martes, 2 de marzo de 2010

Sin profundizar: lo que pienso de la crisis

Hoy han salidos las estadísticas del desempleo: 82.000 parados más en febrero de 2010. Más de cuatro millones de personas sin trabajo. Acercandonos peligrosamente el 20% de desmpleados entre la población activa.
Hoy Leire Pajín se felicitaba porque si comparaba los datos con los de febrero de 2009 ls cifras eran muy inferiores. "Estamos evitando que se destruya empleo de manera masiva, tal y como ocurría el año pasado" venía a decir. Leire, guapa, no se destruye más empleo porque ya no hay tanto empleo que destruir. Si trabaja menos gente, menos gente se puede quedar en paro. Es de puro sentido común.

Pero no la tomaré con la señorita Pajín. Ni con Zapatero. Ni con Aznar. Ni con la mierda de sistema capitalista cada vez más competitivo. No, la tomaré directamente con la gestión del gobierno de España a lo largo de los últimos diez-quince años. Porque de aquellos polvos vinieron estos lodos.

No soy una experta economista, ni mucho menos. No es la primera crisis económica de la que tengo conocimiento. En el 1993 la situación fue bastante desagradable también. Pero el problema ahora es diferente. Se destruye empleo y además no hay estructuras donde se pueda generar trabajo. Y ese es el drama.

En primer lugar, la pequeña industria manofacturera, que en España ha empleado mucha gente, directamente ha desaparecido. Zapatos, textiles, juguetes... vienen todos de China, mucho más baratos. España no puede competir, es cierto, con los precios de bajo coste asiáticos que tienen a sus empleados en regimen de semiesclavitud. Pero tampoco se ha especializado en productos de mayor calidad que puedan encontrar otro mercado. Así que ni barato ni caro. Directamente esta industria ha desaparecido.

En segundo lugar, el turismo, la joya de la corona. Cada vez somos menos competitivos, evidentemente. Precios muy elevados y una calidad buena, no diré que no, pero que no se corresponde, en muchos casos, con el precio que se exige. Los alemanes prefieren ahora Croacia, que ofrece lo mismo algo más barato. También la gente hace un turismo distinto al de hace unos años. Se viaja más pero se gasta menos. Otro punto en contra nuestra.

Y la construcción. Nuestro modelo de crecimiento basado en la desmesura del ladrillo estaba condenado al fracaso. Lo de los cinco últimos años estaba sobredimensionado (las ventas, los precios). Los albañiles pasaron de ganar 150.000 pesetas a 500.000 de la noche a la mañana y ahora, como el mercado se reajusta y ganan de nuevo 150.000 pesetas pues están en crisis porque se han acostumbrado a un nivel de vida que antes no tenían y porque evidentemente, las 150.000 pesetas en 2010 no son las 150.000 pesetas del año 2000.

Antes habia trabajo. Mierdero. Mal pagado. Pero habia. Ahora ni eso. Ni bueno, ni malo. Somos unos pocos los privilegiados que trabajamos y damos gracias aunque ganemos poco. La dignidad ha caido por los suelos: me conformo con trabajar, aunque sea por una miseria.

Y encima ahora en la radio insertan unas cuñas de "esto lo arreglamos entre todos" ¿Entre todos ¿Cómo arregla un parado la situación si no tiene empleo? ¿Lo arregla el trabajador trabajando hasta los 67 años y pagando más IVA e IRPF? ¿O lo arreglan los políticos con su despilfarro habitual en informes fantasmas, regalos navideños y coches oficiales? Y lo peor, es que, aunque muchos no quieran verlo, es que esta situación va para largo y no se va a solucionar en tres días.

jueves, 18 de febrero de 2010

Deporte, tele y recuerdos

Han empezado los Juegos Olímpicos de invierno. Este año en Vancouver, costa oeste de Canadá, por lo que la diferencia horaria me impide ver el patinaje artístico en directo (aunque menos mal que existe Teledeporte). Las Olimpiadas de invierno no son tan publicitadas como las de de verano, quizás porque España no es un país de nieve. Pero yo guardo un recuerdo especial de los Juegos de Calgary en 1988 (hice un trabajo y todo en la facultad: "Seguimiento de los Juegos Olímpicos en medios de comunicación a raíz de la designación de Barcelona como sede olímpica"). Esa caida en la segunda manga de Blanca Fernández Ochoa cuando iba la primera y que yo vi en directo... ufff, es uno de esos recuerdos deportivos frustrantes de mi vida.

