En mis dos últimos trabajos (antes del que tengo, quiero decir) mis compañeros en su mayoría eran chicos. La verdad es que trabajaba muy a gusto con ellos. Por eso, cuando escuchaba la frase tópica de "prefiero trabajar con hombres antes que con mujeres" dicha en boca de otras féminas, en parte me sentía identificada, pero en parte también me fastidiaba un poco, porque muchas veces las mujeres atacamos a nuestras congéneres como fuente de nuestros problemas (no digo con esto que la culpa la tengan siempre los hombres). Esa falta de "solidaridad" dentro del género, me dolía un poco, pues no me gusta pensar que la peor enemiga de una mujer es otra mujer, porque para mi, es tirar piedras contra nuestro propio tejado.
En mi trabajo actual, al estar en el turno de tarde, mis compañeros son chicos en su mayoría. Y la verdad es que he estado muy a gusto y gracias a mi contacto con ellos he descubierto (o mejor dicho, redescubierro) facetas del género masculino muy interesantes y quizás algo olvidadas. Es cierto que echaba de menos a veces hablar de cosas de chicas, pero lo verdad es que me encuentro muy bien entre mis compañeros varones
Pero estos últimos meses, al estar en el turno de mañana, el género femenino predomina en la oficina, y por mi vivencia, debo decir, con todo el dolor de mi corazón, que la frase de en un trabajo en el que todo son mujeres el ambiente está viciado tiene mucho de cierto (no creo que se trate de un dogma, pero si tiene mucho de verdad).
¿De dónde saco estas conclusiones? En primer lugar he observado que por lo general, las mujeres suelen fijarse más en pequeños detalles que a los hombres les pasan desapercibidos. Es costumbre entre las féminas verbalizar más las cosas, y dentro de esa verbalización entran los pequeños detalles, que muchas veces se interpretan de modo maligno:. "¿Has escuchado lo que dijo? ¿Has visto como se viste últimamente? ¿No te has fijado en que de un tiempo a esta parte se reunen mucho?". Pues bien, evidentemente comentar, y sobre todo, sacarle punta absolutamente a todo, no genera un buen ambiente de trabajo porque da lugar a grupitos, alianzas, etc, etc. Es cierto que los hombres también cotillean y hablan de las mejores jugadas, pero casi siempre se suelen referir a lo obvio, a lo que todo el mundo ve y todo el mundo oye.
Por otra parte, no se si por genética o educación, las mujeres son más emotivas que los hombres y más dadas a mostrar en público sus sentimientos, ya sean buenos o malos. En mi trabajo, todas las chicas (incluida yo misma) en algún momento, han llorado en público. Con más o menos gente, pero han llorado delante de los compañeros, de los jefes incluso. No digo que esta situación genere en si misma un mal ambiente de trabajo, pero si da lugar a comentarios (procedentes de hombres y mujeres) del tipo "está loca", "está desequilibrada", "no está bien de la cabeza", "esta responsabilidad le viene grande" lo cual, a la hora de ascender, de tener una carrera profesional con gran proyección, no favorece mucho a las señoritas.
Y por último la presencia de una compañera atractiva en la oficina y el revuelo que se arma en torno a ella y como se tienden a echar las culpas a la mujer atractiva por parte de las propias compañeras (y compañeros, of course). En mi trabajo, ahora mismo, se está dando el caso, y yo, trato de observar los hechos desde fuera y con objetividad y ver como todo el mundo carga las tintas sobre las mujeres y echa mano a los prejuicios.
Hace año y medio contrataron a una chica gallega. Las malas lenguas dijeron que venía enchufada (yo lo creo así). El caso es que se trata de una joven de 25 años, atractiva, que se sabe sacar partido, que viste con elegancia, muy inteligente, lista, con gran capacidad de aprendizaje y análisis, melosa, extrovertida y con tendencia a tocar, tanto a chicos como a chicas.
No sé si como resultado de estas características o de su enchufe, los dos jefes mayores del reino del Banco (que tienen 32 y 36 años respectivamente) le abrieron todas las puertas y le dieron un trato de favor que no han tenido otros compañeros recién llegadas. Transcurrido un año la compañera se encontraba en un dilema moral: su novio, en Galicia, le dijo que no aguantaba estar separado de ella (ella al parecer tampoco) y que para la mierda de trabajo que tenía y el sueldo que cobrabam que apenas le permitía ir a Vigo una vez al mes, que mejor que ella regresara a su tierra natal y así estarian por lo menos juntos, pues él era (y es) fijo en su empresa. Ella, presa de una gran tristeza, se pone a llorar un día en el trabajo y los jefes del Banco (no de la empresa, sino del Banco) acuden a su rescate: la suben el sueldo y la ascienden. A raíz de esto ella ha explotado su vena atractiva (sigue siendo inteligente y lista, eso no lo vamos a obviar) y hemos llegado a un punto en el que abiertamente le rie las gracias a los jefes, les toca, coquetea abiertamente con ellos y por el trato que mantienen, más que una subordinada, parece una compañera, una colega de trabajo.
