de estas sustancias dentro de los países de la Unión Europea. Ante tal noticia, sólo podemos exclamar: ¡Campeones, campeones, oé, oé, oé…!

Pero lo que me ha llamado la atención de esta noticia es que tras hablar del descenso de consumo de drogas han mencionado el incremento de ventas de los psicofármacos y antidepresivos recetados por los médicos. Es decir, por primera vez he escuchado que al hablar de drogas han incluido las dos caras de la misma moneda: aquellas prohibidas y mal vistas y aquellas legales y consentidas.

Porque claro, está muy feo beber alcohol y emborracharse (particularmente si se es joven y si no hablamos de vino o cerveza). Es un problema social muy gordo que se consuma cocaína y cannabis (también, particularmente grave si se es joven) porque destruye las neuronas y se trata de una adicción muy peligrosa. Y ni que decir del tabaco, que es malísimo para la salud del que fuma y del que está al lado, sin hablar del graboso gasto médico que genera debido a las enfermedades que ocasiona.

Pero si usted está ansioso (debido a la crisis, a que está en paro o porque su puesto de trabajo peligra) no pasa nada por tomarse un lexatín (o dos, o tres, o los que hagan falta) porque oye, no vas a estar sin dormir porque no descansar genera otros problemas de salud más graves. Y si se encuentra triste porque ha perdido a un ser querido, o el empleo, o se ha divorciado, no pasa nada tampoco por tomar, durante una temporada (en teoría), un antidepresivo porque eso nos ayudará a superar el bache emocional y una mala temporada. Y si está flojo, y se siente cansado, ¿por qué no tomar vitaminas ?. Al fin y al cabo es más fácil tomarse una pastillita que comer más frutas o verduras, fuentes ambas de vitaminas.

Tenemos el soma de Un mundo feliz al alcance de nuestra mano. ¿Por qué no usarlo? ¿Quién quiere estar triste y preocupado cuando puedes sentirte feliz, pletórico y tranquilo en pocos minutos con sólo ingerir una píldora?.

En suma, vivimos en un mundo de adicciones. Desde niños vemos que para encontrarnos mejor la solución está en una pastillita que nos venden en la farmacia. A veces con receta. Otras sin ella. Y no pasa nada. Ahora bien. Si lo que tomas es cocaína, o te fumas unos porros, o en el botellón te emborrachas un fin de semana si y otro también ¡¡uff, pecado mortal!!.

No voy a defender yo el consumo de drogas ilegales. Me parecen peligrosas y arriesgadas. Malas para la salud física y psíquica. Pero creo que va siendo hora de que se desmitifique el uso de los medicamentos y de las drogas legales. No son inocuas. Generan adicción física y psíquica. No porque se compren en la farmacia y con receta médica son inofensivas y saludables.

En realidad, en gran parte de los casos, el abuso de cocaína, lorazepan, benzodiacepinas, porros, alcohol, etc. tienen el mismo origen y consecuencia. Son adicciones y como todas ellas son reflejo de la incapacidad del ser humano occidental de asumir, por si mismo, el dolor, la ansiedad, las limitaciones del ser humano, la frustración y todas aquellas cosas feas que forman parte de la vida.

miércoles, 17 de octubre de 2012

La "dulce" melancolía

Literalmente la palabra melancolía significa “humor negro”. En su origen era un término médico con el que los antiguos griegos definían a las personas que hoy llamamos depresivas o tendentes a la depresión.

El significado literal de esta palabra, como de tantas otras, se ha perdido. Ahora se usa para definir un estado permanente y sosegado de tristeza. Hay gente que dice que incluso tiene un punto dulce. La dulce nostalgia. La dulce melancolía. El recuerdo amargo, pero placentero a la vez, porque aunque pesa, no impide llevar una vida normal. Es como un acompañante, no muy liviano, pero que te hace recordar días felices y gloriosos. Y por eso tiene un punto dulce, suave, delicioso.

Y una mierda. La nostalgia, la melancolía, no tiene nada de dulce y agradable. Puede resultar romántica en plan película o novela romántica. “Oh, no es capaz de olvidar un amor pasado. Claro, es que fue tan grande…”. La nostalgia te acompaña, si. Hace que te sientas menos sólo. A veces el dolor es lo único que se tiene, y la gente se agarra a ese dolor porque es su única compañía y por tanto su único consuelo (independientemente de lo contradictorio del argumento). Pero la nostalgia nunca es dulce. No es un dolor agudo, que te quiebre el alma o te parta en dos. Pero no tiene nada de agradable, de dulce. Es dolor, dolor, dolor. Y el dolor nunca es agradable. Ni purifica como creen muchos. Te enseña cosas sobre ti mismo, si. Pero no es redentor de nada.

Sentir nostalgia te ata al pasado y no te deja avanzar hacia el futuro y no se disfruta del presente. Acompaña y quizás te hace sentir vivo, sentir algo, pero nada más. La nostalgia de los tiempos pasados, de las experiencias vividas, es dolorosa y angustiante. Y más cuando es nostalgia amorosa, que lo único que supone es recordarte lo solo que se encuentra uno. Lo lejano que se encuentra de los demás. La ausencia de compañía, de una mano, del abrazo del compañero que te ayuda a sobrellevar la a veces pesada carga del vivir.

PD. Hoy se cumplen diez años de un día que me sumió durante un par de años en la más profunda melancolía. Pero que supuso un aprendizaje importante sobre mi y sobre todo lo que me rodeaba y un cierto cambio de actitud hacía la realidad que me rodea.

martes, 7 de agosto de 2012

Olímpicamente atrasados

Estos días se celebran los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Sin duda, junto con los Mundiales de fútbol, se trata del acontecimiento mediático deportivo más importante. De momento España lleva acumuladas seis medallas (sólo una de oro) y quedan cinco días de competición. Dificilmente pues se llegará al record histórico de Barcelona 92 con veintidos metales.

Cuando la selección española de fútbol gana la Eurocopa o el Mundial, o Rafa Nadal obtiene seis Roland Garros o Pau Gasol hace una buena puntuación en la mejor liga del mundo de baloncesto, sacamos pecho y decimos que el deporte español está en una progresión sorprendente, que nuestros deportistas son los mejores y que ya quisieran los gabachos. Pero ¡ay! llegan los JJOO, con multitud de deportes minoritarios, que prácticamente sólo se televisan en este acontecimiento, y los franceses, alemanes, italianos e ingleses, esos países con los que nos gusta tanto compararnos, nos ganan por goleada. Y ni siquiera podemos decir "es que somos africanos en lo que a educación deportiva se refiere" porque llega Kenia o Etiopia, te barren en atletismo y te hunden en el global del medallero. Y yo me pregunto, ¿a qué se debe todo esto?.

Evidentemente, no podemos negar, que en los últimos veinticinco años ha habido una progresión espectacular del deporte español. El Moscú 80, Los Ángeles 84 y Seúl 88 se obtuvieron menos de cinco medallas, mientras que en los últimos Juegos siempre se han obtenido más de diez. Esto significa que se ha mejorado mucho y hemos alcanzado mejor nivel, pero ¿acaso no habremos alcanzado ya nuestro tope?.

Yo no entiendo mucho de planificación deportiva, pero en mi humilde y profana opinión aún nos queda mucho por aprender de otros países. Para mi estas serían varias propuestas:

1.- Que en los colegios la educación física se tomara más en serio por parte de alumnos y profesores. Que hubiera una mayor implicación de todos y se educara al alumno, ya desde la escuela, en el sacrificio del deporte.

