Lo siento. No me gusta la Princesa de Asturias. No, no es envidia (siempre que se critica a alguien en España se califíca al crítico de envidioso, cosa que yo creo que no es cierta). Es más, soy pro-Peñafiel porque creo que es el único que ha dicho abiertamente que durante treinta años le han vendido una moto que al final no ha sido tal.
Desde el primer día en que la ví como prometida del Príncipe, la encontré pretenciosa y con afán de protagonismo. Segura de si misma, si, pero demasiado echada para delante en un institución en la que guardar las formas es esencial. Con el tiempo, creo que esos rasgos, en vez ser pulidos, se han acrecentado. Siempre tiene que decir una palabra cuando a ella no le toca hablar, poner la puntilla. Y dar empujoncitos a la Reina para que hable como la he visto en alguna ocasión hacer... ufff... me parece demasiado. Recuerdo en los Juegos Olímpicos de Pekín, cuando el dueto Gomaespuma hizo una entrevista al Príncipe de Asturias en su estilo humorístico y desenfadado allí se acercó ella, con la intención de hacerse la graciosa, de vacilar a los propios Gomaespuma, reyes ellos del arte del vacile.
La encuentro demasiado artificial, demasiado obsesionada por ser perfecta. Fruto de ello son las ciruguas estéticas a las que se ha sometido. No porque no se encontrara guapa (creo yo que antes lo era más, con su nariz aguileña y su mentón saliente) sino por el afán de pulirse, de ser irreprochable. Cada vez más rubia, menos arrugada, con los dientes más blancos... Y esa obsesión por acortar su distancia en altura con el Príncipe, con unos zapatos que a veces rayan en lo rídiculo.
Cuando salió la noticia del compromiso, recuerdo que leí un artículo en un periódico donde no la ponían precisamente bien. Sus propios compañeros de trabajo la llamaban La ficticia Letizia y recuerdo perfectamente una frase en la que definían su modo de comportarse: "parecía que andaba siempre unos centímetros por encima del suelo", de lo que se denota una enorme altivez.
Tampoco entendí en su día que muchos periodistas, que se habían hinchado a criticar a Eva Sannum, riéndose de sus padres divorciados, y afirmando que una chica que había posado en bragas nunca podría ser reina de España, que luego se tragaran sin rechistar el hecho de que la futura reina de España fuese una mujer divorciada, con padres divorciados. No se si fue por lo del corporativismo, pues Letizia era periodista. Pero creo yo que pagarse la carrera de publicidad con trabajos de moda, tal y como hacía Eva Sannum, no era ni mucho menos indigno. Se le atacó por ser modelo, simple y llanamente.
Y luego ya, en mi valoración más personal, pues de esto nadie tiene pruebas, yo creo que Letizia Ortiz en su día se casó con Felipe de Borbón porque le amaba y porque ella tiene una enorme ambición, por su afición por figurar, por ser el centro de atención. Y que mejor pasarela para lograr ese objetivo que ser Príncesa de Asturias y futura Reina de España.
Dentro de estas valoraciones, pienso que quizás al Príncipe le pone Letizia porque al contrario de la humanidad que le rodea, ella le replica, le contesta y se pone por encima de él (tal y como se vió en la pedida de mano). Imagino que toda su vida ha estado rodeado de pelotas y gente que ha alabado todas sus acciones, ya fueran buenas o malas. Y encontrar una persona que sea justo lo contrario pues debe ser emocionante.
En fin, que a mi me gustaba Eva Sannum, no lo voy a negar y creo que se cometió una gran injusticia con ella. Y sinceramente, si no se corrige (y mucho), creo que el comportamiento de Letizia, será, entre otras muchas causas, un factor que desencadenará la futura e inevitable III República en España.
martes, 26 de octubre de 2010
jueves, 30 de septiembre de 2010
La gran derrota
El 29 de septiembre hubo huelga general. Si no me equivoco, la séptima desde que se inició la democracia en España. Las cifras, como siempre, dispares. Según los sindicatos, la huelga fue seguida por un 70% de los trabajadores. El Gobierno dice que sólo un 5% paró en su actividad. El consumo de energía con respecto a un día habitual descendió en torno a un 17%. Yo creo que este porcentaje es el más fiable, o por lo menos, más aproximado. Si extrapolo los resultados de mi centro de trabajo a la globalidad, sólo un 2% habrìa hecho huelga, pero hacer este razonamiento es una tonteria.
