Uno no suele apreciar aquello que tiene. Si acaso, lo valora cuando lo pierde. Y además desea aquello que no posee.
En mi caso hay dos cosas que no he tenido nunca y que siempre he añorado: haber conocido a mis abuelos y tener pueblo.
Lo de los abuelos, sólo he conocido a mi abuela María Luisa, y doy gracias por ello, pero me hubiera gustado conocer a los tres restantes. De hecho me encanta que me cuenten historias de ellos porque es la única manera que tengo de "conocerles", de saber como eran. Cuando alguien me habla de sus abuelos y de como ha conocido y tratado a los cuatro siempre pienso en la gran suerte que tienen. Es cierto que por norma general tienen que enfrentarse a su pérdida y eso provoca gran dolor, pero creo que son afortunados porque pueden evocar una voz, una palabra, una expresión, una manera de moverse... en suma, un ser y no un señor inanimado que te mira desde el otro lado de la fotografía.
Lo del pueblo, otra añoranza. Un montón de gente tiene pueblo y no va, y admito escandalizarme algo con ello. ¡Yo que siempre he querido uno y no lo he tenido, y estos que lo tienen no van! Aunque claro, depende de las circunstancias y cuando la gente no tiene familia ni casa pues evidentemente no suele ir. Supongo que lo que me da rabia es como algunas personas se desvinculan por completo de su pueblo aún teniendo razones para volver.
Como en el caso de mis padres, les inundaron el pueblo, la sensación de desarraigo siempre ha sido muy profunda en ellos y en cierto sentido yo lo he heredado. No es ya que tengas un pueblo y no quieras ir, no. Es que ni siquiera puedes ir a un lugar del que puedas decir "esta casa era de mis antepasados" o "por aquí jugaban mis padres de pequeños". Quiero pensar que si el pueblo de mis padres hubiera seguido existiendo hubieramos seguido visitandolo, aunque a veces albergo mis dudas porque tuvieron la oportunidad de convertir a Rosalejo en su "pueblo" y no lo hicieron. Es cierto que las vivencias que tuvieron allí supusieron un mal recuerdo para mis padres (allí perdieron a sus padres, allí tuvieron que enfrentarse a la vida de adultos, allí se hartaban de trabajar y no sacaban nada en claro, allí tuvieron que renunciar a su casa y su parcela para poder venirse a Madrid) pero con los años ese rencor, ese mal recuerdo, no se mitigo lo suficiente como para desear tener una casa alli. Es cierto que cuando vivía mi bisabuelo ibamos algo más a menudo, pero yo nunca fui el suficiente tiempo como para convertir a Rosalejo en mi pueblo adoptivo, como le ha sucedido a mi prima Elena o incluso a mis primas Mari Mar y Cristina que de niñas pasaron más tiempo que yo allí. Por eso cuando alguna vez lo he visitado y te tratas con tus tíos y con tus primos como seres algo extraños porque no he tenido la oportunidad de tener una relación más estrecha con ellos siento algo de frustación e impotencia. Aparte, claro está, de que debido al hecho de no tener pueblo de niña he pasado unas vacaciones tremendamente aburridas, mientras que mis amigos que si lo han tenido, guardan con especial cariño sus vivencias de niños y adolescentes en los pueblos, cimentando relaciones más profundas con familia algo más lejana, si, pero familia al fin y al cabo, y teniedo experiencias de libertad y contacto con la naturaleza que yo no he tenido nunc.
En fin, reconozco que me hubiera gustado mucho que mis padres hubieran tenido casa en Rosalejo y que así se hubiese convertido para mi en un pseudo pueblo en el que todo el mundo era mi tío, como decía yo de pequeña. Y al venir este fin de semana de una boda allí y ver que mis primos segundos que si viven allí y se conocen se tratan como tal y yo no poder hacerlo me hace revivir parte de esa añoranza por no tener un lugar reconocible, origen de mis antepasados, en el que haber vivido una bonita infancia.
domingo, 26 de junio de 2011
martes, 17 de mayo de 2011
Identidad de rubia
Cuando las mujeres quieren cambiar algo en su vida normalmente empiezan por el pelo. Un nuevo corte, un nuevo color les hace verse diferentes y les empuja a realizar otros cambios en su persona o en su modo de vida. Y es que según varios estudios el cabello tiene un peso fundamental en la imagen de cada uno. Es el marco que encuadra la cara, y su forma y color puede resaltar o empeorar las facciones.
Cuento esto porque el otro día ante el espejo hice un descubrimiento sorprendente a la par que preocupante para mí. No eran canas, no. Eran varios pelos de raíz muy oscura (castaño oscuro) y de textura fosca. ¡Todo lo contrario a lo que es mi pelo de toda la vida, rubio y finito! ¡Horror! ¿Y si en vez de unos cuantos mechones de repente todo mi cabello se tornara en castaño oscuro y semirizado? Me imagine a mi misma con ese pelo y sencillamente pensé: “No sería yo”.
No creo que el color de pelo esté estrechamente relacionado con la personalidad de cada uno. No creo que las rubias por el hecho de serlo seamos tontas, ni las morenas agresivas o las pelirrojas sensuales. Es más, yo siempre digo que la mala fama de las rubias nos las dan las peliteñidas. Pero el color de mi pelo forma parte de mi, de mi identidad (que no personalidad). Allá donde he ido siempre he sido la rubia. Nunca me he teñido el pelo ni he deseado tenerlo de otro color. Me ha podido gustar ponerme una peluca de cabello oscuro para ver que tal me sentaría, pero sólo durante un minuto, nada más.