Ante tales hechos los compañeros murmuramos. Lo que más me duele, es que todos, chicos y chicas, han cargado las tintas sobre ella. Ella tiene la culpa. Ella es la que se acerca a los jefes. Ella es la que se sabe vender. Ella es la ambiciosa. Ella es la que explota su vena sensual. Nadie habla de su inteligencia (que la tiene), ni de su talento (que lo tiene), ni de su capacidad de trabajo (también la tiene). Aparte, nadie, nadie, no hombres ni mujeres, critica de los jefes (ambos casados, uno con hijos). Nadie dice que los jefes son unos hijoputas porque están jugando con ella. Nadie afirma que "malos son los jefes" porque la están potenciando a ella y a las demás, como no estamos buenas ni reimos las gracias, no existimos para ellos. Nadie critica a los jefes por tocarla el pelo, o acercarse peligrosamente a ella, o invitarla a comer casi todos los días cuando nunca han tenido esos detalles con el resto.
A esta chica, que por supuesto no es inocente (ha llegado a mis oídos que al parecer hay una vacante en el Banco y ella, conocedora de esto, está jugando sus cartas) se la juzga y se la critica por estar buena. No se le perdona saberse vender. En un hombre, se diría que es ambicioso (en el buen sentido del termino) y se haría más hincapié en sus capacidades profesionales. En ella se obvia sus cualidades profesionales y se centra la atención en su físico y a su carácter meloso, al que dicen, le debe todo. Y estos comentarios llegan de hombres y mujeres. Y lo que más me molesta es que todos estos comentarios son en buena parte fruto de los prejuicios, pero en buena parte también, fruto de la asquerosa realidad.
jueves, 17 de febrero de 2011
martes, 1 de febrero de 2011
Mentiras, manipulaciones y reforma del sistema de pensiones
Los periódicos anuncían estos días un Pacto Social entre el Gobierno, Patronal y Sindicatos. Dicho Pacto Social incluye medidas para incentivar el empleo entre jóvenes (los más afectados por el desempleo) y la tran manida reforma de las pensiones: jubilación a los 67 años; cotizar 37 años para cobrar el 100% jubilándose a los 67; cotizar 38,5 años para jubilarse con el 100% a los 65 años y ampliar el periodo de cálculo de la cuota de la pensión en diez años (de 15 a 25 años).
Los políticos se muestran contentos porque se trata de una reforma consensuada entre los agentes sociales y los sindicatos se muestran ufanos porque según ellos con estas medidas han salvado los muebles y sobre todo han asegurado las pensiones de los trabajadores/obreros en los próximos cuarenta años.
Y tras esta introducción, aquí va mi opinión:
1) Considero un mal necesario que la jubilación se alcance a los 67 años. Debido a la escasa demografía, a la ampliación de la esperanza de vida y teniendo en cuenta que salvo enfermedad, tenemos medios para llegar a esos años en plenitud de condiciones (otra cosa es que sigamos las recomendaciones para cuidar la salud) considero impepinable que salvo en profesiones penosas (como dice el acuerdo), en las demás la edad de la jubilación se amplie en dos años más.
Pero como digo esto, digo lo siguiente. No me gusta que me vendan la filfa, la mentira, que las pensiones dependen de la demografía. Es verdad que es un factor importante, pero no el único: la productividad y la tasa de actividad son dos elementos fundamentales para mantener el sistema de pensiones. Pero no he oído hablar a nadie (políticos, patronal, sindicatos) para potenciar y mejorar estos factores.
2)Elevar los años de cotización para alcanzar la pensión máxima me parece una patada en el estómago al joven y futuro obrero español, porque básicamente, teniendo en cuenta que hay un 43% de paro entre los menores de 25 años, y la insistencia en que la juventud tiene que formarse (y una persona que vaya a la universidad, que haga un doctorado, etc, se incorpora al mercado laboral tarde), ¿quién narices va a cotizar esos años? En suma, que han puesto unas condiciones que se resumen en que de aqui a cuarenta años, muy pocas personas van a cobrar la totalidad de su pensión. Y eso si que es un recorte de derechos para todos.
Además, tal y como está montado todo, es muy complicado que una persona trabaje de manera más o menos ininterrumpida este periodo de tiempo. Es decir, para cobrar el cien por cien de la pensión habría que empezar a trabajar a los 29 años y no quedarse nunca, nunca, nunca en paro, lo cual, hoy en día es complicado por no decir imposible.
3) Incrementar en diez años (de quince a veinticinco, ¡casi un 80%!) me parece una patada en el estómago, en el culo y una paliza monumental al obrero/trabajador porque esto se traduce en un descenso (como medía) en un 20% del dinero que se va a cobrar cuando uno se jubile (no, pero esto no es reducir los derechos del trabajador, es sólo protegerlos: ajustarnos todos el cinturón para cobrar todos. ¡Ja!)
4)Eso de que las personas (hombres y mujeres) que tengan que abandonar su trabajo para atender a sus hijos puedan cotizar nueve meses por cada hijo hasta un máximo de dos años me parece muy bonito, pero, ¿qué hay de las personas que piden una jornada reducida para cuidar a sus hijos? A esos que les zurzan y que den gracias a Dios porque oye, siguen trabajando. Nadie recuerda que no es lo mismo cotizar cuarenta horas que veinticinco o treinta horas semanales. Quieren que la gente tenga hijos y compatibilice la familia con el trabajo con jornadas reducidas y trabajo parcial, pero a la hora de la verdad, quien hace eso es penalizado por el sistema.