Hoy la prensa analiza el paro. Unos dicen que ha sido un gran fracaso de los sindicatos. Otros hablan de un fracaso de las políticas del gobierno que lleva a una huelga general. Yo creo que los grandes perdedores son los trabajadores en particular, y toda una generación de obreros en general.
Y digo esto porque es muy triste que los trabajadores no vayamos a la huelga (yo la primera) por razones como...
a)No hacer el caldo gordo a los sindicatos. Este motivo se lo he oído a un montón de gente y me entristece mogollón. Que los obreros vean a los sindicatos no como defensores de los trabajadores sino como funcionarios del estado y chupocteros es muy triste. Evidentemente los sindicatos tienen mucha responsabilidad en esta mala imagen, pero la gente les aplica la ley del embudo y eso tampoco está bien. Porque cuando uno tiene un conflicto laboral bien que acude al sindicato corriendo para que le defienda o asesore.
b)Lo importante es trabajar en esta época de crisis, asi que, ¿por qué hacer la huelga?. Este razonamiento es peligroso porque radicalizandolo lo llevo al regimen de esclavitud. "Mi jefe me hace la vida imposible, tengo unos horarios horrorosos, gano ochocientos euros, pero oye, tengo trabajo que es lo que importa".
c)Gano poco dinero y no me puedo permitir perder cien o doscientos euros en un mes porque no llego a fin de mes. Es triste también, porque se parece al argumento anterior. Y porque además lo cortés no quita lo valiente. Porque es tan importante ganar un sueldo como que cuando te despidan te paguen lo que te corresponde.
d)Es que yo soy de izquierdas y no voy a hacer la huelga contra un gobierno de izquierdas. Otra idiotez que denota fanatismo. Cuando una política laboral es mala, es mala, independientemente de que las decidan gobiernos de izquierdas o de derechas y no hacer una huelga a los de mi bando, porque son mi ideología, aunque me estén fastidiando de por vida, me parece un razonamiento pésimo.
En suma, me parece muy, muy triste que los trabajadores de hoy en día no queramos o no sepamos movilizarnos por nuestros derechos. Por los motivos que sean, pero resulta penoso el hecho de estar tan engullido dentro del sistema, tan resignado a "esto es lo que hay" que no nos arriesguemos, ya no por cambiar el mundo, sino por luchar porque no nos quiten aquello que ha costado tanto conseguir. Quizás los de mi generación, como hemos vivido en un regimen de libertades y derechos donde todo nos ha sido dado, no lo valoramos, como si hubieran sido derechos innatos, en vez de adquiridos. Y por eso yo creo que la escasa movilización en esta huelga general es la gran derrota de los obreros, de los trabajadores, grandes o pequeños, con mayor o con menor sueldo, con mejor o peor categoria. La gran derrota de todos nosotros, que nos meten en una balsa con agua ardiendo, nos condenan a la silla eléctrica por un crimen que no hemos cometido, y no somos capaces, ni siquiera, de protestar.
Hoy la prensa analiza el paro. Unos dicen que ha sido un gran fracaso de los sindicatos. Otros hablan de un fracaso de las políticas del gobierno que lleva a una huelga general. Yo creo que los grandes perdedores son los trabajadores en particular, y toda una generación de obreros en general.
Y digo esto porque es muy triste que los trabajadores no vayamos a la huelga (yo la primera) por razones como...
a)No hacer el caldo gordo a los sindicatos. Este motivo se lo he oído a un montón de gente y me entristece mogollón. Que los obreros vean a los sindicatos no como defensores de los trabajadores sino como funcionarios del estado y chupocteros es muy triste. Evidentemente los sindicatos tienen mucha responsabilidad en esta mala imagen, pero la gente les aplica la ley del embudo y eso tampoco está bien. Porque cuando uno tiene un conflicto laboral bien que acude al sindicato corriendo para que le defienda o asesore.
b)Lo importante es trabajar en esta época de crisis, asi que, ¿por qué hacer la huelga?. Este razonamiento es peligroso porque radicalizandolo lo llevo al regimen de esclavitud. "Mi jefe me hace la vida imposible, tengo unos horarios horrorosos, gano ochocientos euros, pero oye, tengo trabajo que es lo que importa".
c)Gano poco dinero y no me puedo permitir perder cien o doscientos euros en un mes porque no llego a fin de mes. Es triste también, porque se parece al argumento anterior. Y porque además lo cortés no quita lo valiente. Porque es tan importante ganar un sueldo como que cuando te despidan te paguen lo que te corresponde.
d)Es que yo soy de izquierdas y no voy a hacer la huelga contra un gobierno de izquierdas. Otra idiotez que denota fanatismo. Cuando una política laboral es mala, es mala, independientemente de que las decidan gobiernos de izquierdas o de derechas y no hacer una huelga a los de mi bando, porque son mi ideología, aunque me estén fastidiando de por vida, me parece un razonamiento pésimo.