2.- Que a través de instituciones públicas y privadas se incentivara más el deporte base, particularme si no es fútbol. Digamos que debido a las infraestructuras que tenemos, en España es fácil practicar deportes como el fútbol, natación y baloncesto, pero, ¿qué hay de otros deportes? ¿Hay instalaciones sufientes? Los deportistas que son buenos, ¿tienen facilidades para desarrollar su carrera profesional como esgrimistas, piragüistas o jugadores de hockey? Porque si, como aficionados pueden tenerlo más o menos fácil, pero ¿qué pasa cuando son realmente buenos y tienen posibilidades de dedicarse a ello profesionalmente? ¿Reciben entonces el apoyo de instituciones públicas y privadas?

3.- Estaría bien que el dinero que se ha obtenido gracias a los triunfos internacionales en fútbol, baloncesto y balomano no se quedara por el camino en los bolsillos de los grandes trincadores y llegara a los deportistas aficionados y de base, y principalmente a los niños.

4.- No dudo de la profesionalidad de los entrenadores y preparadores españoles, pero al igual que el fútbol se contrata a los mejores para realizar la mejor planificación, sean de la nacionalidad que sean, sería interesante que se hiciera lo mismo en otros deportes (aunque claro, para otros deportes no hay dinero o sencillamente no se les condonan las deudas con la Hacienda Pública como ocurre en el fútbol. Lamentablemente al final todo se reduce a una cuestión: dinero).

5.- Finalmente, lo que más me duele, es que debido a la crisis en la televisión pública, estos Juegos serán los últimos que podamos ver tal y como son: una comunidad de deportistas de todo el mundo practicando deportes que si no los ves en unos JJOO no los ves nunca. Debido al coste excesivo de los derechos de retransmisión, mucho me temo que de ahora en adelante se fraccionará la compra de estos derechos, y así sólo se retransmitirán los que dan dinero: fútbol, baloncesto y alguna prueba de atletismo. Si esto ocurre ¿cómo en el futuro se van a interesar los ciudadanos por otros deportes minoritarios que no son fútbol?

En fin, según mi criterio nuestra mediocridad a la hora de motivar a los jóvenes para hacer deporte, el que todo sea fútbol, fútbol y más fútbol y la falta de dinero y apoyo a los jóvenes valores es lo que hace que España a nivel de deporte esté al nivel de la Antártida.

martes, 10 de julio de 2012

La muerte del universo conocido

A lo largo de la vida de una persona cambian mucho el contexto en el que se desarrolla como persona y profesional. Más aún en el siglo XXI, en el que el avance tecnológico es tan brutal, que cualquier logro queda obsoleto en apenas unos meses. Nos enfrentamos pues a nuevas situaciones que nunca habíamos afrontado, con consecuencias imprevisibles, aunque yo sigo pensando que en el fondo, muy en el fondo, todo está inventado.

Cuando yo era niña los críos jugaban en la calle. Había televisión, si, y alguna que otra maquinita que ahora llaman videojuegos e incluso ordenadores, pero no tenían a la infancia tan absorbida como ahora. No existía internet, era más difícil mantener una relación a distancia con familiares y amigos y a pesar de los medios de comunicación, era más difícil obtener información de los países más lejanos a nosotros.

Pero sobre todo, cuando yo era niña, los abuelos tenían su pensión y podían ir a la seguridad social sin tener que desembolsar - directamente - un dinero. Ahora, entre la crisis mundial, la mala gestión de nuestros políticos, el crecimiento de la población y el mal uso -porque no decirlo- de los servicios públicos por parte de los usuarios, todo ese estado "social del bienestar" que yo conocí siendo niña se está dinamitando y despareciendo.

Es cierto que el modelo social que tenemos era válido hace unos años y que ahora para mantenerlo hay que reconvertirlo. La esperanza de vida era más corta, la gente cobraba pensiones más bajas, se moría antes, no había tantas ayudas por minusvalías, etc. y la población era menos numerosa. Pero el cambio del contexto social en el que vivimos hace imposible mantener los márgenes que teníamos hasta ahora de beneficio público y social.

Es verdad también que en este país apenas tenemos conciencia de lo público. Lo público no es de nadie. Es gratis. Crece de los árboles y esta ahí porque si. No nos damos cuenta que lo público nos cuesta mucho dinero todos los años y que maltratar y abusar de los servicios públicos es maltratarnos a nosotros mismos y tirar piedras sobre nuestro propio tejado. Todo esto por parte de los ciudadanos, pero particulamente por parte de los políticos que se dedican a despilfarrar el erario público sin ninguna consecuencia para ellos.

Todo esto lleva a que ahora mismo las cosas estén cambiando, y mucho, en lo que a servicios sociales y públicos se refiere. No es que hayamos dado un paso atrás, es que vamos camino de retroceder cincuenta años, cuando la gente tenía que guardarse un dinero para pagar al médico, y si no tenía dinero para pagar, pues se aguantaba con sus dolores y su enfermedad.

De aquí a poco, si ya pagamos por todo, pagaremos más. El doble, el triple. Directa e indirectamente. Por el médico. Por la farmacia. Por los colegios. Por las pensiones. Por las carreteras. Por andar por la calle. Por respirar. Por estornudar. Por vivir. Y lo peor de todo es que con nuestro mismo miserable sueldo. Y no es que nos hayamos creído ricos y ahora tengamos que volver a lo anterior. No. Es que vamos a ser igual de pobres que hace cincuenta años.

martes, 15 de mayo de 2012

Por el interés te quiero Andrés

Hace un mes aproximadamente estuve con las amigas de mi prima en casa de una de ellas. Hablando un poco de todo y en nuestro intento de arreglar el mundo, un amigo de mi prima pronunció las siguientes palabras:

- Hoy en día tal y como están las cosas, las personas cuando entablan una relación no se fijan en la calidad humana de la pareja, sino en si tienen trabajo o piso.

Tanto yo como el resto nos quedamos completamente horrorizadas. ¿Qué ahora la gente te quiere por lo que tienes y no por lo que eres? ¡Lo niego absolutamente!

Evidentemente todos rebatimos esa postura, pero ya en una reflexión más pausada y fría creo que el amigo de mi prima tiene razón, pero sólo en parte porque no es nuevo que la gente quiera a la gente por lo que tiene y no por lo que es, independientemente de si hay crisis económica o no. ¿Acaso no ha habido toda la vida matrimonios apañados para juntar capitales? ¿Acaso no nos fijamos en las posesiones de las personas y las valoramos más cuantos más bienes materiales tienen?

Me niego rotundamente a creer que ahora, debido a la situación en la que vivimos, la gente sólo busque entablar relaciones con personas que tienen trabajo y casa. Quizás sea la última romántica - o la última tonta - pero creo que eso no es lo que decide que los seres humanos elijan a una pareja. No al menos en el ámbito en el que yo me muevo.

Pero tampoco podemos negar que la crisis actual es una crisis económica, financiera y de valores, y que siempre, siempre, siempre, han existido - y supongo siempre existirán - las relaciones basadas única y exclusivamente en el interés económico. Quizás porque en el fondo no dejamos de ser homínidos que luchan por la supervivencia. Y a veces la supervivencia se basa en eso: en lo económico

martes, 13 de diciembre de 2011

Todo está inventado

El siglo XX se caracteriza principalmente por el enorme avance tecnológico que ha habido. Gracias a la revolución industrial se han desarrollado múltiples tecnologías que nos permiten comunicarnos en segundos con personas a miles de kilómetros, cruzar un océano en ocho horas, operar sin abrir al paciente... Todo ello hace que el hombre contemporáneo se sienta en la cúspide de la pirámide del progreso y la inteligencia.

Pero resulta curioso que cuando buceas en los libros de historia o en esa gran fuente de información que es internet, o simplemente viajas un poco y vas a ver lugares nuevos, te das cuenta que todo, absolutamente todo, está inventado. Ahora nos creemos muy hábiles e inteligentes porque construimos edificios grandiosos y nos olvidamos que hace más de cuatro mil años se edificaron las pirámides sin las grúas que hoy existen.