Y francamente, estas reformas me parecen una manera de patear los derechos del trabajador, reducirlos y escupir sobre ellos, y para mi, esto SI se merece una HUELGA GENERAL. Pero como es una reforma que la han pactado entre todos los agentes sociales pues no pasa nada. Resulta que los sindicatos montan una huelga general por la Reforma Laboral porque reduce los derechos del trabajador pero contra este brutal pacto social no dice nada, ni protesta, y como mucho dice "oye, que gracias a mi puedes obtener algo de pensión, que mira que el gobierno quería que fuesen cuarentaiun años los necesarios para cobrar toda la pensión"). Después de esto, ¿cómo quieren que las personas tengan un buen concepto de los sindicatos y no los consideren unos vendidos y sobre todo, los vendedores del trabajador?
Y que decir del PSOE que le está haciendo el trabajo sucio al PP porque esta reforma es quizás la que el PP hubiese puesto en práctica. Pero lo que más me sorprende, hoy en día, es que la gente, viendo esto, todavía diga que "vota al PSOE porque es el único que defiende al trabajador". si esta reforma de pensiones es defender al trabajador que baje Díos y lo vea... (que por otra parte, el PP tampoco defiende los derechos del trabajador).
Aparte, nadie habla de crear más puestos de trabajo, de mejorar la productividad (algo difícil en España que es un país de servicios y no un país industrial). No, nadie habla de eso ni de que los políticos con sólo dos legislaturas cobran el 100% de su pensión independientemente de que trabajen o no el resto de sus vidas. Eso, como dice el presidente del Congreso, es "el chocolate del loro".
En fin, me parece todo sucia propaganda, sucia manipulación y una asquerosa realidad que no va a salvar el sistema de pensiones porque las reformas de calado no se van a realizar (mejorar el tejido industrial, incrementar la productividad, mejorar la competitividad) y yo, tengo muy, muy claro, que esto no va a terminar así. Que si yo llego a la edad de jubilación (que sinceramente, creo que se alcanzará de aqui a unos años a los 70), cobraré menos aún de lo que se va a cobrar ahora, y en el peor de los casos puede que me hagan elegir entre un sistema público y otro privado (si es que puedo tenerlo).
Vamos, que quien tenga dinero y pueda pagarse un sistema privado de pensiones, pues sin problema, pero para el currito/trabajador/obrero pues las cosas no vienen bien dadas.
Los políticos se muestran contentos porque se trata de una reforma consensuada entre los agentes sociales y los sindicatos se muestran ufanos porque según ellos con estas medidas han salvado los muebles y sobre todo han asegurado las pensiones de los trabajadores/obreros en los próximos cuarenta años.
Y tras esta introducción, aquí va mi opinión:
1) Considero un mal necesario que la jubilación se alcance a los 67 años. Debido a la escasa demografía, a la ampliación de la esperanza de vida y teniendo en cuenta que salvo enfermedad, tenemos medios para llegar a esos años en plenitud de condiciones (otra cosa es que sigamos las recomendaciones para cuidar la salud) considero impepinable que salvo en profesiones penosas (como dice el acuerdo), en las demás la edad de la jubilación se amplie en dos años más.
Pero como digo esto, digo lo siguiente. No me gusta que me vendan la filfa, la mentira, que las pensiones dependen de la demografía. Es verdad que es un factor importante, pero no el único: la productividad y la tasa de actividad son dos elementos fundamentales para mantener el sistema de pensiones. Pero no he oído hablar a nadie (políticos, patronal, sindicatos) para potenciar y mejorar estos factores.
2)Elevar los años de cotización para alcanzar la pensión máxima me parece una patada en el estómago al joven y futuro obrero español, porque básicamente, teniendo en cuenta que hay un 43% de paro entre los menores de 25 años, y la insistencia en que la juventud tiene que formarse (y una persona que vaya a la universidad, que haga un doctorado, etc, se incorpora al mercado laboral tarde), ¿quién narices va a cotizar esos años? En suma, que han puesto unas condiciones que se resumen en que de aqui a cuarenta años, muy pocas personas van a cobrar la totalidad de su pensión. Y eso si que es un recorte de derechos para todos.
Además, tal y como está montado todo, es muy complicado que una persona trabaje de manera más o menos ininterrumpida este periodo de tiempo. Es decir, para cobrar el cien por cien de la pensión habría que empezar a trabajar a los 29 años y no quedarse nunca, nunca, nunca en paro, lo cual, hoy en día es complicado por no decir imposible.
3) Incrementar en diez años (de quince a veinticinco, ¡casi un 80%!) me parece una patada en el estómago, en el culo y una paliza monumental al obrero/trabajador porque esto se traduce en un descenso (como medía) en un 20% del dinero que se va a cobrar cuando uno se jubile (no, pero esto no es reducir los derechos del trabajador, es sólo protegerlos: ajustarnos todos el cinturón para cobrar todos. ¡Ja!)
4)Eso de que las personas (hombres y mujeres) que tengan que abandonar su trabajo para atender a sus hijos puedan cotizar nueve meses por cada hijo hasta un máximo de dos años me parece muy bonito, pero, ¿qué hay de las personas que piden una jornada reducida para cuidar a sus hijos? A esos que les zurzan y que den gracias a Dios porque oye, siguen trabajando. Nadie recuerda que no es lo mismo cotizar cuarenta horas que veinticinco o treinta horas semanales. Quieren que la gente tenga hijos y compatibilice la familia con el trabajo con jornadas reducidas y trabajo parcial, pero a la hora de la verdad, quien hace eso es penalizado por el sistema.