En suma, me parece muy, muy triste que los trabajadores de hoy en día no queramos o no sepamos movilizarnos por nuestros derechos. Por los motivos que sean, pero resulta penoso el hecho de estar tan engullido dentro del sistema, tan resignado a "esto es lo que hay" que no nos arriesguemos, ya no por cambiar el mundo, sino por luchar porque no nos quiten aquello que ha costado tanto conseguir. Quizás los de mi generación, como hemos vivido en un regimen de libertades y derechos donde todo nos ha sido dado, no lo valoramos, como si hubieran sido derechos innatos, en vez de adquiridos. Y por eso yo creo que la escasa movilización en esta huelga general es la gran derrota de los obreros, de los trabajadores, grandes o pequeños, con mayor o con menor sueldo, con mejor o peor categoria. La gran derrota de todos nosotros, que nos meten en una balsa con agua ardiendo, nos condenan a la silla eléctrica por un crimen que no hemos cometido, y no somos capaces, ni siquiera, de protestar.
jueves, 23 de septiembre de 2010
Biografías
Los actores suelen decir que su profesión les permite vivir varias vidas en una sola, pues encarnan a través de sus personajes, distintas actitudes, distintas vivencias, distintas personalidades.
En mi caso, que no soy actriz, si soy una gran amante de las biografías, que me gusta leer o incluso ver en recreaciones para la televisión o el cine. Evidentemente no es lo mismo, pero supongo que leer las vidas de otras personas, tiene algo de vouayerismo, de curiosidad, de cotilleo, o simplemente, una manera de descubrir, a través de los ojos de otros, otras vivencias, otras experiencias, otros modos de afrontar la vida.
Es cierto que las autobiografías tienen algo de engañoso, pues uno nunca habla de aquello que hizo mal o de lo que se avergüence hasta el infinito. Las visiones realizafas por otros también están mediatizadas, según se tenga un buen o un mal concepto de la persona y/o personaje.
El caso es que ahora me estoy leyendo una biografía de Vicente Ferrer, el exjesuita afincado en la India, con el objetivo, supongo, de ver como alguien aparentemente normal puede convertirse en una especie de santo en vida. De otras biografías, como la de Chaplin, Juana la Loca, Kennedy y otros me han aportado conocimientos varios y ciertos conocimientos solo útiles para el Trivial. Veremos que saco en claro de la del valenciano
En mi caso, que no soy actriz, si soy una gran amante de las biografías, que me gusta leer o incluso ver en recreaciones para la televisión o el cine. Evidentemente no es lo mismo, pero supongo que leer las vidas de otras personas, tiene algo de vouayerismo, de curiosidad, de cotilleo, o simplemente, una manera de descubrir, a través de los ojos de otros, otras vivencias, otras experiencias, otros modos de afrontar la vida.
Es cierto que las autobiografías tienen algo de engañoso, pues uno nunca habla de aquello que hizo mal o de lo que se avergüence hasta el infinito. Las visiones realizafas por otros también están mediatizadas, según se tenga un buen o un mal concepto de la persona y/o personaje.
El caso es que ahora me estoy leyendo una biografía de Vicente Ferrer, el exjesuita afincado en la India, con el objetivo, supongo, de ver como alguien aparentemente normal puede convertirse en una especie de santo en vida. De otras biografías, como la de Chaplin, Juana la Loca, Kennedy y otros me han aportado conocimientos varios y ciertos conocimientos solo útiles para el Trivial. Veremos que saco en claro de la del valenciano
martes, 27 de julio de 2010
Ni en mis mejores sueños lo pensé... ¡España campeona del mundo de fútbol!
Según los sociólogos y los expertos en demografía, las generaciones comprenden unos veitincinco años de duración. Yo tengo treintaidos años, no soy vieja, tampoco joven, y desde el punto de vista generacional podría incluirme en los que tienen ahora cincuentaisiete años (veinticinco más que yo) o los que tienen siete (veinticinco años menos).
En cualquier caso yo me considero de una generación intermedia. Una generación que ha vivido algunas cosas de sus padres (sin llegar a sus extremos), que ha vivido ya con tecnología pero no con tanto apabullamiento tecnológico, como han vivido los que hayan nacido hace diez años, en cuyas vidas siempre han existido los teléfonos móviles e internet.