Y el calendario maya, que simplemente basándose en la observación del cielo, era casi tan perfecto como el que tenemos hoy en día y que se corrobora con las mediciones realizadas por satélites de sofisticada tecnología. Y que decir de nuestro ordenamiento jurídico, basado en gran parte en el derecho romano de hace dos mil años. Y cuando ves la moda, cuando la ropa que se ponía tu madre hace treinta años la podrías llevar hoy perfectamente sin que nadie se diese cuenta de su antigüedad, entonces si que te das cuenta de que todo está inventado.

Supongo que en el fondo, por mucha tecnología que tengamos, por muchos satélites, internet, redes de comunicación, aviones, etc. el ser humano no ha cambiado tanto. Y nos olvidamos a veces de que todos los avances, progresos e ingenios que tenemos han partido de un cerebro que apenas ha evolucionado en los últimos cincuenta mil años. En realidad no nos diferenciamos tanto de aquel homo sapiens que inventó la rueda o el hacha de silex. Basta leer y viajar para darse cuenta de ello. Entonces si que recibimos una dosis de humildad.

martes, 18 de octubre de 2011

Fuga de cerebros

Uno de mis programas favoritos de la tele es Madrileños por el Mundo. Una de las preguntas clásicas a los emigrantes es por qué recalaron en el extranjero.

- Por trabajo. Aquí había más oportunidades para desarrollar mi carrera profesional.

Es cierto que esta respuesta suele ser de ingenieros, investigadores o empresarios. El caso es que con la famosa crisis en España muchos jóvenes bien formados -aquí- se van al extranjero porque aquí no hay trabajo de lo suyo, y si lo encuentran, las condiciones son irrisorias al lado de las condiciones laborales de Alemania, Estados Unidos o Francia, por citar algunos ejemplos.

España siempre ha sido un país que ha exportado trabajadores. No es nuevo el fenómeno de la emigración. Pero lo más preocupante es que ahora, los que salen de España para buscarse la vida fuera de nuestras fronteras, suelen ser los mejores preparados, los más ambiciosos, los que quizás más podrían aportar a nuestro progreso económico, investigador o industrial. Otras naciones se aprovechan de la buena formación que se da en España a aquellas personas que quieren ser grandes profesionales. Nos gusta decir que somos un país de primera división, de los más desarrollados, pero hechos como éste nos hacen aterrizar en la realidad: por mucho que queramos, estamos a años luz de países civilizados como Alemania o Estados Unidos donde independientemente de haber más industria que permite un mayor progreso profesional de ingenieros, médicos, abogados, etc. se premia y se reconoce el esfuerzo, el sacrificio y el trabajo bien hecho, cosa que en España no siempre sucede. Si. Verdaderamente, en algunos aspectos África comienza en los Pirineos.

Pero por otro lado, admito que al ver estos programas a veces me siento un poco acomplejada o inútil. Evidentemente no puedo compararme con un investigador de la vacuna contra el SIDA ni con un ingeniero aeronáutico que trabaje en la NASA, pero al ver que lo mejorcito de España se está marchando pienso, ¿qué pasa, que los que estamos aquí trabajando por y para España somos la purrela de los trabajadores?
Porque vale, quizás yo no haya tenido el valor de irme a un país lejano cuya lengua ignoro, lejos de mi familia y amigos. Quizás haya sido una cobarde o una mediocre al anteponer a mi familia, mis amigos o mi seguridad a una brillante carrera profesional. Es verdad que no he sido ambiciosa, no he querido progresar en mi carrera por encima de todas las cosas. Me he conformado con ganar mil euros de mierda pero ¿eso me convierte en peor persona, en peor trabajador, en peor profesional que los que se van al extranjero a buscarse la vida? ¿Acaso tengo que pedir perdón por haber conseguido un empleo, no muy bien remunera, pero un empleo al fin y al cabo que me permite sobrevivir?

Es cierto que yo - y me refiero no sólo a mi sino a todos los de mi generación que hemos encontrado trabajo y que vivimos aquí- no he sido tan valiente como los que se buscan la vida fuera. Pero creo que somos igual de trabajadores, igual de responsables y porque no, igual de felices que los que ganan fuera tres veces más que nosotros y tienen más posibilidades de ascenso laboral. Y sobre todo, somos nosotros los que con nuestros impuestos, con nuestro trabajo, nuestro consumo y nuestro esfuerzo contribuimos a que España vaya sobreviviendo, con la esperanza, por supuesto, de que mejore algún día y llegue al nivel de otros países.

martes, 19 de julio de 2011

Que hablen otros por mi

Hoy tampoco hablaré yo.

Dejaré que en mi lugar lo haga Benito Pérez Galdós.

Es un extracto de El Grande Oriente de la serie segunda de los Episodios Nacionales y se refiere al protagonista de la saga, Salvador Monsalud.

El ver reflejado en los libros lo que te pasa es un consuelo de tontos, pero está bien ver como otros ponen palabras a tus sentimientos cuando una no sabe como hacerlo.

"-Otra equivocación -decía-, otra caída, otro desengaño. Todo aquello en que pongo los ojos se vuelve negro. Si mi corazón se apasiona por algo, persona o idea, la persona se corrompe y la idea se envilece. Conspiro, y todo sale mal. Deseo la guerra, y hay paz. Deseo la paz, y hay guerra. Trabajo por la libertad, y mis manos contribuyen a modelar este horrible monstruo. Quiero ser como los demás, y no puedo. En todas partes soy una excepción. Otros viven y son amados; yo no vivo ni soy amado, ni hallo fuente alguna donde saciar la sed que me devora. ¿Amigos? Ninguno me satisface. ¿Artes? Las siento en mí; pero no tengo educación para practicarlas. ¿Amor? Siempre que me acerco a él y lo toco, me quemo. ¿Religión? Los volterianos me la han quitado, sin ponerme en su lugar más que ideas vagas... Dios mío, ¿por qué estoy yo tan lleno y todo tan vacío en derredor de mí? ¿En dónde arrojaré este gran peso que llevo encima y dentro de mi alma? Voy tocando a todas las puertas, y en todas me dicen: «Aquí no es, hermano; siga usted adelante». Voy siempre adelante. Algún ser existe, sin duda, que está sentado junto a su casa, esperándome con ansiedad; pero yo paso y vuelvo a pasar, subo y bajo, entro y salgo con mi carga a cuestas, y no doy jamás con la puerta de mi semejante. Voy aburrido y desesperado, ando sin cesar. «¿Será aquél?», me pregunto. Creo haber acertado, y una brutal mano me lanza al camino diciendo: «Sigue adelante, que aquí no es...». «Aquí no es, aquí no es, aquí no es». En toda mi vida no oiré sino estas desesperantes palabras. «Aquí no es», me dijo Jenara. «Aquí no es», me dijo el partido jurado. «Aquí no es», me dijo la emigración. «Aquí no es», me dijo la patria. «Aquí no es», me dijeron las logias del año 19. «Aquí no es», me han dicho los liberales de ahora. «Aquí no es», me acaba de decir Andrea. No es en ninguna parte, y yo moriré de cansancio y fastidio en medio del camino. ¡Maldita sea la hora en que nací! Hijo soy del crimen, y la expiación de él tomó carne y vida en mi persona miserable... ¿Por qué soy tan distinto de los demás, que en ninguna parte encajo? ¿Por qué ningún hueco social cuadra a mi forma? Mejor es desbaratarse y morir, ¡Dios mío!, que estar siempre de más...

(...)