Es cierto que a lo largo de los años el pelo se me ha oscurecido y mucho, pero ha seguido siempre rubio. De pequeña estaba algo más concienciada de que con el paso de los años cambiaría de color, como le paso a mi padre y a mis tías, que de canos pasaron a ser castaños, más o menos claros, pero castaños. Pero yo, como he conservado el color de pelo (algo más oscuro, algo menos dorado, pero siempre rubio) la única posibilidad que me planteaba era la de pasar de rubia a canosa, que al fin y al cabo, es un color que guarda cierto parecido con el rubio.
No sé si de aquí a que me salgan canas mi pelo se tornará antes en castaño. No tiene mucho sentido la verdad y no creo que le dé tiempo pues antes de los cuarenta suelen aparecen las dichosas canas. Yo espero que no sea así. Dejar de ser rubia para convertirme en castaña sería como seguir siendo yo, es más, seguiría siendo yo, pero me resultaría a mi misma identificarme ante el espejo: simplemente me vería como una extraña.
Cuento esto porque el otro día ante el espejo hice un descubrimiento sorprendente a la par que preocupante para mí. No eran canas, no. Eran varios pelos de raíz muy oscura (castaño oscuro) y de textura fosca. ¡Todo lo contrario a lo que es mi pelo de toda la vida, rubio y finito! ¡Horror! ¿Y si en vez de unos cuantos mechones de repente todo mi cabello se tornara en castaño oscuro y semirizado? Me imagine a mi misma con ese pelo y sencillamente pensé: “No sería yo”.
No creo que el color de pelo esté estrechamente relacionado con la personalidad de cada uno. No creo que las rubias por el hecho de serlo seamos tontas, ni las morenas agresivas o las pelirrojas sensuales. Es más, yo siempre digo que la mala fama de las rubias nos las dan las peliteñidas. Pero el color de mi pelo forma parte de mi, de mi identidad (que no personalidad). Allá donde he ido siempre he sido la rubia. Nunca me he teñido el pelo ni he deseado tenerlo de otro color. Me ha podido gustar ponerme una peluca de cabello oscuro para ver que tal me sentaría, pero sólo durante un minuto, nada más.
Es cierto que a lo largo de los años el pelo se me ha oscurecido y mucho, pero ha seguido siempre rubio. De pequeña estaba algo más concienciada de que con el paso de los años cambiaría de color, como le paso a mi padre y a mis tías, que de canos pasaron a ser castaños, más o menos claros, pero castaños. Pero yo, como he conservado el color de pelo (algo más oscuro, algo menos dorado, pero siempre rubio) la única posibilidad que me planteaba era la de pasar de rubia a canosa, que al fin y al cabo, es un color que guarda cierto parecido con el rubio.
No sé si de aquí a que me salgan canas mi pelo se tornará antes en castaño. No tiene mucho sentido la verdad y no creo que le dé tiempo pues antes de los cuarenta suelen aparecen las dichosas canas. Yo espero que no sea así. Dejar de ser rubia para convertirme en castaña sería como seguir siendo yo, es más, seguiría siendo yo, pero me resultaría a mi misma identificarme ante el espejo: simplemente me vería como una extraña.
viernes, 15 de abril de 2011
El aspecto que tienes esta noche
Ocurre a veces, cuando ves una película de una temática concreta, que te entran ganas de hacer lo mismo que el protagonista. ¿Quién de nosotros no ha salido haciendo artes marciales tras ver Karate Kid o practicando unos pasos de baile tras visionar Dirty Dancing?.
Este fenómeno común entre los mortales se manifiesta en mi de otro modo particular. Cuando veo a una señorita bien vestida, bien arreglada, bien peinada y maquillada siempre me digo que a mi me gustaria ser igual de estilosa. Para mi desgracia, no he heredado el buen gusto con la ropa que tiene mi madre y en ese aspecto he salido a la familia de mi padre, bastante desastre desde el punto de vista estético y del arreglo personal. Y ocurre que cuando trato de vestirme mejor siempre pienso que tengo alguna tacha: no me pegan los zapatos, voy demasiado clásica, demasiado sosa, no tengo complementos...
Con los años he ido mejorando un poco, y ahora, a mi edad de cristo, he descubierto unas interesantes páginas web donde hacen tutoriales de maquillaje, que a mi modo, intento llevar a la práctica para mejorar "el aspecto que tienes esta noche". Y a veces me digo "si hubiera habido esto cuando yo tenía veinte años, ahora vestiría mejor y me maquillaría mejor y quien sabe si eso... " y dejo volar mi imaginación y pienso, que chorrada, que si quizás me hubiera sacado mejor partido físico cuando era más jovencita ahora tendría un mejor trabajo, o un novio estupendisimo, o más seguridad en mi misma... o en suma, que me imagino que quizás ahora sería, como aquel que dice, otra persona (si amiguitos, a veces pierdo mi tiempo en reflexiones estúpidas y frívolas como esta).
Pero en el fondo se la verdad. Por muchas cremas que me eche, por mucho deporte que haga, por mucho maquillaje que me aplique, las arrugas está ahi. El paso del tiempo está ahi y se nota por mucho que yo haga. Se me nota ya la edad y no lo puedo disimular. En físico imposible competir con las jovenes. En mentalidad, imposible competir con las de mi edad. En suma, mejor olvidarse de las competiciones y admitir la edad. Y tan solo consolarnos en tratar de mantener, porque ya veo complicado lo de mejorar, "el aspecto que tienes esta noche".