Con respecto al patinaje artístico, cuando yo era pequeña lo echaban con cierta frecuencia por la tele. A mis padres, nada amantes del deporte, les gustaba incluso verlo por su bonita estética. Después esta disciplina fue condenada al ostracismo televisivo y hace unos ocho-diez años TVE lo volvió a recuperar y a darle incluso cierta importancia en su programación, pues descubrió sus indices de audiencia eran sensiblemente superiores a la media (por su puesto en La Dos, la cadena por la que emiten estos eventos deportivos).

Hoy me da por este tema un poco por hacer hincapié en la importancia en el imaginario colectivo de los acontecimientos emitidos por televisión, y especialmente en aquellos que son deportivos, quizás porque suelen ser los más alegres o cuando menos, los más emocionantes. Esto daría para una tesis, sin duda. El primer recuerdo de evento deportivo que yo tengo guardado en mi disco duro es el mundial de fútbol celebrado en España en 1982. No recuerdo ningún partido en concreto, pero si los dibujos de Naranjito que echaban los sábados por la tele, mi album de cromos de las selecciones (y el cromo de Arconada, el primero del album), las monedas conmemorativas que te daban con los yogures Danone y un pañuelo que yo tenía con Sport Billy. También recuerdo algo del partido España-Malta de fútbol en 1983. Concretamente el último gol y el revuelo que se armó en los siguientes días.

Tras esto, vinieron mucha vivencias deportivas a través de la tele y sentada en el sofá: El Eurobasket de España en 1986, varias finales del Roland Garros, el Wimbledon que ganó Conchita Martinez, los tour de Francia con Pedro Delgado e Indurain, la vuelta ciclista que ganó Lucho Herrera y cuya última etapa pasó por delante de mi cole, el Mundial de Natación en Madrid, el de Perth (con Alexander Popov), la Final Four que perdió el Juventut, los mundiales de fútbol de México, Estados Unidos, Italia y Corea, la Eurocopa ganada por España de fútbol (¡un hito!) y la más reciente de baloncesto, diversos mundiales de Gimnasia deportiva, el mundial de motos que que ganó Crivillé en 250cc, la muerte de Ayrton Senna que yo vi en directo como el chocazo que Gerard Berger se pegó contra un muro en Formula I...

Y mención especial para los Juegos Olímpicos (especialmente los de Barcelona) desde el de Los Angeles (del que recuerdo sólo que hacia mucho calor cuando salian las noticias en la tele) hasta los de Vancouver que tienen lugar estos días.

Ufff... después de escribir esto... creo que he visto mucha tele en mi vida.

martes, 19 de enero de 2010

Sobre la ilógica de la lógica de las bodas

Creo, creo, Dios no lo quiera, que este año es muy posible que me inviten a dos bodas. Espero equivocarme, pero todo apunta a que sí. Una vecina mia se casa, y como me llamaron para organizar la despedida de soltera pues sospecho (la policia no es tonta) que me van a invitar. Y por otro lado, he recibido la noticia de que una antigua compañera de la facultad se casa tras ocho años de convivencia con su novio. Confio en que sean coherentes y no organicen una boda multitudinaria en la que yo podría ser una futurible invitada.

No es que no me gusten las bodas, todo lo contrario. Soy de las pocas fans de los bodorrios. Lo que me molesta terriblemente es que la gente no tenga mesura ni criterio para seleccionar a sus invitados. Lo suyo es elegir a gente a la que sabes que no vas a poner en ningún compromiso, porque se trata de personas a las que conoces lo suficiente, y tienes el trato suficiente, como para saber que van a estar encantadas de ir a tu enlace y por supuesto tu deseas que te acompañen en ese día tan importante (que en un gran número de casos acaba en divorcio unos años después).