Y en el deporte tres cuartas partes de lo mismo. Cuando yo era niña, los únicos deportistas que habían obtenido éxito internacional eran Severiano Ballesteros y ... Severiano Ballesteros, básicamente. Que España obtuviera tres medallas en las Olimpiadas de Los Angeles 1984 o Seúl 1988 eran logros. El Real Madrid había ganado sus copas en blanco y negro al igual que Manolo Santana, que había alcanzado sus triunfos en tenis en la década de los sesenta.
Todo cambio con Barcelona 92, las becas ADO y el cambio de mentalidad de los españoles, así como nuestro propio desarrollo. Antes apenas había instalaciones deportivas públicas, y el deporte era cosa de ricos que iban a sus clubs privados, porque los pobres, trabajando doce horas al día, aunque fuesen muy conscientes de los beneficios de la actividad física, no podian practicar deporte alguno.
¿Por qué escribo todo esto? Porque precisamente, por haber vivido esa realidad de niña (la infancia marca para el resto de la vida) todavia, a veces, me sorprende ver a los españoles en lo más alto del podium. Nunca pensé que vería un campeón español de Gram Slam de la categoria de Rafa Nadal, que escribirá una página muy destacada en el tenis mundial. Y que después de Induráin (un prodigio de la naturaleza, un depotista excepcional) ningún español alcanzaría un éxito siquiera parecido, como lo está consiguiendo Alberto Contador con tres Tours de Francia a sus espaldas. Y nunca pensé que una española pudiera ganar una medalla de oro en atletismo en unos mundiales, como Marta Domínguez. Y ni en mis mejores sueños pensé que la selección española de baloncesto, y sobre todo, la de fútbol, ganaría el Mundial, como lo han hecho estos últimos en el 2010.
En suma, ya no debería sorprenderme tanto ver a los españoles siendo los mejores del mundo y debería ser menos escéptica cuando les veo en competiciones internacionales. debería apelar el orgullo patrio, la formación de nuestros deportistas de élite, cuyos triunfos, son quizás más trabajados y valiosos que los de alemanes o norteamericanos, pues con todo el progreso obtenido, ni mucho menos se ha llegado al nivel de otras potencias en los que a medios de preparación para profesionales del deporte se refiere.
Supongo que tras Barcelona 92, en España los gobiernos son conscientes de la gran capacidad propagandística de los éxitos deportivos a nivel internacional y nacional. Quizás por eso, se alienta y se apoya más al profesional... una lástima que la base de los actuales éxitos deportivos sea esa, la propaganda, aunque para muchos de los espectadores, la mayoría, lo que cuenta es el éxito finaldel deportista, no como ha venido.
Tan sólo añadir que soy consciente de haber vivido dos acontecimientos deportivos excepcionales en España, de calado histórico: ¡España campeona de Europa y del Mundo en fútbol! ¡Increible pero cierto!
En cualquier caso yo me considero de una generación intermedia. Una generación que ha vivido algunas cosas de sus padres (sin llegar a sus extremos), que ha vivido ya con tecnología pero no con tanto apabullamiento tecnológico, como han vivido los que hayan nacido hace diez años, en cuyas vidas siempre han existido los teléfonos móviles e internet.
Y en el deporte tres cuartas partes de lo mismo. Cuando yo era niña, los únicos deportistas que habían obtenido éxito internacional eran Severiano Ballesteros y ... Severiano Ballesteros, básicamente. Que España obtuviera tres medallas en las Olimpiadas de Los Angeles 1984 o Seúl 1988 eran logros. El Real Madrid había ganado sus copas en blanco y negro al igual que Manolo Santana, que había alcanzado sus triunfos en tenis en la década de los sesenta.
Todo cambio con Barcelona 92, las becas ADO y el cambio de mentalidad de los españoles, así como nuestro propio desarrollo. Antes apenas había instalaciones deportivas públicas, y el deporte era cosa de ricos que iban a sus clubs privados, porque los pobres, trabajando doce horas al día, aunque fuesen muy conscientes de los beneficios de la actividad física, no podian practicar deporte alguno.