Este fenómeno común entre los mortales se manifiesta en mi de otro modo particular. Cuando veo a una señorita bien vestida, bien arreglada, bien peinada y maquillada siempre me digo que a mi me gustaria ser igual de estilosa. Para mi desgracia, no he heredado el buen gusto con la ropa que tiene mi madre y en ese aspecto he salido a la familia de mi padre, bastante desastre desde el punto de vista estético y del arreglo personal. Y ocurre que cuando trato de vestirme mejor siempre pienso que tengo alguna tacha: no me pegan los zapatos, voy demasiado clásica, demasiado sosa, no tengo complementos...
Con los años he ido mejorando un poco, y ahora, a mi edad de cristo, he descubierto unas interesantes páginas web donde hacen tutoriales de maquillaje, que a mi modo, intento llevar a la práctica para mejorar "el aspecto que tienes esta noche". Y a veces me digo "si hubiera habido esto cuando yo tenía veinte años, ahora vestiría mejor y me maquillaría mejor y quien sabe si eso... " y dejo volar mi imaginación y pienso, que chorrada, que si quizás me hubiera sacado mejor partido físico cuando era más jovencita ahora tendría un mejor trabajo, o un novio estupendisimo, o más seguridad en mi misma... o en suma, que me imagino que quizás ahora sería, como aquel que dice, otra persona (si amiguitos, a veces pierdo mi tiempo en reflexiones estúpidas y frívolas como esta).
Pero en el fondo se la verdad. Por muchas cremas que me eche, por mucho deporte que haga, por mucho maquillaje que me aplique, las arrugas está ahi. El paso del tiempo está ahi y se nota por mucho que yo haga. Se me nota ya la edad y no lo puedo disimular. En físico imposible competir con las jovenes. En mentalidad, imposible competir con las de mi edad. En suma, mejor olvidarse de las competiciones y admitir la edad. Y tan solo consolarnos en tratar de mantener, porque ya veo complicado lo de mejorar, "el aspecto que tienes esta noche".
martes, 8 de marzo de 2011
Día de la mujer trabajadora
El ocho de marzo se celebra el día de la Mujer (trabajadora). A mi me parece un poco una payasada, porque si, durante un día se recuerda el mal estado en el que se encuentran las mujeres (particularmente en países del Tercer Mundo o en vías de desarrollo). ¿Pero para que sirve recordar esto un día si el resto del año se está haciendo la puñeta al género femenino?.
El los países desarrollados se dice que este día ya no tiene sentido pues las mujeres hoy son dueñas de sus destinos y libres de elegir su modo de vivir. ¡Ja! Eso es en la teoría y si nos quedamos en la superficie. Pero en cuanto se raspa... ¡cuanto difiere todo!
Porque si, en la teoría la mujer está en igualdad de condicines que los hombres, pero en la práctica hay un machismo soterrado, oculto, sibilino, que actua en todas las estructuras.
Lo primero: las mujeres ganan menos que los hombres. Cuando se escucha esto se piensa que a las mujeres les pagan menos que a los hombres haciendo el mismo trabajo. Error. Lo que pasa es que las mujeres ganan menos dinero porque suelen ser personal no cualificado y ocupan los puestos más bajos y peor pagados. He comprobado personalmente que aquellos trabajos donde hay muchas mujeres están mal pagados.
Lo segundo: La maternidad es un hecho natural que supone un lastre para la mujeres en su carrera profesional. Lo siento, pero es así. Es así porque cuando una mujer es madre muchas veces es la que se coge la jornada reducida para ocuparse de su hijo (cosa que no suele hacer el hombre). Eso supone renunciar a sueldo y a tiempo de trabajo, con la correspondiente reducción de posibilidades de ascenso, etc
Lo tercero: no se suele confiar en las mujeres para darles puestos de responsabilidad. No solo por la posibilidad de que sean madres, sino porque en muchas ocasiones los superiores las consideran inestables y volubles. Por eso, cuando una mujer llega a ser jefa-jefa-superjefa, suele ser como un hombre o mucho peor que un hombre, pues ha tenido que combatir en un mundo de hombres (agresivo, competitivo, lleno de machos alfa).
En fin. Lo ideal sería ser iguales a los hombres en derechos, pero mucho me temo que debido a nuestras diferencias corporales (inevitables, necesarias, afortunadas) nunca seremos iguales tampoco en los otros terrenos, para desgracia nuestra
El los países desarrollados se dice que este día ya no tiene sentido pues las mujeres hoy son dueñas de sus destinos y libres de elegir su modo de vivir. ¡Ja! Eso es en la teoría y si nos quedamos en la superficie. Pero en cuanto se raspa... ¡cuanto difiere todo!
Porque si, en la teoría la mujer está en igualdad de condicines que los hombres, pero en la práctica hay un machismo soterrado, oculto, sibilino, que actua en todas las estructuras.
Lo primero: las mujeres ganan menos que los hombres. Cuando se escucha esto se piensa que a las mujeres les pagan menos que a los hombres haciendo el mismo trabajo. Error. Lo que pasa es que las mujeres ganan menos dinero porque suelen ser personal no cualificado y ocupan los puestos más bajos y peor pagados. He comprobado personalmente que aquellos trabajos donde hay muchas mujeres están mal pagados.
Lo segundo: La maternidad es un hecho natural que supone un lastre para la mujeres en su carrera profesional. Lo siento, pero es así. Es así porque cuando una mujer es madre muchas veces es la que se coge la jornada reducida para ocuparse de su hijo (cosa que no suele hacer el hombre). Eso supone renunciar a sueldo y a tiempo de trabajo, con la correspondiente reducción de posibilidades de ascenso, etc
Lo tercero: no se suele confiar en las mujeres para darles puestos de responsabilidad. No solo por la posibilidad de que sean madres, sino porque en muchas ocasiones los superiores las consideran inestables y volubles. Por eso, cuando una mujer llega a ser jefa-jefa-superjefa, suele ser como un hombre o mucho peor que un hombre, pues ha tenido que combatir en un mundo de hombres (agresivo, competitivo, lleno de machos alfa).