¡Pobre hombre! La verdad es que teniendo los medios vulgares para ser feliz, no podía serlo, sin duda por repugnar a su naturaleza los vulgares medios. Pero se equivocaba al echar la culpa de sus contrariedades al destino, a las estrellas, a una crueldad sistemática de la Providencia, como es frecuente en los que razonan poco; las causas de su constante desaliento y de sus caídas teníalas dentro de sí mismo, y se atormentaba constantemente en virtud de una poderosa fuerza crítica, compañera de todos sus actos. Sin quererlo, su mente le presentaba con claridad suma todas las abominaciones y fealdades de hombres y de la vida, exagerándolas quizás, pero sin perder ninguna. Por eso, cuando el natural orden de compensaciones que preside a la existencia le conducía a una situación lisonjera y optimista, el amor, por ejemplo, se abrazaba a ella con la desesperación del náufrago; y despertando todas las fuerzas de su ser, las dirigía al caro objeto; se apasionaba y exaltaba tanto, como si toda la vida debiera condensarse en una semana y el universo entero en las sensaciones y los espectáculos de un día. Cuando el desengaño llegaba, natural invierno que con orden incontrovertible sigue al verano de la pasión y del entusiasmo, le sorprendía a tanta altura que sus caídas eran desastrosas. Otros caen de una silla y apenas se hacen daño. Él, que siempre se encaramaba a las más altas torres, quedaba como muerto.

Otra causa le hacía infeliz, la desproporción inmensa entre sus condiciones sociales o de nacimiento y la superioridad ingénita de su inteligencia y de su fantasía. La fantasía le incitaba a todas horas con vivaces estímulos: era como un aguijón constante que intentara hacer correr a quien carece de pies. Considerad una inspiración ardiente sin medios de manifestarse, semejante a la curiosidad óptica del ciego; una inspiración que daba el fuego sin combustible, el agua sin vaso, la idea sin la palabra, sin la línea, sin la nota; considerad un alto ingenio que no sabe más que leer y escribir en una época en que el arte tiene que ser letrado porque han desaparecido los bardos y los trovadores de camino, y comprenderéis cómo pesa sobre un alma la fantasía cuando la falta de educación la ha privado de sus sentidos propios. Es verbo inencarnado que lucha en las tinieblas con horrendo torbellino, queriendo ser forma y sin satisfacer jamás su anhelo doloroso"


PD: La anestesía mental del último año y medio ha sido en parte lo que me ha dado equilibrio y estabilidad para seguir adelante. No es el más idoneo, pero ahora mismo es el único que me vale.

martes, 12 de julio de 2011

Un poco de El Principito

Hoy en vez de contar cosas, voy a transcribir unos párrafos de la obra El Principito de Antoine de Saint-Exupéry sobre los que ando reflexionando estos días. Ya se sabe, a buen entendedor....

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Entonces apareció el zorro:
—¡Buenos días! —dijo el zorro.
—¡Buenos días! —respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.
(...)
—Ven a jugar conmigo —le propuso el principito—, ¡estoy tan triste!
—No puedo jugar contigo —dijo el zorro—, no estoy domesticado.
—¡Ah, perdón! —dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
—¿Qué significa "domesticar"?
(...)
—Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—, significa "crear vínculos... "
—¿Crear vínculos?
—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el
mundo...
—Comienzo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor... creo que ella me ha
domesticado...
(...)
—Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
—Por favor... domestícame —le dijo.
—Bien quisiera —le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. (...) ¡Si quieres un amigo, domestícame!
(...)
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
—¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré.
—Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...
—Ciertamente —dijo el zorro.
—¡Y vas a llorar!, —dijo él principito.
—¡Seguro!
—No ganas nada.
—Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo.

domingo, 26 de junio de 2011

Sin pueblo

Uno no suele apreciar aquello que tiene. Si acaso, lo valora cuando lo pierde. Y además desea aquello que no posee.
En mi caso hay dos cosas que no he tenido nunca y que siempre he añorado: haber conocido a mis abuelos y tener pueblo.
Lo de los abuelos, sólo he conocido a mi abuela María Luisa, y doy gracias por ello, pero me hubiera gustado conocer a los tres restantes. De hecho me encanta que me cuenten historias de ellos porque es la única manera que tengo de "conocerles", de saber como eran. Cuando alguien me habla de sus abuelos y de como ha conocido y tratado a los cuatro siempre pienso en la gran suerte que tienen. Es cierto que por norma general tienen que enfrentarse a su pérdida y eso provoca gran dolor, pero creo que son afortunados porque pueden evocar una voz, una palabra, una expresión, una manera de moverse... en suma, un ser y no un señor inanimado que te mira desde el otro lado de la fotografía.
Lo del pueblo, otra añoranza. Un montón de gente tiene pueblo y no va, y admito escandalizarme algo con ello. ¡Yo que siempre he querido uno y no lo he tenido, y estos que lo tienen no van! Aunque claro, depende de las circunstancias y cuando la gente no tiene familia ni casa pues evidentemente no suele ir. Supongo que lo que me da rabia es como algunas personas se desvinculan por completo de su pueblo aún teniendo razones para volver.
Como en el caso de mis padres, les inundaron el pueblo, la sensación de desarraigo siempre ha sido muy profunda en ellos y en cierto sentido yo lo he heredado. No es ya que tengas un pueblo y no quieras ir, no. Es que ni siquiera puedes ir a un lugar del que puedas decir "esta casa era de mis antepasados" o "por aquí jugaban mis padres de pequeños". Quiero pensar que si el pueblo de mis padres hubiera seguido existiendo hubieramos seguido visitandolo, aunque a veces albergo mis dudas porque tuvieron la oportunidad de convertir a Rosalejo en su "pueblo" y no lo hicieron. Es cierto que las vivencias que tuvieron allí supusieron un mal recuerdo para mis padres (allí perdieron a sus padres, allí tuvieron que enfrentarse a la vida de adultos, allí se hartaban de trabajar y no sacaban nada en claro, allí tuvieron que renunciar a su casa y su parcela para poder venirse a Madrid) pero con los años ese rencor, ese mal recuerdo, no se mitigo lo suficiente como para desear tener una casa alli. Es cierto que cuando vivía mi bisabuelo ibamos algo más a menudo, pero yo nunca fui el suficiente tiempo como para convertir a Rosalejo en mi pueblo adoptivo, como le ha sucedido a mi prima Elena o incluso a mis primas Mari Mar y Cristina que de niñas pasaron más tiempo que yo allí. Por eso cuando alguna vez lo he visitado y te tratas con tus tíos y con tus primos como seres algo extraños porque no he tenido la oportunidad de tener una relación más estrecha con ellos siento algo de frustación e impotencia. Aparte, claro está, de que debido al hecho de no tener pueblo de niña he pasado unas vacaciones tremendamente aburridas, mientras que mis amigos que si lo han tenido, guardan con especial cariño sus vivencias de niños y adolescentes en los pueblos, cimentando relaciones más profundas con familia algo más lejana, si, pero familia al fin y al cabo, y teniedo experiencias de libertad y contacto con la naturaleza que yo no he tenido nunc.
En fin, reconozco que me hubiera gustado mucho que mis padres hubieran tenido casa en Rosalejo y que así se hubiese convertido para mi en un pseudo pueblo en el que todo el mundo era mi tío, como decía yo de pequeña. Y al venir este fin de semana de una boda allí y ver que mis primos segundos que si viven allí y se conocen se tratan como tal y yo no poder hacerlo me hace revivir parte de esa añoranza por no tener un lugar reconocible, origen de mis antepasados, en el que haber vivido una bonita infancia.