¿Por qué escribo todo esto? Porque precisamente, por haber vivido esa realidad de niña (la infancia marca para el resto de la vida) todavia, a veces, me sorprende ver a los españoles en lo más alto del podium. Nunca pensé que vería un campeón español de Gram Slam de la categoria de Rafa Nadal, que escribirá una página muy destacada en el tenis mundial. Y que después de Induráin (un prodigio de la naturaleza, un depotista excepcional) ningún español alcanzaría un éxito siquiera parecido, como lo está consiguiendo Alberto Contador con tres Tours de Francia a sus espaldas. Y nunca pensé que una española pudiera ganar una medalla de oro en atletismo en unos mundiales, como Marta Domínguez. Y ni en mis mejores sueños pensé que la selección española de baloncesto, y sobre todo, la de fútbol, ganaría el Mundial, como lo han hecho estos últimos en el 2010.
En suma, ya no debería sorprenderme tanto ver a los españoles siendo los mejores del mundo y debería ser menos escéptica cuando les veo en competiciones internacionales. debería apelar el orgullo patrio, la formación de nuestros deportistas de élite, cuyos triunfos, son quizás más trabajados y valiosos que los de alemanes o norteamericanos, pues con todo el progreso obtenido, ni mucho menos se ha llegado al nivel de otras potencias en los que a medios de preparación para profesionales del deporte se refiere.
Supongo que tras Barcelona 92, en España los gobiernos son conscientes de la gran capacidad propagandística de los éxitos deportivos a nivel internacional y nacional. Quizás por eso, se alienta y se apoya más al profesional... una lástima que la base de los actuales éxitos deportivos sea esa, la propaganda, aunque para muchos de los espectadores, la mayoría, lo que cuenta es el éxito finaldel deportista, no como ha venido.
Tan sólo añadir que soy consciente de haber vivido dos acontecimientos deportivos excepcionales en España, de calado histórico: ¡España campeona de Europa y del Mundo en fútbol! ¡Increible pero cierto!
jueves, 8 de julio de 2010
Simbolos
En segundo de carrera tuve como profesor al antropólogo y sociólogo José Antonio Jáuregui, el mejor profesor que he tuve en mi larga vida académica y que falleció hace unos cinco años. En sus clases, entre otras cosas, explicaba la importancia de los símbolos. Los símbolos, en si mismos, no eran nada: un trozo de papel, una señal de tráfico, un triste trapo en forma de bandera... Sin embargo, su importancia radicaba en toda la carga connotativa que llevaban dentro y que eran capaces de aglutinar a todo un pueblo, de unirlo.
Cuento esto por motivo del Mundial de Fútbol, que tras unos Juegos Olímpicos, es el evento deportivo con mayor seguimiento mundial. Hace ya dos años, con motivo del buen papel de la selección española en la Eurocopa, mucha gente se compró una bandera española y la colgó en su balcón. Y en el Mundial, con la llegada del equipo a la final, ha ocurrido lo mismo. En otro contexto, a todos los que han colgado una bandera se les hubiera calificado de "facha", pero claro, como hacía referencia a la selección de fútbol... pues no es lo mismo.
Pero para mi esto no deja de tener un cierto trasfondo triste. Me alegra ver que la gente se quita ciertos complejos heredados del franquismo y se reconoce en sus simbolos tradicionales: banderas, himnos, escudos... Pero también me parece un poco triste que sea el fútbol, y sólo el fútbol, el que nos haga recuperar esto y sentirnos orgullosos de nuestra nación y cantar eso del "Yo soy español, español, español...". ¿Por qué no aglutinarnos en torno a la bandera, o sentirnos orgullosos de ella y de lo español, cuando a un científico español se le reconoce fuera? ¿O a un artista? ¿o cuando se exporta a otros países sanas costumbres españolas? Y no hablo del chovinismo o de la frase, tan española, de "es que España es lo mejor" que se utiliza como muletilla. Me refiero a que es un poco triste, aunque no deja de ser emocionante, que sea algo banal como el deporte lo que nos une, y que sin embargo, lo esencial, lo básico, sea lo que nos divide. Y que no seamos capaces de movilizarnos tanto por los cuatro millones de parados, o la subida del IVA, o de la edad de jubilación, etc...
En fin. Concluyo con una frase que una vez escuché y que me parece la mejor manera de resumir lo que es la piel de toro:
España es un gran país a pesar de los españoles
Cuento esto por motivo del Mundial de Fútbol, que tras unos Juegos Olímpicos, es el evento deportivo con mayor seguimiento mundial. Hace ya dos años, con motivo del buen papel de la selección española en la Eurocopa, mucha gente se compró una bandera española y la colgó en su balcón. Y en el Mundial, con la llegada del equipo a la final, ha ocurrido lo mismo. En otro contexto, a todos los que han colgado una bandera se les hubiera calificado de "facha", pero claro, como hacía referencia a la selección de fútbol... pues no es lo mismo.