En fin. Lo ideal sería ser iguales a los hombres en derechos, pero mucho me temo que debido a nuestras diferencias corporales (inevitables, necesarias, afortunadas) nunca seremos iguales tampoco en los otros terrenos, para desgracia nuestra
jueves, 17 de febrero de 2011
Trabajo, mujeres y oficina
En mis dos últimos trabajos (antes del que tengo, quiero decir) mis compañeros en su mayoría eran chicos. La verdad es que trabajaba muy a gusto con ellos. Por eso, cuando escuchaba la frase tópica de "prefiero trabajar con hombres antes que con mujeres" dicha en boca de otras féminas, en parte me sentía identificada, pero en parte también me fastidiaba un poco, porque muchas veces las mujeres atacamos a nuestras congéneres como fuente de nuestros problemas (no digo con esto que la culpa la tengan siempre los hombres). Esa falta de "solidaridad" dentro del género, me dolía un poco, pues no me gusta pensar que la peor enemiga de una mujer es otra mujer, porque para mi, es tirar piedras contra nuestro propio tejado.
En mi trabajo actual, al estar en el turno de tarde, mis compañeros son chicos en su mayoría. Y la verdad es que he estado muy a gusto y gracias a mi contacto con ellos he descubierto (o mejor dicho, redescubierro) facetas del género masculino muy interesantes y quizás algo olvidadas. Es cierto que echaba de menos a veces hablar de cosas de chicas, pero lo verdad es que me encuentro muy bien entre mis compañeros varones
Pero estos últimos meses, al estar en el turno de mañana, el género femenino predomina en la oficina, y por mi vivencia, debo decir, con todo el dolor de mi corazón, que la frase de en un trabajo en el que todo son mujeres el ambiente está viciado tiene mucho de cierto (no creo que se trate de un dogma, pero si tiene mucho de verdad).
¿De dónde saco estas conclusiones? En primer lugar he observado que por lo general, las mujeres suelen fijarse más en pequeños detalles que a los hombres les pasan desapercibidos. Es costumbre entre las féminas verbalizar más las cosas, y dentro de esa verbalización entran los pequeños detalles, que muchas veces se interpretan de modo maligno:. "¿Has escuchado lo que dijo? ¿Has visto como se viste últimamente? ¿No te has fijado en que de un tiempo a esta parte se reunen mucho?". Pues bien, evidentemente comentar, y sobre todo, sacarle punta absolutamente a todo, no genera un buen ambiente de trabajo porque da lugar a grupitos, alianzas, etc, etc. Es cierto que los hombres también cotillean y hablan de las mejores jugadas, pero casi siempre se suelen referir a lo obvio, a lo que todo el mundo ve y todo el mundo oye.
Por otra parte, no se si por genética o educación, las mujeres son más emotivas que los hombres y más dadas a mostrar en público sus sentimientos, ya sean buenos o malos. En mi trabajo, todas las chicas (incluida yo misma) en algún momento, han llorado en público. Con más o menos gente, pero han llorado delante de los compañeros, de los jefes incluso. No digo que esta situación genere en si misma un mal ambiente de trabajo, pero si da lugar a comentarios (procedentes de hombres y mujeres) del tipo "está loca", "está desequilibrada", "no está bien de la cabeza", "esta responsabilidad le viene grande" lo cual, a la hora de ascender, de tener una carrera profesional con gran proyección, no favorece mucho a las señoritas.
Y por último la presencia de una compañera atractiva en la oficina y el revuelo que se arma en torno a ella y como se tienden a echar las culpas a la mujer atractiva por parte de las propias compañeras (y compañeros, of course). En mi trabajo, ahora mismo, se está dando el caso, y yo, trato de observar los hechos desde fuera y con objetividad y ver como todo el mundo carga las tintas sobre las mujeres y echa mano a los prejuicios.
Hace año y medio contrataron a una chica gallega. Las malas lenguas dijeron que venía enchufada (yo lo creo así). El caso es que se trata de una joven de 25 años, atractiva, que se sabe sacar partido, que viste con elegancia, muy inteligente, lista, con gran capacidad de aprendizaje y análisis, melosa, extrovertida y con tendencia a tocar, tanto a chicos como a chicas.
No sé si como resultado de estas características o de su enchufe, los dos jefes mayores del reino del Banco (que tienen 32 y 36 años respectivamente) le abrieron todas las puertas y le dieron un trato de favor que no han tenido otros compañeros recién llegadas. Transcurrido un año la compañera se encontraba en un dilema moral: su novio, en Galicia, le dijo que no aguantaba estar separado de ella (ella al parecer tampoco) y que para la mierda de trabajo que tenía y el sueldo que cobrabam que apenas le permitía ir a Vigo una vez al mes, que mejor que ella regresara a su tierra natal y así estarian por lo menos juntos, pues él era (y es) fijo en su empresa. Ella, presa de una gran tristeza, se pone a llorar un día en el trabajo y los jefes del Banco (no de la empresa, sino del Banco) acuden a su rescate: la suben el sueldo y la ascienden. A raíz de esto ella ha explotado su vena atractiva (sigue siendo inteligente y lista, eso no lo vamos a obviar) y hemos llegado a un punto en el que abiertamente le rie las gracias a los jefes, les toca, coquetea abiertamente con ellos y por el trato que mantienen, más que una subordinada, parece una compañera, una colega de trabajo.