martes, 17 de mayo de 2011

Identidad de rubia

Cuando las mujeres quieren cambiar algo en su vida normalmente empiezan por el pelo. Un nuevo corte, un nuevo color les hace verse diferentes y les empuja a realizar otros cambios en su persona o en su modo de vida. Y es que según varios estudios el cabello tiene un peso fundamental en la imagen de cada uno. Es el marco que encuadra la cara, y su forma y color puede resaltar o empeorar las facciones.
Cuento esto porque el otro día ante el espejo hice un descubrimiento sorprendente a la par que preocupante para mí. No eran canas, no. Eran varios pelos de raíz muy oscura (castaño oscuro) y de textura fosca. ¡Todo lo contrario a lo que es mi pelo de toda la vida, rubio y finito! ¡Horror! ¿Y si en vez de unos cuantos mechones de repente todo mi cabello se tornara en castaño oscuro y semirizado? Me imagine a mi misma con ese pelo y sencillamente pensé: “No sería yo”.
No creo que el color de pelo esté estrechamente relacionado con la personalidad de cada uno. No creo que las rubias por el hecho de serlo seamos tontas, ni las morenas agresivas o las pelirrojas sensuales. Es más, yo siempre digo que la mala fama de las rubias nos las dan las peliteñidas. Pero el color de mi pelo forma parte de mi, de mi identidad (que no personalidad). Allá donde he ido siempre he sido la rubia. Nunca me he teñido el pelo ni he deseado tenerlo de otro color. Me ha podido gustar ponerme una peluca de cabello oscuro para ver que tal me sentaría, pero sólo durante un minuto, nada más.
Es cierto que a lo largo de los años el pelo se me ha oscurecido y mucho, pero ha seguido siempre rubio. De pequeña estaba algo más concienciada de que con el paso de los años cambiaría de color, como le paso a mi padre y a mis tías, que de canos pasaron a ser castaños, más o menos claros, pero castaños. Pero yo, como he conservado el color de pelo (algo más oscuro, algo menos dorado, pero siempre rubio) la única posibilidad que me planteaba era la de pasar de rubia a canosa, que al fin y al cabo, es un color que guarda cierto parecido con el rubio.
No sé si de aquí a que me salgan canas mi pelo se tornará antes en castaño. No tiene mucho sentido la verdad y no creo que le dé tiempo pues antes de los cuarenta suelen aparecen las dichosas canas. Yo espero que no sea así. Dejar de ser rubia para convertirme en castaña sería como seguir siendo yo, es más, seguiría siendo yo, pero me resultaría a mi misma identificarme ante el espejo: simplemente me vería como una extraña.

viernes, 15 de abril de 2011

El aspecto que tienes esta noche

Ocurre a veces, cuando ves una película de una temática concreta, que te entran ganas de hacer lo mismo que el protagonista. ¿Quién de nosotros no ha salido haciendo artes marciales tras ver Karate Kid o practicando unos pasos de baile tras visionar Dirty Dancing?.
Este fenómeno común entre los mortales se manifiesta en mi de otro modo particular. Cuando veo a una señorita bien vestida, bien arreglada, bien peinada y maquillada siempre me digo que a mi me gustaria ser igual de estilosa. Para mi desgracia, no he heredado el buen gusto con la ropa que tiene mi madre y en ese aspecto he salido a la familia de mi padre, bastante desastre desde el punto de vista estético y del arreglo personal. Y ocurre que cuando trato de vestirme mejor siempre pienso que tengo alguna tacha: no me pegan los zapatos, voy demasiado clásica, demasiado sosa, no tengo complementos...
Con los años he ido mejorando un poco, y ahora, a mi edad de cristo, he descubierto unas interesantes páginas web donde hacen tutoriales de maquillaje, que a mi modo, intento llevar a la práctica para mejorar "el aspecto que tienes esta noche". Y a veces me digo "si hubiera habido esto cuando yo tenía veinte años, ahora vestiría mejor y me maquillaría mejor y quien sabe si eso... " y dejo volar mi imaginación y pienso, que chorrada, que si quizás me hubiera sacado mejor partido físico cuando era más jovencita ahora tendría un mejor trabajo, o un novio estupendisimo, o más seguridad en mi misma... o en suma, que me imagino que quizás ahora sería, como aquel que dice, otra persona (si amiguitos, a veces pierdo mi tiempo en reflexiones estúpidas y frívolas como esta).
Pero en el fondo se la verdad. Por muchas cremas que me eche, por mucho deporte que haga, por mucho maquillaje que me aplique, las arrugas está ahi. El paso del tiempo está ahi y se nota por mucho que yo haga. Se me nota ya la edad y no lo puedo disimular. En físico imposible competir con las jovenes. En mentalidad, imposible competir con las de mi edad. En suma, mejor olvidarse de las competiciones y admitir la edad. Y tan solo consolarnos en tratar de mantener, porque ya veo complicado lo de mejorar, "el aspecto que tienes esta noche".

martes, 8 de marzo de 2011

Día de la mujer trabajadora

El ocho de marzo se celebra el día de la Mujer (trabajadora). A mi me parece un poco una payasada, porque si, durante un día se recuerda el mal estado en el que se encuentran las mujeres (particularmente en países del Tercer Mundo o en vías de desarrollo). ¿Pero para que sirve recordar esto un día si el resto del año se está haciendo la puñeta al género femenino?.
El los países desarrollados se dice que este día ya no tiene sentido pues las mujeres hoy son dueñas de sus destinos y libres de elegir su modo de vivir. ¡Ja! Eso es en la teoría y si nos quedamos en la superficie. Pero en cuanto se raspa... ¡cuanto difiere todo!
Porque si, en la teoría la mujer está en igualdad de condicines que los hombres, pero en la práctica hay un machismo soterrado, oculto, sibilino, que actua en todas las estructuras.
Lo primero: las mujeres ganan menos que los hombres. Cuando se escucha esto se piensa que a las mujeres les pagan menos que a los hombres haciendo el mismo trabajo. Error. Lo que pasa es que las mujeres ganan menos dinero porque suelen ser personal no cualificado y ocupan los puestos más bajos y peor pagados. He comprobado personalmente que aquellos trabajos donde hay muchas mujeres están mal pagados.
Lo segundo: La maternidad es un hecho natural que supone un lastre para la mujeres en su carrera profesional. Lo siento, pero es así. Es así porque cuando una mujer es madre muchas veces es la que se coge la jornada reducida para ocuparse de su hijo (cosa que no suele hacer el hombre). Eso supone renunciar a sueldo y a tiempo de trabajo, con la correspondiente reducción de posibilidades de ascenso, etc
Lo tercero: no se suele confiar en las mujeres para darles puestos de responsabilidad. No solo por la posibilidad de que sean madres, sino porque en muchas ocasiones los superiores las consideran inestables y volubles. Por eso, cuando una mujer llega a ser jefa-jefa-superjefa, suele ser como un hombre o mucho peor que un hombre, pues ha tenido que combatir en un mundo de hombres (agresivo, competitivo, lleno de machos alfa).
En fin. Lo ideal sería ser iguales a los hombres en derechos, pero mucho me temo que debido a nuestras diferencias corporales (inevitables, necesarias, afortunadas) nunca seremos iguales tampoco en los otros terrenos, para desgracia nuestra

jueves, 17 de febrero de 2011

Trabajo, mujeres y oficina

En mis dos últimos trabajos (antes del que tengo, quiero decir) mis compañeros en su mayoría eran chicos. La verdad es que trabajaba muy a gusto con ellos. Por eso, cuando escuchaba la frase tópica de "prefiero trabajar con hombres antes que con mujeres" dicha en boca de otras féminas, en parte me sentía identificada, pero en parte también me fastidiaba un poco, porque muchas veces las mujeres atacamos a nuestras congéneres como fuente de nuestros problemas (no digo con esto que la culpa la tengan siempre los hombres). Esa falta de "solidaridad" dentro del género, me dolía un poco, pues no me gusta pensar que la peor enemiga de una mujer es otra mujer, porque para mi, es tirar piedras contra nuestro propio tejado.