Y francamente, estas reformas me parecen una manera de patear los derechos del trabajador, reducirlos y escupir sobre ellos, y para mi, esto SI se merece una HUELGA GENERAL. Pero como es una reforma que la han pactado entre todos los agentes sociales pues no pasa nada. Resulta que los sindicatos montan una huelga general por la Reforma Laboral porque reduce los derechos del trabajador pero contra este brutal pacto social no dice nada, ni protesta, y como mucho dice "oye, que gracias a mi puedes obtener algo de pensión, que mira que el gobierno quería que fuesen cuarentaiun años los necesarios para cobrar toda la pensión"). Después de esto, ¿cómo quieren que las personas tengan un buen concepto de los sindicatos y no los consideren unos vendidos y sobre todo, los vendedores del trabajador?
Y que decir del PSOE que le está haciendo el trabajo sucio al PP porque esta reforma es quizás la que el PP hubiese puesto en práctica. Pero lo que más me sorprende, hoy en día, es que la gente, viendo esto, todavía diga que "vota al PSOE porque es el único que defiende al trabajador". si esta reforma de pensiones es defender al trabajador que baje Díos y lo vea... (que por otra parte, el PP tampoco defiende los derechos del trabajador).
Aparte, nadie habla de crear más puestos de trabajo, de mejorar la productividad (algo difícil en España que es un país de servicios y no un país industrial). No, nadie habla de eso ni de que los políticos con sólo dos legislaturas cobran el 100% de su pensión independientemente de que trabajen o no el resto de sus vidas. Eso, como dice el presidente del Congreso, es "el chocolate del loro".
En fin, me parece todo sucia propaganda, sucia manipulación y una asquerosa realidad que no va a salvar el sistema de pensiones porque las reformas de calado no se van a realizar (mejorar el tejido industrial, incrementar la productividad, mejorar la competitividad) y yo, tengo muy, muy claro, que esto no va a terminar así. Que si yo llego a la edad de jubilación (que sinceramente, creo que se alcanzará de aqui a unos años a los 70), cobraré menos aún de lo que se va a cobrar ahora, y en el peor de los casos puede que me hagan elegir entre un sistema público y otro privado (si es que puedo tenerlo).
Vamos, que quien tenga dinero y pueda pagarse un sistema privado de pensiones, pues sin problema, pero para el currito/trabajador/obrero pues las cosas no vienen bien dadas.
jueves, 30 de diciembre de 2010
El final de una década
No he caido hasta hace unos días que este año finaliza la década. Los medios de comunicación apenas lo han recordado. Todo lo contrario que en 1999 (cuando en realidad no terminaba la década) cuando constantemente nos recordaban que llegabamos al final de la década, del siglo y del milenio.
Hace diez años tenía veintidós años. Estudiaba en la Universidad, no trabajaba, no tenía dinero, vivía con mis padres y tenía mucho futuro, proyectos e ilusiones.
Ahora tengo treintaidos años. Trabajo, no tengo mucho dinero (pero obviamente más que hace diez años), tengo un piso con el banco, vivo con mi madre, he perdido a mi padre y tengo algo menos de futuro, menos proyectos y menos ilusiones que hace diez años. Supongo que entre otras cosas, la pérdida de ciertas esperanzas por mi parte se debe a que en estos diez años he aprendido que la vida es más dura de lo que parece y que no es tan fácil lograr los objetivos marcados (o puede que directamente no me haya esforzado en lograr ciertas metas que tampoco me he marcado de modo concreto).
Teniendo estos en cuenta estas realidades, aunque yo me quejo de que no evoluciono, si puedo decir que en estos diez años algo he madurado, algo he evolucionado y algo he cambiado, aunque mi esencia permanece. Y puedo afirmar, que en mi caso, la introducción en el mundo laboral ha supuesto para mi un máster en maduración personal, junto con otras experiencias que ahora mismo no me voy a poner relatar (la pérdida del ser querido, el amor y el desamor, el conocimiento de personas muy distintas a mi, el renunciar a la profesión querida, los bajos salarios, los viajes...).
Y es que como escuché el otro día: "la fruta nace verde, poco a poco madura" y diez años dan para que se pudran muchas frutas.
Hace diez años tenía veintidós años. Estudiaba en la Universidad, no trabajaba, no tenía dinero, vivía con mis padres y tenía mucho futuro, proyectos e ilusiones.
Ahora tengo treintaidos años. Trabajo, no tengo mucho dinero (pero obviamente más que hace diez años), tengo un piso con el banco, vivo con mi madre, he perdido a mi padre y tengo algo menos de futuro, menos proyectos y menos ilusiones que hace diez años. Supongo que entre otras cosas, la pérdida de ciertas esperanzas por mi parte se debe a que en estos diez años he aprendido que la vida es más dura de lo que parece y que no es tan fácil lograr los objetivos marcados (o puede que directamente no me haya esforzado en lograr ciertas metas que tampoco me he marcado de modo concreto).