Ante tales hechos los compañeros murmuramos. Lo que más me duele, es que todos, chicos y chicas, han cargado las tintas sobre ella. Ella tiene la culpa. Ella es la que se acerca a los jefes. Ella es la que se sabe vender. Ella es la ambiciosa. Ella es la que explota su vena sensual. Nadie habla de su inteligencia (que la tiene), ni de su talento (que lo tiene), ni de su capacidad de trabajo (también la tiene). Aparte, nadie, nadie, no hombres ni mujeres, critica de los jefes (ambos casados, uno con hijos). Nadie dice que los jefes son unos hijoputas porque están jugando con ella. Nadie afirma que "malos son los jefes" porque la están potenciando a ella y a las demás, como no estamos buenas ni reimos las gracias, no existimos para ellos. Nadie critica a los jefes por tocarla el pelo, o acercarse peligrosamente a ella, o invitarla a comer casi todos los días cuando nunca han tenido esos detalles con el resto.
A esta chica, que por supuesto no es inocente (ha llegado a mis oídos que al parecer hay una vacante en el Banco y ella, conocedora de esto, está jugando sus cartas) se la juzga y se la critica por estar buena. No se le perdona saberse vender. En un hombre, se diría que es ambicioso (en el buen sentido del termino) y se haría más hincapié en sus capacidades profesionales. En ella se obvia sus cualidades profesionales y se centra la atención en su físico y a su carácter meloso, al que dicen, le debe todo. Y estos comentarios llegan de hombres y mujeres. Y lo que más me molesta es que todos estos comentarios son en buena parte fruto de los prejuicios, pero en buena parte también, fruto de la asquerosa realidad.
En mi trabajo actual, al estar en el turno de tarde, mis compañeros son chicos en su mayoría. Y la verdad es que he estado muy a gusto y gracias a mi contacto con ellos he descubierto (o mejor dicho, redescubierro) facetas del género masculino muy interesantes y quizás algo olvidadas. Es cierto que echaba de menos a veces hablar de cosas de chicas, pero lo verdad es que me encuentro muy bien entre mis compañeros varones
Pero estos últimos meses, al estar en el turno de mañana, el género femenino predomina en la oficina, y por mi vivencia, debo decir, con todo el dolor de mi corazón, que la frase de en un trabajo en el que todo son mujeres el ambiente está viciado tiene mucho de cierto (no creo que se trate de un dogma, pero si tiene mucho de verdad).
¿De dónde saco estas conclusiones? En primer lugar he observado que por lo general, las mujeres suelen fijarse más en pequeños detalles que a los hombres les pasan desapercibidos. Es costumbre entre las féminas verbalizar más las cosas, y dentro de esa verbalización entran los pequeños detalles, que muchas veces se interpretan de modo maligno:. "¿Has escuchado lo que dijo? ¿Has visto como se viste últimamente? ¿No te has fijado en que de un tiempo a esta parte se reunen mucho?". Pues bien, evidentemente comentar, y sobre todo, sacarle punta absolutamente a todo, no genera un buen ambiente de trabajo porque da lugar a grupitos, alianzas, etc, etc. Es cierto que los hombres también cotillean y hablan de las mejores jugadas, pero casi siempre se suelen referir a lo obvio, a lo que todo el mundo ve y todo el mundo oye.
Por otra parte, no se si por genética o educación, las mujeres son más emotivas que los hombres y más dadas a mostrar en público sus sentimientos, ya sean buenos o malos. En mi trabajo, todas las chicas (incluida yo misma) en algún momento, han llorado en público. Con más o menos gente, pero han llorado delante de los compañeros, de los jefes incluso. No digo que esta situación genere en si misma un mal ambiente de trabajo, pero si da lugar a comentarios (procedentes de hombres y mujeres) del tipo "está loca", "está desequilibrada", "no está bien de la cabeza", "esta responsabilidad le viene grande" lo cual, a la hora de ascender, de tener una carrera profesional con gran proyección, no favorece mucho a las señoritas.
Y por último la presencia de una compañera atractiva en la oficina y el revuelo que se arma en torno a ella y como se tienden a echar las culpas a la mujer atractiva por parte de las propias compañeras (y compañeros, of course). En mi trabajo, ahora mismo, se está dando el caso, y yo, trato de observar los hechos desde fuera y con objetividad y ver como todo el mundo carga las tintas sobre las mujeres y echa mano a los prejuicios.
Hace año y medio contrataron a una chica gallega. Las malas lenguas dijeron que venía enchufada (yo lo creo así). El caso es que se trata de una joven de 25 años, atractiva, que se sabe sacar partido, que viste con elegancia, muy inteligente, lista, con gran capacidad de aprendizaje y análisis, melosa, extrovertida y con tendencia a tocar, tanto a chicos como a chicas.
No sé si como resultado de estas características o de su enchufe, los dos jefes mayores del reino del Banco (que tienen 32 y 36 años respectivamente) le abrieron todas las puertas y le dieron un trato de favor que no han tenido otros compañeros recién llegadas. Transcurrido un año la compañera se encontraba en un dilema moral: su novio, en Galicia, le dijo que no aguantaba estar separado de ella (ella al parecer tampoco) y que para la mierda de trabajo que tenía y el sueldo que cobrabam que apenas le permitía ir a Vigo una vez al mes, que mejor que ella regresara a su tierra natal y así estarian por lo menos juntos, pues él era (y es) fijo en su empresa. Ella, presa de una gran tristeza, se pone a llorar un día en el trabajo y los jefes del Banco (no de la empresa, sino del Banco) acuden a su rescate: la suben el sueldo y la ascienden. A raíz de esto ella ha explotado su vena atractiva (sigue siendo inteligente y lista, eso no lo vamos a obviar) y hemos llegado a un punto en el que abiertamente le rie las gracias a los jefes, les toca, coquetea abiertamente con ellos y por el trato que mantienen, más que una subordinada, parece una compañera, una colega de trabajo.