Pero no. Como el sentido común es el menos común de los sentidos, conozco casos en los que se ponen a invitar a diestro y siniestro. Que si compañeros de trabajo con los que no tienen un trato tan amistoso como para que estén en tu boda; que si el panadero; que si el vecino del cuarto al que si, dan los buenos días cada mañana pero nada más; que si un antiguo amigo del barrio que fue intimo en la infancia pero con el que apenas se tiene trato en los últimos quince años... Y yo me pregunto, ¿por qué? ¿Interés lucrativo? ¿Deseos de quedar bien con todo cristo? ¿Afán por aparentar? ¿Falta de amistades suficientes para completar el plantel de número de invitados politicamente correcto? ¿Deseo de rellenar todas las mesas del salón, independientemente de quienes sean los ocupantes? Porque puedo entender ciertos compromisos familiares (lo típico: que los padres inviten a todos sus primos a los que los novios apenas conocen, porque no van a invitar a unos primos sí y a otros no) pero lo que no me cabe en la cabeza es invitar a tropecientos compañeros de trabajo (con los que no te llevas tan bien), al banquero (a mi prima Mari Mar le han invitado varios clientes a sus bodas), al vecino de cinco portales más allá con el que te cruzas por la calle diariamente o que los hermanos de los novios inviten a todos sus colegas que tienen una relación distante con los contrayentes. Yo creo que la respuesta es una mezcla de todas estas razones aunque en distintas proporciones (en unos primará más el interés económico, en otros más el deseo de aparentar). En cualquier caso, y como dicen los sociológicos, la boda es el acto social por excelencia en España y por ello supongo que muchos, en su deseo de ser el principe de Asturias o la reina de Inglaterra por un día, se ponen como tontos buscando invitados.

Y aunque la solución a estos dilemas es sencillamente decir "no, no voy a vuestra boda", el simple hecho de que me inviten, sabiendo yo, y sabiendo los contrayentes, que mi presencia en los desposorios es insulsa y completamente prescindible, me molesta terriblemente.

...Y todo ello en una sociedad que cada vez cree menos en el compromiso (que junto con el amor, se supone que es el motivo por el que la gente se casa)...

martes, 29 de diciembre de 2009

Adios 2009

La Navidad es ante todo una época de tradiciones. Algunas impuestas por años de constumbres (turrón, belenes, postales...). Otras nos las creamos nosotros mismos.
Para mi es una tradición hacer un resumen del año cuando éste toca su fin. Este dos mil nueve no tiene porque ser una excepción.

Para mi el 2009 no ha sido un buen año. Aunque hubieran me hubieran ocurrido las cosas más maravillosas del mundo, la muerte de mi padre lo habría borrado todo. Yo siempre digo que los años solo pueden ser malos cuando has perdido a un ser querido o estás muy enfermo. Y para mi se ha dado el primer caso. Por tanto, es un mal año. El peor de mi vida.

No puedo decir que el resto de las cosas me hayan ido mal. No he perdido el trabajo (algo casi milagroso en estos días). He mantenido a mis amigos. Puedo pagar la hipoteca. Me he comprado un coche muy apañado. Tengo salud. Sigo mis rutinas habituales, que no es poca cosa. En fin. Un año sin cambios si no hubiera sido por la pérdida de mi papa.

Y para el 2010... francamente, con el animo con el que estoy, simplemente, no espero nada. Tan solo, escribir una carta resumen del 2010 y que no me falte nadie más.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Vida

Mi prima Andrea tiene un blog. Le he echado un vistazo y tiene una entrada llamada vida en la que hace un resumen de sus diecisiéte años a través de cortas frases que evocan algunos de sus recuerdos. Mi vida, de momento, es más larga, pero la idea me parece buena, así que voy a copiarla.

Nací en el 1978 en el seno de la familia JL. Vi a luz en la clinica La Milagrosa, en pleno barrio de Chamberi. Mi madre había tenido molestias todo el día, y cuando se quiso dar cuenta estaba de parto. Entonces no había ecografias y pensaban que sería otro niño (que se hubiera llamado Jaime). Mi padre, que cuando naci, andaba por ahi perdido visitando a no se quien, no se podía creer que yo fuese niña. Según mi madre, en cuanto naci tenía los ojos azules, muy abiertos, mirando con gran interés todo cuanto ocurria a mi alrededor. Cuando mi padre fue al registro mi madre le propuso tres nombres: María Isabel, Leticia (con "c") o Mercedes, y mi padre optó por el primero, clásico en la familia de mi madre (mi tia, mi bisabuela y tatarabuela por parte materna se llaman así).