En mi trabajo actual, al estar en el turno de tarde, mis compañeros son chicos en su mayoría. Y la verdad es que he estado muy a gusto y gracias a mi contacto con ellos he descubierto (o mejor dicho, redescubierro) facetas del género masculino muy interesantes y quizás algo olvidadas. Es cierto que echaba de menos a veces hablar de cosas de chicas, pero lo verdad es que me encuentro muy bien entre mis compañeros varones


Pero estos últimos meses, al estar en el turno de mañana, el género femenino predomina en la oficina, y por mi vivencia, debo decir, con todo el dolor de mi corazón, que la frase de en un trabajo en el que todo son mujeres el ambiente está viciado tiene mucho de cierto (no creo que se trate de un dogma, pero si tiene mucho de verdad).

¿De dónde saco estas conclusiones? En primer lugar he observado que por lo general, las mujeres suelen fijarse más en pequeños detalles que a los hombres les pasan desapercibidos. Es costumbre entre las féminas verbalizar más las cosas, y dentro de esa verbalización entran los pequeños detalles, que muchas veces se interpretan de modo maligno:. "¿Has escuchado lo que dijo? ¿Has visto como se viste últimamente? ¿No te has fijado en que de un tiempo a esta parte se reunen mucho?". Pues bien, evidentemente comentar, y sobre todo, sacarle punta absolutamente a todo, no genera un buen ambiente de trabajo porque da lugar a grupitos, alianzas, etc, etc. Es cierto que los hombres también cotillean y hablan de las mejores jugadas, pero casi siempre se suelen referir a lo obvio, a lo que todo el mundo ve y todo el mundo oye.


Por otra parte, no se si por genética o educación, las mujeres son más emotivas que los hombres y más dadas a mostrar en público sus sentimientos, ya sean buenos o malos. En mi trabajo, todas las chicas (incluida yo misma) en algún momento, han llorado en público. Con más o menos gente, pero han llorado delante de los compañeros, de los jefes incluso. No digo que esta situación genere en si misma un mal ambiente de trabajo, pero si da lugar a comentarios (procedentes de hombres y mujeres) del tipo "está loca", "está desequilibrada", "no está bien de la cabeza", "esta responsabilidad le viene grande" lo cual, a la hora de ascender, de tener una carrera profesional con gran proyección, no favorece mucho a las señoritas.

Y por último la presencia de una compañera atractiva en la oficina y el revuelo que se arma en torno a ella y como se tienden a echar las culpas a la mujer atractiva por parte de las propias compañeras (y compañeros, of course). En mi trabajo, ahora mismo, se está dando el caso, y yo, trato de observar los hechos desde fuera y con objetividad y ver como todo el mundo carga las tintas sobre las mujeres y echa mano a los prejuicios.

Hace año y medio contrataron a una chica gallega. Las malas lenguas dijeron que venía enchufada (yo lo creo así). El caso es que se trata de una joven de 25 años, atractiva, que se sabe sacar partido, que viste con elegancia, muy inteligente, lista, con gran capacidad de aprendizaje y análisis, melosa, extrovertida y con tendencia a tocar, tanto a chicos como a chicas.

No sé si como resultado de estas características o de su enchufe, los dos jefes mayores del reino del Banco (que tienen 32 y 36 años respectivamente) le abrieron todas las puertas y le dieron un trato de favor que no han tenido otros compañeros recién llegadas. Transcurrido un año la compañera se encontraba en un dilema moral: su novio, en Galicia, le dijo que no aguantaba estar separado de ella (ella al parecer tampoco) y que para la mierda de trabajo que tenía y el sueldo que cobrabam que apenas le permitía ir a Vigo una vez al mes, que mejor que ella regresara a su tierra natal y así estarian por lo menos juntos, pues él era (y es) fijo en su empresa. Ella, presa de una gran tristeza, se pone a llorar un día en el trabajo y los jefes del Banco (no de la empresa, sino del Banco) acuden a su rescate: la suben el sueldo y la ascienden. A raíz de esto ella ha explotado su vena atractiva (sigue siendo inteligente y lista, eso no lo vamos a obviar) y hemos llegado a un punto en el que abiertamente le rie las gracias a los jefes, les toca, coquetea abiertamente con ellos y por el trato que mantienen, más que una subordinada, parece una compañera, una colega de trabajo.

Ante tales hechos los compañeros murmuramos. Lo que más me duele, es que todos, chicos y chicas, han cargado las tintas sobre ella. Ella tiene la culpa. Ella es la que se acerca a los jefes. Ella es la que se sabe vender. Ella es la ambiciosa. Ella es la que explota su vena sensual. Nadie habla de su inteligencia (que la tiene), ni de su talento (que lo tiene), ni de su capacidad de trabajo (también la tiene). Aparte, nadie, nadie, no hombres ni mujeres, critica de los jefes (ambos casados, uno con hijos). Nadie dice que los jefes son unos hijoputas porque están jugando con ella. Nadie afirma que "malos son los jefes" porque la están potenciando a ella y a las demás, como no estamos buenas ni reimos las gracias, no existimos para ellos. Nadie critica a los jefes por tocarla el pelo, o acercarse peligrosamente a ella, o invitarla a comer casi todos los días cuando nunca han tenido esos detalles con el resto.

A esta chica, que por supuesto no es inocente (ha llegado a mis oídos que al parecer hay una vacante en el Banco y ella, conocedora de esto, está jugando sus cartas) se la juzga y se la critica por estar buena. No se le perdona saberse vender. En un hombre, se diría que es ambicioso (en el buen sentido del termino) y se haría más hincapié en sus capacidades profesionales. En ella se obvia sus cualidades profesionales y se centra la atención en su físico y a su carácter meloso, al que dicen, le debe todo. Y estos comentarios llegan de hombres y mujeres. Y lo que más me molesta es que todos estos comentarios son en buena parte fruto de los prejuicios, pero en buena parte también, fruto de la asquerosa realidad.

martes, 1 de febrero de 2011

Mentiras, manipulaciones y reforma del sistema de pensiones

Los periódicos anuncían estos días un Pacto Social entre el Gobierno, Patronal y Sindicatos. Dicho Pacto Social incluye medidas para incentivar el empleo entre jóvenes (los más afectados por el desempleo) y la tran manida reforma de las pensiones: jubilación a los 67 años; cotizar 37 años para cobrar el 100% jubilándose a los 67; cotizar 38,5 años para jubilarse con el 100% a los 65 años y ampliar el periodo de cálculo de la cuota de la pensión en diez años (de 15 a 25 años).
Los políticos se muestran contentos porque se trata de una reforma consensuada entre los agentes sociales y los sindicatos se muestran ufanos porque según ellos con estas medidas han salvado los muebles y sobre todo han asegurado las pensiones de los trabajadores/obreros en los próximos cuarenta años.

Y tras esta introducción, aquí va mi opinión:

1) Considero un mal necesario que la jubilación se alcance a los 67 años. Debido a la escasa demografía, a la ampliación de la esperanza de vida y teniendo en cuenta que salvo enfermedad, tenemos medios para llegar a esos años en plenitud de condiciones (otra cosa es que sigamos las recomendaciones para cuidar la salud) considero impepinable que salvo en profesiones penosas (como dice el acuerdo), en las demás la edad de la jubilación se amplie en dos años más.
Pero como digo esto, digo lo siguiente. No me gusta que me vendan la filfa, la mentira, que las pensiones dependen de la demografía. Es verdad que es un factor importante, pero no el único: la productividad y la tasa de actividad son dos elementos fundamentales para mantener el sistema de pensiones. Pero no he oído hablar a nadie (políticos, patronal, sindicatos) para potenciar y mejorar estos factores.
2)Elevar los años de cotización para alcanzar la pensión máxima me parece una patada en el estómago al joven y futuro obrero español, porque básicamente, teniendo en cuenta que hay un 43% de paro entre los menores de 25 años, y la insistencia en que la juventud tiene que formarse (y una persona que vaya a la universidad, que haga un doctorado, etc, se incorpora al mercado laboral tarde), ¿quién narices va a cotizar esos años? En suma, que han puesto unas condiciones que se resumen en que de aqui a cuarenta años, muy pocas personas van a cobrar la totalidad de su pensión. Y eso si que es un recorte de derechos para todos.
Además, tal y como está montado todo, es muy complicado que una persona trabaje de manera más o menos ininterrumpida este periodo de tiempo. Es decir, para cobrar el cien por cien de la pensión habría que empezar a trabajar a los 29 años y no quedarse nunca, nunca, nunca en paro, lo cual, hoy en día es complicado por no decir imposible.
3) Incrementar en diez años (de quince a veinticinco, ¡casi un 80%!) me parece una patada en el estómago, en el culo y una paliza monumental al obrero/trabajador porque esto se traduce en un descenso (como medía) en un 20% del dinero que se va a cobrar cuando uno se jubile (no, pero esto no es reducir los derechos del trabajador, es sólo protegerlos: ajustarnos todos el cinturón para cobrar todos. ¡Ja!)
4)Eso de que las personas (hombres y mujeres) que tengan que abandonar su trabajo para atender a sus hijos puedan cotizar nueve meses por cada hijo hasta un máximo de dos años me parece muy bonito, pero, ¿qué hay de las personas que piden una jornada reducida para cuidar a sus hijos? A esos que les zurzan y que den gracias a Dios porque oye, siguen trabajando. Nadie recuerda que no es lo mismo cotizar cuarenta horas que veinticinco o treinta horas semanales. Quieren que la gente tenga hijos y compatibilice la familia con el trabajo con jornadas reducidas y trabajo parcial, pero a la hora de la verdad, quien hace eso es penalizado por el sistema.

Y francamente, estas reformas me parecen una manera de patear los derechos del trabajador, reducirlos y escupir sobre ellos, y para mi, esto SI se merece una HUELGA GENERAL. Pero como es una reforma que la han pactado entre todos los agentes sociales pues no pasa nada. Resulta que los sindicatos montan una huelga general por la Reforma Laboral porque reduce los derechos del trabajador pero contra este brutal pacto social no dice nada, ni protesta, y como mucho dice "oye, que gracias a mi puedes obtener algo de pensión, que mira que el gobierno quería que fuesen cuarentaiun años los necesarios para cobrar toda la pensión"). Después de esto, ¿cómo quieren que las personas tengan un buen concepto de los sindicatos y no los consideren unos vendidos y sobre todo, los vendedores del trabajador?

Y que decir del PSOE que le está haciendo el trabajo sucio al PP porque esta reforma es quizás la que el PP hubiese puesto en práctica. Pero lo que más me sorprende, hoy en día, es que la gente, viendo esto, todavía diga que "vota al PSOE porque es el único que defiende al trabajador". si esta reforma de pensiones es defender al trabajador que baje Díos y lo vea... (que por otra parte, el PP tampoco defiende los derechos del trabajador).

Aparte, nadie habla de crear más puestos de trabajo, de mejorar la productividad (algo difícil en España que es un país de servicios y no un país industrial). No, nadie habla de eso ni de que los políticos con sólo dos legislaturas cobran el 100% de su pensión independientemente de que trabajen o no el resto de sus vidas. Eso, como dice el presidente del Congreso, es "el chocolate del loro".

En fin, me parece todo sucia propaganda, sucia manipulación y una asquerosa realidad que no va a salvar el sistema de pensiones porque las reformas de calado no se van a realizar (mejorar el tejido industrial, incrementar la productividad, mejorar la competitividad) y yo, tengo muy, muy claro, que esto no va a terminar así. Que si yo llego a la edad de jubilación (que sinceramente, creo que se alcanzará de aqui a unos años a los 70), cobraré menos aún de lo que se va a cobrar ahora, y en el peor de los casos puede que me hagan elegir entre un sistema público y otro privado (si es que puedo tenerlo).
Vamos, que quien tenga dinero y pueda pagarse un sistema privado de pensiones, pues sin problema, pero para el currito/trabajador/obrero pues las cosas no vienen bien dadas.

jueves, 30 de diciembre de 2010

El final de una década

No he caido hasta hace unos días que este año finaliza la década. Los medios de comunicación apenas lo han recordado. Todo lo contrario que en 1999 (cuando en realidad no terminaba la década) cuando constantemente nos recordaban que llegabamos al final de la década, del siglo y del milenio.
Hace diez años tenía veintidós años. Estudiaba en la Universidad, no trabajaba, no tenía dinero, vivía con mis padres y tenía mucho futuro, proyectos e ilusiones.
Ahora tengo treintaidos años. Trabajo, no tengo mucho dinero (pero obviamente más que hace diez años), tengo un piso con el banco, vivo con mi madre, he perdido a mi padre y tengo algo menos de futuro, menos proyectos y menos ilusiones que hace diez años. Supongo que entre otras cosas, la pérdida de ciertas esperanzas por mi parte se debe a que en estos diez años he aprendido que la vida es más dura de lo que parece y que no es tan fácil lograr los objetivos marcados (o puede que directamente no me haya esforzado en lograr ciertas metas que tampoco me he marcado de modo concreto).
Teniendo estos en cuenta estas realidades, aunque yo me quejo de que no evoluciono, si puedo decir que en estos diez años algo he madurado, algo he evolucionado y algo he cambiado, aunque mi esencia permanece. Y puedo afirmar, que en mi caso, la introducción en el mundo laboral ha supuesto para mi un máster en maduración personal, junto con otras experiencias que ahora mismo no me voy a poner relatar (la pérdida del ser querido, el amor y el desamor, el conocimiento de personas muy distintas a mi, el renunciar a la profesión querida, los bajos salarios, los viajes...).
Y es que como escuché el otro día: "la fruta nace verde, poco a poco madura" y diez años dan para que se pudran muchas frutas.

martes, 30 de noviembre de 2010

La pereza, ese pecado capital

No me considero en líneas generales una persona perezosa. Curiosamente de niña si que lo era, pues me daba pereza andar, hacer deporte y otras muchas cosas. Era capaz de tirarme varias horas delante de la televisión sin hacer nada. Pero con los años eso se me paso y recorrí el camino hacia el sentido opuesto. Ahora soy la reina de la actividad y me cuesta estar parada sin hacer cosas. Estoy viendo la tele e intento hacer alguna tarea que tenga pendiente: planchar, hacer cuentas... lo que sea.
Pero llevo una temporada en el que la pereza empieza a ganarme la partida en algunos terrenos. No es que me haya entregado a la vagancia de forma descarada, no es eso. Pero tareas que tengo pendientes por hacer, y que tengo que hacer, no las hago. No es que se trate de cosas que no puedan esperar, pero digamos que son cosas que tarde o temprano tengo que hacer, y me da una pereza espantosa.
Ahora mismo estoy de vacaciones y la lista de tareas pendientes es larga. Pero entre mis planes no está hacerlas. Debería hacerlas pues ahora dispongo de tiempo pero no me apetece nada. No sé si es pereza, apatía, desmotivación u holgazanería. Pero francamente, no tengo ningún interés en gastar tiempo y dinero en mis deberes pendientes, como raspar y pintar el techo de mi comedor, comprarme un armario para guardar cosas en el tendedero, adelantar las compras navideñas, limpiar el coche por dentro, escribir alguna cosilla, poner al día las cuentas en mi pluriempleo...
Supongo que entre otras cosas no me apetece hacerlas porque no encuentro mucha utilidad en el fin último de estas cosas. ¿Para qué recomponer la casa si no voy a vivir en ella? ¿Para que limpiar el coche con lo que se ensucia en invierno? ¿para que ir a comprar los Reyes si no tengo ni idea de lo que voy a comprar y cuando todavía queda un mes para el seis de enero? ¿Para que ponerme al día en el pluriempleo si en tres tardes me pongo a tiempo completo a meter facturas en el programa y las dejo niqueladas? ¿para qué escribir alguna cosilla si no tengo mucha imaginación en estos momentos ni ninguna apetencia por ello?
No sé si será la edad la que justique, entre otras razones, este estado. Tampoco está mal descansar y entregarse a la holgazanería en alguna ocasión. No me preocupa mucho estar en este estado (tengo pereza hasta para pensar en ello). Pero en fin, me sumo a la normalidad del español medio: la pereza, ese pecado capital que tanto gusta a los habitantes de la piel de toro (así nos va)

martes, 26 de octubre de 2010

Porque no me gusta Letizia

Lo siento. No me gusta la Princesa de Asturias. No, no es envidia (siempre que se critica a alguien en España se califíca al crítico de envidioso, cosa que yo creo que no es cierta). Es más, soy pro-Peñafiel porque creo que es el único que ha dicho abiertamente que durante treinta años le han vendido una moto que al final no ha sido tal.