Teniendo estos en cuenta estas realidades, aunque yo me quejo de que no evoluciono, si puedo decir que en estos diez años algo he madurado, algo he evolucionado y algo he cambiado, aunque mi esencia permanece. Y puedo afirmar, que en mi caso, la introducción en el mundo laboral ha supuesto para mi un máster en maduración personal, junto con otras experiencias que ahora mismo no me voy a poner relatar (la pérdida del ser querido, el amor y el desamor, el conocimiento de personas muy distintas a mi, el renunciar a la profesión querida, los bajos salarios, los viajes...).
Y es que como escuché el otro día: "la fruta nace verde, poco a poco madura" y diez años dan para que se pudran muchas frutas.
martes, 30 de noviembre de 2010
La pereza, ese pecado capital
No me considero en líneas generales una persona perezosa. Curiosamente de niña si que lo era, pues me daba pereza andar, hacer deporte y otras muchas cosas. Era capaz de tirarme varias horas delante de la televisión sin hacer nada. Pero con los años eso se me paso y recorrí el camino hacia el sentido opuesto. Ahora soy la reina de la actividad y me cuesta estar parada sin hacer cosas. Estoy viendo la tele e intento hacer alguna tarea que tenga pendiente: planchar, hacer cuentas... lo que sea.
Pero llevo una temporada en el que la pereza empieza a ganarme la partida en algunos terrenos. No es que me haya entregado a la vagancia de forma descarada, no es eso. Pero tareas que tengo pendientes por hacer, y que tengo que hacer, no las hago. No es que se trate de cosas que no puedan esperar, pero digamos que son cosas que tarde o temprano tengo que hacer, y me da una pereza espantosa.
Ahora mismo estoy de vacaciones y la lista de tareas pendientes es larga. Pero entre mis planes no está hacerlas. Debería hacerlas pues ahora dispongo de tiempo pero no me apetece nada. No sé si es pereza, apatía, desmotivación u holgazanería. Pero francamente, no tengo ningún interés en gastar tiempo y dinero en mis deberes pendientes, como raspar y pintar el techo de mi comedor, comprarme un armario para guardar cosas en el tendedero, adelantar las compras navideñas, limpiar el coche por dentro, escribir alguna cosilla, poner al día las cuentas en mi pluriempleo...
Supongo que entre otras cosas no me apetece hacerlas porque no encuentro mucha utilidad en el fin último de estas cosas. ¿Para qué recomponer la casa si no voy a vivir en ella? ¿Para que limpiar el coche con lo que se ensucia en invierno? ¿para que ir a comprar los Reyes si no tengo ni idea de lo que voy a comprar y cuando todavía queda un mes para el seis de enero? ¿Para que ponerme al día en el pluriempleo si en tres tardes me pongo a tiempo completo a meter facturas en el programa y las dejo niqueladas? ¿para qué escribir alguna cosilla si no tengo mucha imaginación en estos momentos ni ninguna apetencia por ello?
No sé si será la edad la que justique, entre otras razones, este estado. Tampoco está mal descansar y entregarse a la holgazanería en alguna ocasión. No me preocupa mucho estar en este estado (tengo pereza hasta para pensar en ello). Pero en fin, me sumo a la normalidad del español medio: la pereza, ese pecado capital que tanto gusta a los habitantes de la piel de toro (así nos va)
Pero llevo una temporada en el que la pereza empieza a ganarme la partida en algunos terrenos. No es que me haya entregado a la vagancia de forma descarada, no es eso. Pero tareas que tengo pendientes por hacer, y que tengo que hacer, no las hago. No es que se trate de cosas que no puedan esperar, pero digamos que son cosas que tarde o temprano tengo que hacer, y me da una pereza espantosa.
Ahora mismo estoy de vacaciones y la lista de tareas pendientes es larga. Pero entre mis planes no está hacerlas. Debería hacerlas pues ahora dispongo de tiempo pero no me apetece nada. No sé si es pereza, apatía, desmotivación u holgazanería. Pero francamente, no tengo ningún interés en gastar tiempo y dinero en mis deberes pendientes, como raspar y pintar el techo de mi comedor, comprarme un armario para guardar cosas en el tendedero, adelantar las compras navideñas, limpiar el coche por dentro, escribir alguna cosilla, poner al día las cuentas en mi pluriempleo...
Supongo que entre otras cosas no me apetece hacerlas porque no encuentro mucha utilidad en el fin último de estas cosas. ¿Para qué recomponer la casa si no voy a vivir en ella? ¿Para que limpiar el coche con lo que se ensucia en invierno? ¿para que ir a comprar los Reyes si no tengo ni idea de lo que voy a comprar y cuando todavía queda un mes para el seis de enero? ¿Para que ponerme al día en el pluriempleo si en tres tardes me pongo a tiempo completo a meter facturas en el programa y las dejo niqueladas? ¿para qué escribir alguna cosilla si no tengo mucha imaginación en estos momentos ni ninguna apetencia por ello?
No sé si será la edad la que justique, entre otras razones, este estado. Tampoco está mal descansar y entregarse a la holgazanería en alguna ocasión. No me preocupa mucho estar en este estado (tengo pereza hasta para pensar en ello). Pero en fin, me sumo a la normalidad del español medio: la pereza, ese pecado capital que tanto gusta a los habitantes de la piel de toro (así nos va)
martes, 26 de octubre de 2010
Porque no me gusta Letizia
Lo siento. No me gusta la Princesa de Asturias. No, no es envidia (siempre que se critica a alguien en España se califíca al crítico de envidioso, cosa que yo creo que no es cierta). Es más, soy pro-Peñafiel porque creo que es el único que ha dicho abiertamente que durante treinta años le han vendido una moto que al final no ha sido tal.