Cuando empecé a andar vieron que torcia mucho la pierna izquierda. En Sanitas me detectaron una luxación congénita del femur, con respecto a la cadera. Dos meses estuve ingresada en la clinica Covesa con un cuadro vulcánico (creo que se dice así) para hacerme la tracción del hueso. Estuve escayolada seis meses. Mi padre me enseñó a andar con más de dos años en El Campo de Tiro.

Mi primer recuerdo visual es mi mano tocando el plástico marrón de la pared del cuarto de estar en casa de mis padres. Me gustaba su sonido. Mi primer recuerdo completo es cuando me operaron la segunda vez para quitarme la placa que me habian puesto en el femur en la primera intervención. Me operó el doctor Espeldegui. Tras la intervención pedí tres huevos fritos con torreznos y natillas de postre, que me trajeron en una copa.

Fui al parvulario en el colegio Santa Teresa. Le señorita se llamaba Ana Belén. Me gustaba mucho dibujar. Mi sueño era tener un caballete y una bicicleta. Conozco a mis amigos del barrio Noelia, Cristina, Soraya, Susi, Rocío, Felipe y Rubén desde que tengo uso de razón. Jugabamos mucho en la calle, particularmente en verano. Mis hermanos me llamaban gorda y buitra. Me peleaba mucho con ellos y alguna vez me zurraban. Me gustaba mucho estar con mis primas Maria del Mar, Cristina, María Jesús y con mi primo José Miguel (alias "Güili" por el amigo de la abeja Maya). Fui por primera vez a Barcelona con dos años. Con cinco a Aguilas (Murcia), con siete a El Campello (Alicante), con nueve a Santa Pola (Alicante) y con once repetimos en Aguilas. Siempre en El pajaro azul, el coche de mi padre, un Renault seis de cinco puertas. Sólo he estado en dos paises extranjeros: Andorra e Italia. No me gusta el avión.

Mi colegio era el Calderon de la Barca y para mi fue una gran frustación no ir a la misma clase que mi amiga Noelia. Mi profe en primero y segundo fue don Esteban y mi compañero de pupitre Simón. Merendaba por las tardes viendo Barrio Sesamo. Veía dibujos en la tele, pero también los telediarios. La radio por las mañanas en mi casa era una religión y Luis del Olmo su profeta.

El primer chico que me gustó se llamaba Javi y era el hijo del compañero de mi padre. Era guapo y muy gracioso, y a mi me encantaba porque me reia mucho con él. ¡Yo tenia cinco años y el solo siete! pero me gustaba estar con él.

No tengo pueblo y siempre lo he echado de menos. Soy muy golosa. Me pusieron gafas con nueve años, tres días después de mi primera Comunión, que es un día del que no guardo buen recuerdo, porque estaba muy tonta y mi vestido era el de mi prima Marichu y no mio propio.

Con catorce años fui al instituto Butarque. Allí conocí a mis actuales amigos. Ya por entonces me gustaba escribir, y era lo que deseaba hacer. Por eso me matriculé en periodismo en la Universidad. Recuerdo la adolescencia como una época complicada para mi a nivel psicológico. De los trece a los dieciseis me sentía rara, extraña, separada del mundo. Pero me lo pasé bien. La universidad la recuerdo como un mero trámite. Ni vivi la intensa vida universitaria pero me abrió la mente porque conocí a gente muy distinta a mi.

No me dedico a lo mio. He dado tumbos por varios trabajos, en general mal pagados. Me pasé muchos año en casa estudiando y saliendo poco, por eso supongo que ahora me gusta ir de un sitio para otro y no parar demasiado en casa. Todavía no tengo muy claro lo que quiero. Con treinta años me compré el piso. Con treintaiuno me compré el coche. Mi padre se ha muerto este año. Es lo más triste que he vivido y le echo de menos.