Pero para mi esto no deja de tener un cierto trasfondo triste. Me alegra ver que la gente se quita ciertos complejos heredados del franquismo y se reconoce en sus simbolos tradicionales: banderas, himnos, escudos... Pero también me parece un poco triste que sea el fútbol, y sólo el fútbol, el que nos haga recuperar esto y sentirnos orgullosos de nuestra nación y cantar eso del "Yo soy español, español, español...". ¿Por qué no aglutinarnos en torno a la bandera, o sentirnos orgullosos de ella y de lo español, cuando a un científico español se le reconoce fuera? ¿O a un artista? ¿o cuando se exporta a otros países sanas costumbres españolas? Y no hablo del chovinismo o de la frase, tan española, de "es que España es lo mejor" que se utiliza como muletilla. Me refiero a que es un poco triste, aunque no deja de ser emocionante, que sea algo banal como el deporte lo que nos une, y que sin embargo, lo esencial, lo básico, sea lo que nos divide. Y que no seamos capaces de movilizarnos tanto por los cuatro millones de parados, o la subida del IVA, o de la edad de jubilación, etc...
En fin. Concluyo con una frase que una vez escuché y que me parece la mejor manera de resumir lo que es la piel de toro:
España es un gran país a pesar de los españoles
jueves, 13 de mayo de 2010
Y por esto soy del Atleti
Tenía cinco años y era invierno. Lo sé porque fue antes de ir a parvulos (en septiembre del 84) y llevaba mi vestido azul de manga larga, que tanto me gustaba y que mi madre me ponía solo los días que hacía mucho frío. Era sobre mediodía y estaba curioseando en una pipa de bronce que nos regaló tío Ismael (q.e.p.d). Entonces lo ví: era un broche, pequeñito, con franjas rojas y blancas y osito pequeño. No sabía que era eso, de donde venía, pero me gustó. Tanto, que me lo prendí en el vestido.
Cuando mi madre echó el vestido a lavar le quitó la insignia y la devolvió a la pipa. Pasados unos días, puede que semanas, volví a curiosear en la pipa. Y de nuevo vi el broche. Mi hermano José Andrés estaba conmigo.
- ¿Y esto qué es? - le pregunté
- Es el escudo del Atlético de Madrid, mi equipo de fútbol.
Entonces, mentalmente yo me dije: "pues yo también me voy a hacer del Atleti" y desde entonces, ese es mi club. En mi casa mi padre (q.e.p.d) odiaba el deporte en general y el fútbol en particular. Y a los del Atleti les llamaba los rabiosos. Mi madre siempre ha tenido tendencis madridistas aunque no es entusiasta, ni mucho menos. Mis hermanos le deben su afición al equipo colchonero al tío de unos vecinos, que adiestró a varios vecinos en el gusto por el estadio del Manzanares a finales de los setenta.
Desde que voluntariamente me hice del Atleti he sufrido y disfrutado con el equipo. Tengo muchos recuerdos deportivos vinculados a mi equipo. Como aquella liga en la qu quedamos segundos tras el Barcelona siendo Clemente el entrenador. O la muerte de Vicente Calderón y el ascenso de Jesús Gil con el fichaje estrella de Futre. Y la victoria en el Bernabeu, cero-cuatro, con goles de Futre que vimos en casa mi hermano y yo con gran entusiasmo. Alemao, Baltazar, el record de imbatibilidad de Abel, Manolo, Quique Setién, Julio Salinas, Tomás Reñones, Alfredo Santaelena, Juanito, Caminero, Fernando Torres, el mono Burgos, Forlán...
El cuatro-tres al Barcelona en el último minuto. Los seis goles que nos metió el Barcelona. El año del doblete. Las dos copas del Rey consecutivas. Los dos años en el infierno. La derrota en el partido del Centenario. La UEFA de los ochenta, cuando nos eliminaban equipos de Hungria.