Desde el primer día en que la ví como prometida del Príncipe, la encontré pretenciosa y con afán de protagonismo. Segura de si misma, si, pero demasiado echada para delante en un institución en la que guardar las formas es esencial. Con el tiempo, creo que esos rasgos, en vez ser pulidos, se han acrecentado. Siempre tiene que decir una palabra cuando a ella no le toca hablar, poner la puntilla. Y dar empujoncitos a la Reina para que hable como la he visto en alguna ocasión hacer... ufff... me parece demasiado. Recuerdo en los Juegos Olímpicos de Pekín, cuando el dueto Gomaespuma hizo una entrevista al Príncipe de Asturias en su estilo humorístico y desenfadado allí se acercó ella, con la intención de hacerse la graciosa, de vacilar a los propios Gomaespuma, reyes ellos del arte del vacile.

La encuentro demasiado artificial, demasiado obsesionada por ser perfecta. Fruto de ello son las ciruguas estéticas a las que se ha sometido. No porque no se encontrara guapa (creo yo que antes lo era más, con su nariz aguileña y su mentón saliente) sino por el afán de pulirse, de ser irreprochable. Cada vez más rubia, menos arrugada, con los dientes más blancos... Y esa obsesión por acortar su distancia en altura con el Príncipe, con unos zapatos que a veces rayan en lo rídiculo.

Cuando salió la noticia del compromiso, recuerdo que leí un artículo en un periódico donde no la ponían precisamente bien. Sus propios compañeros de trabajo la llamaban La ficticia Letizia y recuerdo perfectamente una frase en la que definían su modo de comportarse: "parecía que andaba siempre unos centímetros por encima del suelo", de lo que se denota una enorme altivez.

Tampoco entendí en su día que muchos periodistas, que se habían hinchado a criticar a Eva Sannum, riéndose de sus padres divorciados, y afirmando que una chica que había posado en bragas nunca podría ser reina de España, que luego se tragaran sin rechistar el hecho de que la futura reina de España fuese una mujer divorciada, con padres divorciados. No se si fue por lo del corporativismo, pues Letizia era periodista. Pero creo yo que pagarse la carrera de publicidad con trabajos de moda, tal y como hacía Eva Sannum, no era ni mucho menos indigno. Se le atacó por ser modelo, simple y llanamente.

Y luego ya, en mi valoración más personal, pues de esto nadie tiene pruebas, yo creo que Letizia Ortiz en su día se casó con Felipe de Borbón porque le amaba y porque ella tiene una enorme ambición, por su afición por figurar, por ser el centro de atención. Y que mejor pasarela para lograr ese objetivo que ser Príncesa de Asturias y futura Reina de España.

Dentro de estas valoraciones, pienso que quizás al Príncipe le pone Letizia porque al contrario de la humanidad que le rodea, ella le replica, le contesta y se pone por encima de él (tal y como se vió en la pedida de mano). Imagino que toda su vida ha estado rodeado de pelotas y gente que ha alabado todas sus acciones, ya fueran buenas o malas. Y encontrar una persona que sea justo lo contrario pues debe ser emocionante.

En fin, que a mi me gustaba Eva Sannum, no lo voy a negar y creo que se cometió una gran injusticia con ella. Y sinceramente, si no se corrige (y mucho), creo que el comportamiento de Letizia, será, entre otras muchas causas, un factor que desencadenará la futura e inevitable III República en España.

jueves, 30 de septiembre de 2010

La gran derrota

El 29 de septiembre hubo huelga general. Si no me equivoco, la séptima desde que se inició la democracia en España. Las cifras, como siempre, dispares. Según los sindicatos, la huelga fue seguida por un 70% de los trabajadores. El Gobierno dice que sólo un 5% paró en su actividad. El consumo de energía con respecto a un día habitual descendió en torno a un 17%. Yo creo que este porcentaje es el más fiable, o por lo menos, más aproximado. Si extrapolo los resultados de mi centro de trabajo a la globalidad, sólo un 2% habrìa hecho huelga, pero hacer este razonamiento es una tonteria.

Hoy la prensa analiza el paro. Unos dicen que ha sido un gran fracaso de los sindicatos. Otros hablan de un fracaso de las políticas del gobierno que lleva a una huelga general. Yo creo que los grandes perdedores son los trabajadores en particular, y toda una generación de obreros en general.

Y digo esto porque es muy triste que los trabajadores no vayamos a la huelga (yo la primera) por razones como...

a)No hacer el caldo gordo a los sindicatos. Este motivo se lo he oído a un montón de gente y me entristece mogollón. Que los obreros vean a los sindicatos no como defensores de los trabajadores sino como funcionarios del estado y chupocteros es muy triste. Evidentemente los sindicatos tienen mucha responsabilidad en esta mala imagen, pero la gente les aplica la ley del embudo y eso tampoco está bien. Porque cuando uno tiene un conflicto laboral bien que acude al sindicato corriendo para que le defienda o asesore.
b)Lo importante es trabajar en esta época de crisis, asi que, ¿por qué hacer la huelga?. Este razonamiento es peligroso porque radicalizandolo lo llevo al regimen de esclavitud. "Mi jefe me hace la vida imposible, tengo unos horarios horrorosos, gano ochocientos euros, pero oye, tengo trabajo que es lo que importa".
c)Gano poco dinero y no me puedo permitir perder cien o doscientos euros en un mes porque no llego a fin de mes. Es triste también, porque se parece al argumento anterior. Y porque además lo cortés no quita lo valiente. Porque es tan importante ganar un sueldo como que cuando te despidan te paguen lo que te corresponde.
d)Es que yo soy de izquierdas y no voy a hacer la huelga contra un gobierno de izquierdas. Otra idiotez que denota fanatismo. Cuando una política laboral es mala, es mala, independientemente de que las decidan gobiernos de izquierdas o de derechas y no hacer una huelga a los de mi bando, porque son mi ideología, aunque me estén fastidiando de por vida, me parece un razonamiento pésimo.

En suma, me parece muy, muy triste que los trabajadores de hoy en día no queramos o no sepamos movilizarnos por nuestros derechos. Por los motivos que sean, pero resulta penoso el hecho de estar tan engullido dentro del sistema, tan resignado a "esto es lo que hay" que no nos arriesguemos, ya no por cambiar el mundo, sino por luchar porque no nos quiten aquello que ha costado tanto conseguir. Quizás los de mi generación, como hemos vivido en un regimen de libertades y derechos donde todo nos ha sido dado, no lo valoramos, como si hubieran sido derechos innatos, en vez de adquiridos. Y por eso yo creo que la escasa movilización en esta huelga general es la gran derrota de los obreros, de los trabajadores, grandes o pequeños, con mayor o con menor sueldo, con mejor o peor categoria. La gran derrota de todos nosotros, que nos meten en una balsa con agua ardiendo, nos condenan a la silla eléctrica por un crimen que no hemos cometido, y no somos capaces, ni siquiera, de protestar.