Ante tales hechos los compañeros murmuramos. Lo que más me duele, es que todos, chicos y chicas, han cargado las tintas sobre ella. Ella tiene la culpa. Ella es la que se acerca a los jefes. Ella es la que se sabe vender. Ella es la ambiciosa. Ella es la que explota su vena sensual. Nadie habla de su inteligencia (que la tiene), ni de su talento (que lo tiene), ni de su capacidad de trabajo (también la tiene). Aparte, nadie, nadie, no hombres ni mujeres, critica de los jefes (ambos casados, uno con hijos). Nadie dice que los jefes son unos hijoputas porque están jugando con ella. Nadie afirma que "malos son los jefes" porque la están potenciando a ella y a las demás, como no estamos buenas ni reimos las gracias, no existimos para ellos. Nadie critica a los jefes por tocarla el pelo, o acercarse peligrosamente a ella, o invitarla a comer casi todos los días cuando nunca han tenido esos detalles con el resto.
A esta chica, que por supuesto no es inocente (ha llegado a mis oídos que al parecer hay una vacante en el Banco y ella, conocedora de esto, está jugando sus cartas) se la juzga y se la critica por estar buena. No se le perdona saberse vender. En un hombre, se diría que es ambicioso (en el buen sentido del termino) y se haría más hincapié en sus capacidades profesionales. En ella se obvia sus cualidades profesionales y se centra la atención en su físico y a su carácter meloso, al que dicen, le debe todo. Y estos comentarios llegan de hombres y mujeres. Y lo que más me molesta es que todos estos comentarios son en buena parte fruto de los prejuicios, pero en buena parte también, fruto de la asquerosa realidad.
martes, 1 de febrero de 2011
Mentiras, manipulaciones y reforma del sistema de pensiones
Los periódicos anuncían estos días un Pacto Social entre el Gobierno, Patronal y Sindicatos. Dicho Pacto Social incluye medidas para incentivar el empleo entre jóvenes (los más afectados por el desempleo) y la tran manida reforma de las pensiones: jubilación a los 67 años; cotizar 37 años para cobrar el 100% jubilándose a los 67; cotizar 38,5 años para jubilarse con el 100% a los 65 años y ampliar el periodo de cálculo de la cuota de la pensión en diez años (de 15 a 25 años).
Los políticos se muestran contentos porque se trata de una reforma consensuada entre los agentes sociales y los sindicatos se muestran ufanos porque según ellos con estas medidas han salvado los muebles y sobre todo han asegurado las pensiones de los trabajadores/obreros en los próximos cuarenta años.
Y tras esta introducción, aquí va mi opinión:
1) Considero un mal necesario que la jubilación se alcance a los 67 años. Debido a la escasa demografía, a la ampliación de la esperanza de vida y teniendo en cuenta que salvo enfermedad, tenemos medios para llegar a esos años en plenitud de condiciones (otra cosa es que sigamos las recomendaciones para cuidar la salud) considero impepinable que salvo en profesiones penosas (como dice el acuerdo), en las demás la edad de la jubilación se amplie en dos años más.
Pero como digo esto, digo lo siguiente. No me gusta que me vendan la filfa, la mentira, que las pensiones dependen de la demografía. Es verdad que es un factor importante, pero no el único: la productividad y la tasa de actividad son dos elementos fundamentales para mantener el sistema de pensiones. Pero no he oído hablar a nadie (políticos, patronal, sindicatos) para potenciar y mejorar estos factores.
2)Elevar los años de cotización para alcanzar la pensión máxima me parece una patada en el estómago al joven y futuro obrero español, porque básicamente, teniendo en cuenta que hay un 43% de paro entre los menores de 25 años, y la insistencia en que la juventud tiene que formarse (y una persona que vaya a la universidad, que haga un doctorado, etc, se incorpora al mercado laboral tarde), ¿quién narices va a cotizar esos años? En suma, que han puesto unas condiciones que se resumen en que de aqui a cuarenta años, muy pocas personas van a cobrar la totalidad de su pensión. Y eso si que es un recorte de derechos para todos.
Además, tal y como está montado todo, es muy complicado que una persona trabaje de manera más o menos ininterrumpida este periodo de tiempo. Es decir, para cobrar el cien por cien de la pensión habría que empezar a trabajar a los 29 años y no quedarse nunca, nunca, nunca en paro, lo cual, hoy en día es complicado por no decir imposible.
3) Incrementar en diez años (de quince a veinticinco, ¡casi un 80%!) me parece una patada en el estómago, en el culo y una paliza monumental al obrero/trabajador porque esto se traduce en un descenso (como medía) en un 20% del dinero que se va a cobrar cuando uno se jubile (no, pero esto no es reducir los derechos del trabajador, es sólo protegerlos: ajustarnos todos el cinturón para cobrar todos. ¡Ja!)
4)Eso de que las personas (hombres y mujeres) que tengan que abandonar su trabajo para atender a sus hijos puedan cotizar nueve meses por cada hijo hasta un máximo de dos años me parece muy bonito, pero, ¿qué hay de las personas que piden una jornada reducida para cuidar a sus hijos? A esos que les zurzan y que den gracias a Dios porque oye, siguen trabajando. Nadie recuerda que no es lo mismo cotizar cuarenta horas que veinticinco o treinta horas semanales. Quieren que la gente tenga hijos y compatibilice la familia con el trabajo con jornadas reducidas y trabajo parcial, pero a la hora de la verdad, quien hace eso es penalizado por el sistema.