No se lo que me deparara el futuro. No puedo decir que haya tenido una mala vida, ni mucho menos. Quizás poco intensa en emociones pero si tranquila y apacible. Nunca me ha faltado de nada. No sé si he resumido bien lo que he vivido.

martes, 10 de noviembre de 2009

El Muro de Berlín

Se cumplen veinte años de la caida del Muro de Berlín. Me recuerdo a mi misma, comiendo con mi familia, y viendo la noticia en el Telediario. Y en el colegio, muchos compañeros, al dibujar el mapa de Europa preguntaban a don Esteban "¿pero pintamos a las Alemanias juntas o separadas?". Yo pensaba que esa pregunta era absurda. Seguían divididas hasta que se acordase la fecha de reunificación y se firmase por todas las partes.

Entonces, cuando era niña (aunque ya contaba con once años) el mundo era sencillo. Se dividia en buenos y malos, americanos y soviéticos, y poco más. Yo tenia mis preocupaciones, creo que como todos los niños, pues tendemos a pensar que los crios nunca piensan o nunca se entristecen, y por experiencia personal puedo decir que no es así. Pero aún con todas las complicaciones, todo era más sencillo, porque todo era blanco negro y no me preocupaba de donde salía el dinero y desconocía el significado de "desgravación fiscal" (termino que Bob Esponja utiliza el día en que decide comportarse como un adulto).

A veces creo que la vida no es tan complicada, y que somos nosotros quienes nos las complicamos. Creo firmemente en esto, pero no es menos verdad que con los años aparecen los matices, los grises, y a veces, las cosas se vuelven un poco confusas. Y no voy a hablar de las ausencias, que recucredecen todo.

El muro de Berlín facilitaba la visión del mundo de todos... aunque era vivir en un engaño. A veces en la dulce ignorancia e inocencia de la niñez. Otras veces en el pésimo autoengaño adulto

viernes, 23 de octubre de 2009

Lost

Este blog fue creado, en su día, como algo festivo. Aún así, aqui he introducido alguna carta bastante intimista, personal, digna de mi diario de toda la vida. Supongo que se trata de dos caras de la misma moneda.

¿Qué escribir aqui cuando tu padre fallece de manera inesperada? Porque eso es lo que me ha ocurrido. Que me he quedado sin mi papa. Podría contar un millón de cosas. Como ha sucedido, como me siento, que reflexiones tengo ahora mismo sobre la vida...

Y todas las palabras que pudiera escribir resultarían huecas, vacias. Nada va a devolverme a mi papa. Ni el que yo me encuentre mejor o peor va a influir en ello. Sólo sé que lo he perdido, que nunca lo voy a recuperar, que nunca volverá. Sin embargo, nada de esto causa en mi una emoción especial. No me siento especialmente triste o abatida. ¿Seré un monstruo? Simplemente creo, que todavúa no he caido en la realidad. Que me creo que estoy viviendo una realidad paralela, al estilo de la teoria de la relatividad de Einstein. Y que de un momento a otro, cruzaré de nuevo la barrera espaco-temporal y volvere a encontrarme con mi padre.

De manera absurda, mi cerebro aún tiene la esperanza de que todo esto es mentira, de que esto es una irrealidad. Simplemente, mi consciencia, mi mente, no concibe una vida sin mi padre y por ello cree que todo esto es mentira, no es real, que es sencillamente una pesadilla de la que prontó despertará.

¿Será frivolidad pura y dura? ¿Será inmadurez? ¿Será soberbia? ¿Sera un extraño mecanismo cerebral para seguir adelante y sobrevivir a la pérdida? ¿Será mi falta de empatia? ¿Què será? ¿Por qué no estoy rota de dolor, por qué no me siento desamparada? ¿Por què? ¿Por què?

Mi prima Cristina dice que el cuerpo sigue adelante mitigando los sentimientos, porque es imposible vivir con el dolor inicial que se experimenta al perder al ser querido. Yo he experimentado sorpresa, dolor, pena. Pero se que no al cien por cien. Se que todos estos sentimientos han sido mitigados por el asombro, por la sorpresa de lo inesperado.

Pero se que si Dios me da salud, y vivo uno, dos, veinte o cuarenta años, algunos días, muchos días, varios días, sentiré pena, angustia, desamparo. Porque he perdido a mi padre y ya no lo puedo recuperar. Se ha ido y no volvera. Lo he perdido. Lo he perdido.