Desde el primer día en que la ví como prometida del Príncipe, la encontré pretenciosa y con afán de protagonismo. Segura de si misma, si, pero demasiado echada para delante en un institución en la que guardar las formas es esencial. Con el tiempo, creo que esos rasgos, en vez ser pulidos, se han acrecentado. Siempre tiene que decir una palabra cuando a ella no le toca hablar, poner la puntilla. Y dar empujoncitos a la Reina para que hable como la he visto en alguna ocasión hacer... ufff... me parece demasiado. Recuerdo en los Juegos Olímpicos de Pekín, cuando el dueto Gomaespuma hizo una entrevista al Príncipe de Asturias en su estilo humorístico y desenfadado allí se acercó ella, con la intención de hacerse la graciosa, de vacilar a los propios Gomaespuma, reyes ellos del arte del vacile.
La encuentro demasiado artificial, demasiado obsesionada por ser perfecta. Fruto de ello son las ciruguas estéticas a las que se ha sometido. No porque no se encontrara guapa (creo yo que antes lo era más, con su nariz aguileña y su mentón saliente) sino por el afán de pulirse, de ser irreprochable. Cada vez más rubia, menos arrugada, con los dientes más blancos... Y esa obsesión por acortar su distancia en altura con el Príncipe, con unos zapatos que a veces rayan en lo rídiculo.
Cuando salió la noticia del compromiso, recuerdo que leí un artículo en un periódico donde no la ponían precisamente bien. Sus propios compañeros de trabajo la llamaban La ficticia Letizia y recuerdo perfectamente una frase en la que definían su modo de comportarse: "parecía que andaba siempre unos centímetros por encima del suelo", de lo que se denota una enorme altivez.
Tampoco entendí en su día que muchos periodistas, que se habían hinchado a criticar a Eva Sannum, riéndose de sus padres divorciados, y afirmando que una chica que había posado en bragas nunca podría ser reina de España, que luego se tragaran sin rechistar el hecho de que la futura reina de España fuese una mujer divorciada, con padres divorciados. No se si fue por lo del corporativismo, pues Letizia era periodista. Pero creo yo que pagarse la carrera de publicidad con trabajos de moda, tal y como hacía Eva Sannum, no era ni mucho menos indigno. Se le atacó por ser modelo, simple y llanamente.
Y luego ya, en mi valoración más personal, pues de esto nadie tiene pruebas, yo creo que Letizia Ortiz en su día se casó con Felipe de Borbón porque le amaba y porque ella tiene una enorme ambición, por su afición por figurar, por ser el centro de atención. Y que mejor pasarela para lograr ese objetivo que ser Príncesa de Asturias y futura Reina de España.
Dentro de estas valoraciones, pienso que quizás al Príncipe le pone Letizia porque al contrario de la humanidad que le rodea, ella le replica, le contesta y se pone por encima de él (tal y como se vió en la pedida de mano). Imagino que toda su vida ha estado rodeado de pelotas y gente que ha alabado todas sus acciones, ya fueran buenas o malas. Y encontrar una persona que sea justo lo contrario pues debe ser emocionante.
En fin, que a mi me gustaba Eva Sannum, no lo voy a negar y creo que se cometió una gran injusticia con ella. Y sinceramente, si no se corrige (y mucho), creo que el comportamiento de Letizia, será, entre otras muchas causas, un factor que desencadenará la futura e inevitable III República en España.
Desde el primer día en que la ví como prometida del Príncipe, la encontré pretenciosa y con afán de protagonismo. Segura de si misma, si, pero demasiado echada para delante en un institución en la que guardar las formas es esencial. Con el tiempo, creo que esos rasgos, en vez ser pulidos, se han acrecentado. Siempre tiene que decir una palabra cuando a ella no le toca hablar, poner la puntilla. Y dar empujoncitos a la Reina para que hable como la he visto en alguna ocasión hacer... ufff... me parece demasiado. Recuerdo en los Juegos Olímpicos de Pekín, cuando el dueto Gomaespuma hizo una entrevista al Príncipe de Asturias en su estilo humorístico y desenfadado allí se acercó ella, con la intención de hacerse la graciosa, de vacilar a los propios Gomaespuma, reyes ellos del arte del vacile.
La encuentro demasiado artificial, demasiado obsesionada por ser perfecta. Fruto de ello son las ciruguas estéticas a las que se ha sometido. No porque no se encontrara guapa (creo yo que antes lo era más, con su nariz aguileña y su mentón saliente) sino por el afán de pulirse, de ser irreprochable. Cada vez más rubia, menos arrugada, con los dientes más blancos... Y esa obsesión por acortar su distancia en altura con el Príncipe, con unos zapatos que a veces rayan en lo rídiculo.
Cuando salió la noticia del compromiso, recuerdo que leí un artículo en un periódico donde no la ponían precisamente bien. Sus propios compañeros de trabajo la llamaban La ficticia Letizia y recuerdo perfectamente una frase en la que definían su modo de comportarse: "parecía que andaba siempre unos centímetros por encima del suelo", de lo que se denota una enorme altivez.