Y francamente, estas reformas me parecen una manera de patear los derechos del trabajador, reducirlos y escupir sobre ellos, y para mi, esto SI se merece una HUELGA GENERAL. Pero como es una reforma que la han pactado entre todos los agentes sociales pues no pasa nada. Resulta que los sindicatos montan una huelga general por la Reforma Laboral porque reduce los derechos del trabajador pero contra este brutal pacto social no dice nada, ni protesta, y como mucho dice "oye, que gracias a mi puedes obtener algo de pensión, que mira que el gobierno quería que fuesen cuarentaiun años los necesarios para cobrar toda la pensión"). Después de esto, ¿cómo quieren que las personas tengan un buen concepto de los sindicatos y no los consideren unos vendidos y sobre todo, los vendedores del trabajador?
Y que decir del PSOE que le está haciendo el trabajo sucio al PP porque esta reforma es quizás la que el PP hubiese puesto en práctica. Pero lo que más me sorprende, hoy en día, es que la gente, viendo esto, todavía diga que "vota al PSOE porque es el único que defiende al trabajador". si esta reforma de pensiones es defender al trabajador que baje Díos y lo vea... (que por otra parte, el PP tampoco defiende los derechos del trabajador).
Aparte, nadie habla de crear más puestos de trabajo, de mejorar la productividad (algo difícil en España que es un país de servicios y no un país industrial). No, nadie habla de eso ni de que los políticos con sólo dos legislaturas cobran el 100% de su pensión independientemente de que trabajen o no el resto de sus vidas. Eso, como dice el presidente del Congreso, es "el chocolate del loro".
En fin, me parece todo sucia propaganda, sucia manipulación y una asquerosa realidad que no va a salvar el sistema de pensiones porque las reformas de calado no se van a realizar (mejorar el tejido industrial, incrementar la productividad, mejorar la competitividad) y yo, tengo muy, muy claro, que esto no va a terminar así. Que si yo llego a la edad de jubilación (que sinceramente, creo que se alcanzará de aqui a unos años a los 70), cobraré menos aún de lo que se va a cobrar ahora, y en el peor de los casos puede que me hagan elegir entre un sistema público y otro privado (si es que puedo tenerlo).
Vamos, que quien tenga dinero y pueda pagarse un sistema privado de pensiones, pues sin problema, pero para el currito/trabajador/obrero pues las cosas no vienen bien dadas.
Los políticos se muestran contentos porque se trata de una reforma consensuada entre los agentes sociales y los sindicatos se muestran ufanos porque según ellos con estas medidas han salvado los muebles y sobre todo han asegurado las pensiones de los trabajadores/obreros en los próximos cuarenta años.
Y tras esta introducción, aquí va mi opinión:
1) Considero un mal necesario que la jubilación se alcance a los 67 años. Debido a la escasa demografía, a la ampliación de la esperanza de vida y teniendo en cuenta que salvo enfermedad, tenemos medios para llegar a esos años en plenitud de condiciones (otra cosa es que sigamos las recomendaciones para cuidar la salud) considero impepinable que salvo en profesiones penosas (como dice el acuerdo), en las demás la edad de la jubilación se amplie en dos años más.
Pero como digo esto, digo lo siguiente. No me gusta que me vendan la filfa, la mentira, que las pensiones dependen de la demografía. Es verdad que es un factor importante, pero no el único: la productividad y la tasa de actividad son dos elementos fundamentales para mantener el sistema de pensiones. Pero no he oído hablar a nadie (políticos, patronal, sindicatos) para potenciar y mejorar estos factores.
2)Elevar los años de cotización para alcanzar la pensión máxima me parece una patada en el estómago al joven y futuro obrero español, porque básicamente, teniendo en cuenta que hay un 43% de paro entre los menores de 25 años, y la insistencia en que la juventud tiene que formarse (y una persona que vaya a la universidad, que haga un doctorado, etc, se incorpora al mercado laboral tarde), ¿quién narices va a cotizar esos años? En suma, que han puesto unas condiciones que se resumen en que de aqui a cuarenta años, muy pocas personas van a cobrar la totalidad de su pensión. Y eso si que es un recorte de derechos para todos.
Además, tal y como está montado todo, es muy complicado que una persona trabaje de manera más o menos ininterrumpida este periodo de tiempo. Es decir, para cobrar el cien por cien de la pensión habría que empezar a trabajar a los 29 años y no quedarse nunca, nunca, nunca en paro, lo cual, hoy en día es complicado por no decir imposible.
3) Incrementar en diez años (de quince a veinticinco, ¡casi un 80%!) me parece una patada en el estómago, en el culo y una paliza monumental al obrero/trabajador porque esto se traduce en un descenso (como medía) en un 20% del dinero que se va a cobrar cuando uno se jubile (no, pero esto no es reducir los derechos del trabajador, es sólo protegerlos: ajustarnos todos el cinturón para cobrar todos. ¡Ja!)
4)Eso de que las personas (hombres y mujeres) que tengan que abandonar su trabajo para atender a sus hijos puedan cotizar nueve meses por cada hijo hasta un máximo de dos años me parece muy bonito, pero, ¿qué hay de las personas que piden una jornada reducida para cuidar a sus hijos? A esos que les zurzan y que den gracias a Dios porque oye, siguen trabajando. Nadie recuerda que no es lo mismo cotizar cuarenta horas que veinticinco o treinta horas semanales. Quieren que la gente tenga hijos y compatibilice la familia con el trabajo con jornadas reducidas y trabajo parcial, pero a la hora de la verdad, quien hace eso es penalizado por el sistema.