Muchas veces me han preguntado porque soy del Atleti. Objetivamente he de decir que soy del Atleti porque lo eran mis hermanos. Pero con los años yo he ido alimentando el sentimiento atlético. Y mi explicación es esta: lo fácil es subirse al carro del vencedor, apuntarte el tanto. Lo fácil es apuntarse al Madrid, al Barcelona, que son equipos con frecuentes victorias. Lo difícil es escoger el sufrimiento del Atleti, la inestabilidad de sus resultados, el ganar al vencedor de la liga y perder frente al colista. Lo difícil es seguir al que hace lo imposible y falla en lo fácil. Lo difícil es sacar pecho diciendo que soy del Atleti cuando el domingo te han humillado en la liga o te han mandado a segunda división. Y como por alguna extraña razón, tiendo a escoger en muchos aspectos de mi vida el camino más tortuoso y el de la autoflagelación, por ese motivo soy del Atleti. Porque va conmigo, con mi carácter, con mi idiosincrasia, con la vida misma. Porque así se disfruta más de la victoria y no se sufre tanto con la derrota.
Porque el Atleti es una metáfora de la vida.
Cuando mi madre echó el vestido a lavar le quitó la insignia y la devolvió a la pipa. Pasados unos días, puede que semanas, volví a curiosear en la pipa. Y de nuevo vi el broche. Mi hermano José Andrés estaba conmigo.
- ¿Y esto qué es? - le pregunté
- Es el escudo del Atlético de Madrid, mi equipo de fútbol.
Entonces, mentalmente yo me dije: "pues yo también me voy a hacer del Atleti" y desde entonces, ese es mi club. En mi casa mi padre (q.e.p.d) odiaba el deporte en general y el fútbol en particular. Y a los del Atleti les llamaba los rabiosos. Mi madre siempre ha tenido tendencis madridistas aunque no es entusiasta, ni mucho menos. Mis hermanos le deben su afición al equipo colchonero al tío de unos vecinos, que adiestró a varios vecinos en el gusto por el estadio del Manzanares a finales de los setenta.
Desde que voluntariamente me hice del Atleti he sufrido y disfrutado con el equipo. Tengo muchos recuerdos deportivos vinculados a mi equipo. Como aquella liga en la qu quedamos segundos tras el Barcelona siendo Clemente el entrenador. O la muerte de Vicente Calderón y el ascenso de Jesús Gil con el fichaje estrella de Futre. Y la victoria en el Bernabeu, cero-cuatro, con goles de Futre que vimos en casa mi hermano y yo con gran entusiasmo. Alemao, Baltazar, el record de imbatibilidad de Abel, Manolo, Quique Setién, Julio Salinas, Tomás Reñones, Alfredo Santaelena, Juanito, Caminero, Fernando Torres, el mono Burgos, Forlán...
El cuatro-tres al Barcelona en el último minuto. Los seis goles que nos metió el Barcelona. El año del doblete. Las dos copas del Rey consecutivas. Los dos años en el infierno. La derrota en el partido del Centenario. La UEFA de los ochenta, cuando nos eliminaban equipos de Hungria.
Muchas veces me han preguntado porque soy del Atleti. Objetivamente he de decir que soy del Atleti porque lo eran mis hermanos. Pero con los años yo he ido alimentando el sentimiento atlético. Y mi explicación es esta: lo fácil es subirse al carro del vencedor, apuntarte el tanto. Lo fácil es apuntarse al Madrid, al Barcelona, que son equipos con frecuentes victorias. Lo difícil es escoger el sufrimiento del Atleti, la inestabilidad de sus resultados, el ganar al vencedor de la liga y perder frente al colista. Lo difícil es seguir al que hace lo imposible y falla en lo fácil. Lo difícil es sacar pecho diciendo que soy del Atleti cuando el domingo te han humillado en la liga o te han mandado a segunda división. Y como por alguna extraña razón, tiendo a escoger en muchos aspectos de mi vida el camino más tortuoso y el de la autoflagelación, por ese motivo soy del Atleti. Porque va conmigo, con mi carácter, con mi idiosincrasia, con la vida misma. Porque así se disfruta más de la victoria y no se sufre tanto con la derrota.
Porque el Atleti es una metáfora de la vida.
martes, 27 de abril de 2010
Vida de mañana / Vida de tarde
En las pelis americanas, cuando tienen que tomar una decisión, los personajes suelen hacer una lista de pros y contras. En la vida real yo alguna vez la he hecho, pero a mi no me funciona debido a mi impulsividad final (reforzando la teoría de Punset). Después de seis años trabajando de tarde, me voy a pasar durante unos meses a la mañana (el famoso e idolatrado por todos turno de 7 a 15). Voy a hacer aqui una lista de pros y contras (yo llegaré a ninguna conclusión, es por escribir algo, que tengo abandonadito al blog).