Tampoco entendí en su día que muchos periodistas, que se habían hinchado a criticar a Eva Sannum, riéndose de sus padres divorciados, y afirmando que una chica que había posado en bragas nunca podría ser reina de España, que luego se tragaran sin rechistar el hecho de que la futura reina de España fuese una mujer divorciada, con padres divorciados. No se si fue por lo del corporativismo, pues Letizia era periodista. Pero creo yo que pagarse la carrera de publicidad con trabajos de moda, tal y como hacía Eva Sannum, no era ni mucho menos indigno. Se le atacó por ser modelo, simple y llanamente.
Y luego ya, en mi valoración más personal, pues de esto nadie tiene pruebas, yo creo que Letizia Ortiz en su día se casó con Felipe de Borbón porque le amaba y porque ella tiene una enorme ambición, por su afición por figurar, por ser el centro de atención. Y que mejor pasarela para lograr ese objetivo que ser Príncesa de Asturias y futura Reina de España.
Dentro de estas valoraciones, pienso que quizás al Príncipe le pone Letizia porque al contrario de la humanidad que le rodea, ella le replica, le contesta y se pone por encima de él (tal y como se vió en la pedida de mano). Imagino que toda su vida ha estado rodeado de pelotas y gente que ha alabado todas sus acciones, ya fueran buenas o malas. Y encontrar una persona que sea justo lo contrario pues debe ser emocionante.
En fin, que a mi me gustaba Eva Sannum, no lo voy a negar y creo que se cometió una gran injusticia con ella. Y sinceramente, si no se corrige (y mucho), creo que el comportamiento de Letizia, será, entre otras muchas causas, un factor que desencadenará la futura e inevitable III República en España.
jueves, 30 de septiembre de 2010
La gran derrota
El 29 de septiembre hubo huelga general. Si no me equivoco, la séptima desde que se inició la democracia en España. Las cifras, como siempre, dispares. Según los sindicatos, la huelga fue seguida por un 70% de los trabajadores. El Gobierno dice que sólo un 5% paró en su actividad. El consumo de energía con respecto a un día habitual descendió en torno a un 17%. Yo creo que este porcentaje es el más fiable, o por lo menos, más aproximado. Si extrapolo los resultados de mi centro de trabajo a la globalidad, sólo un 2% habrìa hecho huelga, pero hacer este razonamiento es una tonteria.
Hoy la prensa analiza el paro. Unos dicen que ha sido un gran fracaso de los sindicatos. Otros hablan de un fracaso de las políticas del gobierno que lleva a una huelga general. Yo creo que los grandes perdedores son los trabajadores en particular, y toda una generación de obreros en general.
Y digo esto porque es muy triste que los trabajadores no vayamos a la huelga (yo la primera) por razones como...
a)No hacer el caldo gordo a los sindicatos. Este motivo se lo he oído a un montón de gente y me entristece mogollón. Que los obreros vean a los sindicatos no como defensores de los trabajadores sino como funcionarios del estado y chupocteros es muy triste. Evidentemente los sindicatos tienen mucha responsabilidad en esta mala imagen, pero la gente les aplica la ley del embudo y eso tampoco está bien. Porque cuando uno tiene un conflicto laboral bien que acude al sindicato corriendo para que le defienda o asesore.
b)Lo importante es trabajar en esta época de crisis, asi que, ¿por qué hacer la huelga?. Este razonamiento es peligroso porque radicalizandolo lo llevo al regimen de esclavitud. "Mi jefe me hace la vida imposible, tengo unos horarios horrorosos, gano ochocientos euros, pero oye, tengo trabajo que es lo que importa".
c)Gano poco dinero y no me puedo permitir perder cien o doscientos euros en un mes porque no llego a fin de mes. Es triste también, porque se parece al argumento anterior. Y porque además lo cortés no quita lo valiente. Porque es tan importante ganar un sueldo como que cuando te despidan te paguen lo que te corresponde.
d)Es que yo soy de izquierdas y no voy a hacer la huelga contra un gobierno de izquierdas. Otra idiotez que denota fanatismo. Cuando una política laboral es mala, es mala, independientemente de que las decidan gobiernos de izquierdas o de derechas y no hacer una huelga a los de mi bando, porque son mi ideología, aunque me estén fastidiando de por vida, me parece un razonamiento pésimo.
En suma, me parece muy, muy triste que los trabajadores de hoy en día no queramos o no sepamos movilizarnos por nuestros derechos. Por los motivos que sean, pero resulta penoso el hecho de estar tan engullido dentro del sistema, tan resignado a "esto es lo que hay" que no nos arriesguemos, ya no por cambiar el mundo, sino por luchar porque no nos quiten aquello que ha costado tanto conseguir. Quizás los de mi generación, como hemos vivido en un regimen de libertades y derechos donde todo nos ha sido dado, no lo valoramos, como si hubieran sido derechos innatos, en vez de adquiridos. Y por eso yo creo que la escasa movilización en esta huelga general es la gran derrota de los obreros, de los trabajadores, grandes o pequeños, con mayor o con menor sueldo, con mejor o peor categoria. La gran derrota de todos nosotros, que nos meten en una balsa con agua ardiendo, nos condenan a la silla eléctrica por un crimen que no hemos cometido, y no somos capaces, ni siquiera, de protestar.