Y francamente, estas reformas me parecen una manera de patear los derechos del trabajador, reducirlos y escupir sobre ellos, y para mi, esto SI se merece una HUELGA GENERAL. Pero como es una reforma que la han pactado entre todos los agentes sociales pues no pasa nada. Resulta que los sindicatos montan una huelga general por la Reforma Laboral porque reduce los derechos del trabajador pero contra este brutal pacto social no dice nada, ni protesta, y como mucho dice "oye, que gracias a mi puedes obtener algo de pensión, que mira que el gobierno quería que fuesen cuarentaiun años los necesarios para cobrar toda la pensión"). Después de esto, ¿cómo quieren que las personas tengan un buen concepto de los sindicatos y no los consideren unos vendidos y sobre todo, los vendedores del trabajador?
Y que decir del PSOE que le está haciendo el trabajo sucio al PP porque esta reforma es quizás la que el PP hubiese puesto en práctica. Pero lo que más me sorprende, hoy en día, es que la gente, viendo esto, todavía diga que "vota al PSOE porque es el único que defiende al trabajador". si esta reforma de pensiones es defender al trabajador que baje Díos y lo vea... (que por otra parte, el PP tampoco defiende los derechos del trabajador).
Aparte, nadie habla de crear más puestos de trabajo, de mejorar la productividad (algo difícil en España que es un país de servicios y no un país industrial). No, nadie habla de eso ni de que los políticos con sólo dos legislaturas cobran el 100% de su pensión independientemente de que trabajen o no el resto de sus vidas. Eso, como dice el presidente del Congreso, es "el chocolate del loro".
En fin, me parece todo sucia propaganda, sucia manipulación y una asquerosa realidad que no va a salvar el sistema de pensiones porque las reformas de calado no se van a realizar (mejorar el tejido industrial, incrementar la productividad, mejorar la competitividad) y yo, tengo muy, muy claro, que esto no va a terminar así. Que si yo llego a la edad de jubilación (que sinceramente, creo que se alcanzará de aqui a unos años a los 70), cobraré menos aún de lo que se va a cobrar ahora, y en el peor de los casos puede que me hagan elegir entre un sistema público y otro privado (si es que puedo tenerlo).
Vamos, que quien tenga dinero y pueda pagarse un sistema privado de pensiones, pues sin problema, pero para el currito/trabajador/obrero pues las cosas no vienen bien dadas.
jueves, 30 de diciembre de 2010
El final de una década
No he caido hasta hace unos días que este año finaliza la década. Los medios de comunicación apenas lo han recordado. Todo lo contrario que en 1999 (cuando en realidad no terminaba la década) cuando constantemente nos recordaban que llegabamos al final de la década, del siglo y del milenio.
Hace diez años tenía veintidós años. Estudiaba en la Universidad, no trabajaba, no tenía dinero, vivía con mis padres y tenía mucho futuro, proyectos e ilusiones.
Ahora tengo treintaidos años. Trabajo, no tengo mucho dinero (pero obviamente más que hace diez años), tengo un piso con el banco, vivo con mi madre, he perdido a mi padre y tengo algo menos de futuro, menos proyectos y menos ilusiones que hace diez años. Supongo que entre otras cosas, la pérdida de ciertas esperanzas por mi parte se debe a que en estos diez años he aprendido que la vida es más dura de lo que parece y que no es tan fácil lograr los objetivos marcados (o puede que directamente no me haya esforzado en lograr ciertas metas que tampoco me he marcado de modo concreto).
Teniendo estos en cuenta estas realidades, aunque yo me quejo de que no evoluciono, si puedo decir que en estos diez años algo he madurado, algo he evolucionado y algo he cambiado, aunque mi esencia permanece. Y puedo afirmar, que en mi caso, la introducción en el mundo laboral ha supuesto para mi un máster en maduración personal, junto con otras experiencias que ahora mismo no me voy a poner relatar (la pérdida del ser querido, el amor y el desamor, el conocimiento de personas muy distintas a mi, el renunciar a la profesión querida, los bajos salarios, los viajes...).
Y es que como escuché el otro día: "la fruta nace verde, poco a poco madura" y diez años dan para que se pudran muchas frutas.
Hace diez años tenía veintidós años. Estudiaba en la Universidad, no trabajaba, no tenía dinero, vivía con mis padres y tenía mucho futuro, proyectos e ilusiones.
Ahora tengo treintaidos años. Trabajo, no tengo mucho dinero (pero obviamente más que hace diez años), tengo un piso con el banco, vivo con mi madre, he perdido a mi padre y tengo algo menos de futuro, menos proyectos y menos ilusiones que hace diez años. Supongo que entre otras cosas, la pérdida de ciertas esperanzas por mi parte se debe a que en estos diez años he aprendido que la vida es más dura de lo que parece y que no es tan fácil lograr los objetivos marcados (o puede que directamente no me haya esforzado en lograr ciertas metas que tampoco me he marcado de modo concreto).
Teniendo estos en cuenta estas realidades, aunque yo me quejo de que no evoluciono, si puedo decir que en estos diez años algo he madurado, algo he evolucionado y algo he cambiado, aunque mi esencia permanece. Y puedo afirmar, que en mi caso, la introducción en el mundo laboral ha supuesto para mi un máster en maduración personal, junto con otras experiencias que ahora mismo no me voy a poner relatar (la pérdida del ser querido, el amor y el desamor, el conocimiento de personas muy distintas a mi, el renunciar a la profesión querida, los bajos salarios, los viajes...).
Y es que como escuché el otro día: "la fruta nace verde, poco a poco madura" y diez años dan para que se pudran muchas frutas.
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