Turno de Mañana
-Tengo casi toda la tarde libre (teniendo en cuenta que como a las 15:30 y es obligatoria la siesta hasta las 17.15 horas, aproximadamente). Ahora que los días son más largos parece que me cunde más. Además no hago tareas domésticas pues se encarga mi madre (mala que soy)
-Voy un poco como todo el mundo (calculo que el 80% de la gente trabaja de mañana) lo cual es una ventaja a la hora de tener vida social entre semana o por si me quiero apuntar a algún curso (hay más oferta por la tarde, pues hay más demanda)
-Por contra madrugo bastante para mi gusto. Levantarse a las seis creo que no es bueno para los bioritmos corporales. Comer tan tarde (y sola) tampoco me gusta, aunque sea en casa.
-En el trabajo, aunque se me pasa más rápido tengo más estrés: hay más gente, suena más el teléfono. Eso no es bueno para mi salud (ni mi cutis, of course).
-Gano menos dinero, pues me quitan la nocturnidad (¡horror para mi maltrecha economia!)
-Aunque no cojo atasco, hay más tráfico, lo cual estresa más a la hora de conducir (hay que ir más atenta al volante)
Turno de tarde
-Todo es más traquilo. Se me pasan las horas más lentas, si, pero suena menos el teléfono y puedo charlar con mis compañeros más tranquilamente sin tener que preocuparme de los jefes. Además puedo llamar por teléfono cuanto quiera.
-Me levanto a horas más normales y el despertador no es tanta tortura pues a las 8.30 mi cuerpo se despierta solo, sin necesidad de esa maquina inmunda destructora del descanso
-Gano más gracias a mi nocturnidad y no diré que curro menos, pero si más pausada.
-La vida social entre semana desaparece practicamente. Como contrapartida, pues no gasto cuartos.
-Para apuntarse a cursos o lo que sea es más puñetero este turno. En cambio para ir de compras es ideal. ¡No hay nadie en las tiendas, sin agobios!
-Ceno tarde. Preferiría cenar más pronto, aunque como ventaja como pronto (entre las 13.30 y las dos y con mi familia)
-Como tengo más energía por la mañana, la dedico mis cosas. Por la tarde, que es cuando menos energía tengo, la dedico al trabajo (jurjurjur)
Y en fin, esto es un resumen rápido. Y ahora cada cual elija lo que prefiera
Turno de Mañana
-Tengo casi toda la tarde libre (teniendo en cuenta que como a las 15:30 y es obligatoria la siesta hasta las 17.15 horas, aproximadamente). Ahora que los días son más largos parece que me cunde más. Además no hago tareas domésticas pues se encarga mi madre (mala que soy)
-Voy un poco como todo el mundo (calculo que el 80% de la gente trabaja de mañana) lo cual es una ventaja a la hora de tener vida social entre semana o por si me quiero apuntar a algún curso (hay más oferta por la tarde, pues hay más demanda)
-Por contra madrugo bastante para mi gusto. Levantarse a las seis creo que no es bueno para los bioritmos corporales. Comer tan tarde (y sola) tampoco me gusta, aunque sea en casa.
-En el trabajo, aunque se me pasa más rápido tengo más estrés: hay más gente, suena más el teléfono. Eso no es bueno para mi salud (ni mi cutis, of course).
-Gano menos dinero, pues me quitan la nocturnidad (¡horror para mi maltrecha economia!)
-Aunque no cojo atasco, hay más tráfico, lo cual estresa más a la hora de conducir (hay que ir más atenta al volante)
Turno de tarde
-Todo es más traquilo. Se me pasan las horas más lentas, si, pero suena menos el teléfono y puedo charlar con mis compañeros más tranquilamente sin tener que preocuparme de los jefes. Además puedo llamar por teléfono cuanto quiera.
-Me levanto a horas más normales y el despertador no es tanta tortura pues a las 8.30 mi cuerpo se despierta solo, sin necesidad de esa maquina inmunda destructora del descanso
-Gano más gracias a mi nocturnidad y no diré que curro menos, pero si más pausada.
-La vida social entre semana desaparece practicamente. Como contrapartida, pues no gasto cuartos.
-Para apuntarse a cursos o lo que sea es más puñetero este turno. En cambio para ir de compras es ideal. ¡No hay nadie en las tiendas, sin agobios!
-Ceno tarde. Preferiría cenar más pronto, aunque como ventaja como pronto (entre las 13.30 y las dos y con mi familia)
-Como tengo más energía por la mañana, la dedico mis cosas. Por la tarde, que es cuando menos energía tengo, la dedico al trabajo (jurjurjur)
Y en fin, esto es un resumen rápido. Y ahora cada cual elija lo que prefiera
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