Hoy la prensa analiza el paro. Unos dicen que ha sido un gran fracaso de los sindicatos. Otros hablan de un fracaso de las políticas del gobierno que lleva a una huelga general. Yo creo que los grandes perdedores son los trabajadores en particular, y toda una generación de obreros en general.
Y digo esto porque es muy triste que los trabajadores no vayamos a la huelga (yo la primera) por razones como...
a)No hacer el caldo gordo a los sindicatos. Este motivo se lo he oído a un montón de gente y me entristece mogollón. Que los obreros vean a los sindicatos no como defensores de los trabajadores sino como funcionarios del estado y chupocteros es muy triste. Evidentemente los sindicatos tienen mucha responsabilidad en esta mala imagen, pero la gente les aplica la ley del embudo y eso tampoco está bien. Porque cuando uno tiene un conflicto laboral bien que acude al sindicato corriendo para que le defienda o asesore.
b)Lo importante es trabajar en esta época de crisis, asi que, ¿por qué hacer la huelga?. Este razonamiento es peligroso porque radicalizandolo lo llevo al regimen de esclavitud. "Mi jefe me hace la vida imposible, tengo unos horarios horrorosos, gano ochocientos euros, pero oye, tengo trabajo que es lo que importa".
c)Gano poco dinero y no me puedo permitir perder cien o doscientos euros en un mes porque no llego a fin de mes. Es triste también, porque se parece al argumento anterior. Y porque además lo cortés no quita lo valiente. Porque es tan importante ganar un sueldo como que cuando te despidan te paguen lo que te corresponde.
d)Es que yo soy de izquierdas y no voy a hacer la huelga contra un gobierno de izquierdas. Otra idiotez que denota fanatismo. Cuando una política laboral es mala, es mala, independientemente de que las decidan gobiernos de izquierdas o de derechas y no hacer una huelga a los de mi bando, porque son mi ideología, aunque me estén fastidiando de por vida, me parece un razonamiento pésimo.
En suma, me parece muy, muy triste que los trabajadores de hoy en día no queramos o no sepamos movilizarnos por nuestros derechos. Por los motivos que sean, pero resulta penoso el hecho de estar tan engullido dentro del sistema, tan resignado a "esto es lo que hay" que no nos arriesguemos, ya no por cambiar el mundo, sino por luchar porque no nos quiten aquello que ha costado tanto conseguir. Quizás los de mi generación, como hemos vivido en un regimen de libertades y derechos donde todo nos ha sido dado, no lo valoramos, como si hubieran sido derechos innatos, en vez de adquiridos. Y por eso yo creo que la escasa movilización en esta huelga general es la gran derrota de los obreros, de los trabajadores, grandes o pequeños, con mayor o con menor sueldo, con mejor o peor categoria. La gran derrota de todos nosotros, que nos meten en una balsa con agua ardiendo, nos condenan a la silla eléctrica por un crimen que no hemos cometido, y no somos capaces, ni siquiera, de protestar.
jueves, 23 de septiembre de 2010
Biografías
Los actores suelen decir que su profesión les permite vivir varias vidas en una sola, pues encarnan a través de sus personajes, distintas actitudes, distintas vivencias, distintas personalidades.
En mi caso, que no soy actriz, si soy una gran amante de las biografías, que me gusta leer o incluso ver en recreaciones para la televisión o el cine. Evidentemente no es lo mismo, pero supongo que leer las vidas de otras personas, tiene algo de vouayerismo, de curiosidad, de cotilleo, o simplemente, una manera de descubrir, a través de los ojos de otros, otras vivencias, otras experiencias, otros modos de afrontar la vida.
Es cierto que las autobiografías tienen algo de engañoso, pues uno nunca habla de aquello que hizo mal o de lo que se avergüence hasta el infinito. Las visiones realizafas por otros también están mediatizadas, según se tenga un buen o un mal concepto de la persona y/o personaje.
El caso es que ahora me estoy leyendo una biografía de Vicente Ferrer, el exjesuita afincado en la India, con el objetivo, supongo, de ver como alguien aparentemente normal puede convertirse en una especie de santo en vida. De otras biografías, como la de Chaplin, Juana la Loca, Kennedy y otros me han aportado conocimientos varios y ciertos conocimientos solo útiles para el Trivial. Veremos que saco en claro de la del valenciano
En mi caso, que no soy actriz, si soy una gran amante de las biografías, que me gusta leer o incluso ver en recreaciones para la televisión o el cine. Evidentemente no es lo mismo, pero supongo que leer las vidas de otras personas, tiene algo de vouayerismo, de curiosidad, de cotilleo, o simplemente, una manera de descubrir, a través de los ojos de otros, otras vivencias, otras experiencias, otros modos de afrontar la vida.
Es cierto que las autobiografías tienen algo de engañoso, pues uno nunca habla de aquello que hizo mal o de lo que se avergüence hasta el infinito. Las visiones realizafas por otros también están mediatizadas, según se tenga un buen o un mal concepto de la persona y/o personaje.
El caso es que ahora me estoy leyendo una biografía de Vicente Ferrer, el exjesuita afincado en la India, con el objetivo, supongo, de ver como alguien aparentemente normal puede convertirse en una especie de santo en vida. De otras biografías, como la de Chaplin, Juana la Loca, Kennedy y otros me han aportado conocimientos varios y ciertos conocimientos solo útiles para el Trivial. Veremos que saco en claro de la del valenciano
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