martes, 7 de agosto de 2012

Olímpicamente atrasados

Estos días se celebran los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Sin duda, junto con los Mundiales de fútbol, se trata del acontecimiento mediático deportivo más importante. De momento España lleva acumuladas seis medallas (sólo una de oro) y quedan cinco días de competición. Dificilmente pues se llegará al record histórico de Barcelona 92 con veintidos metales.

Cuando la selección española de fútbol gana la Eurocopa o el Mundial, o Rafa Nadal obtiene seis Roland Garros o Pau Gasol hace una buena puntuación en la mejor liga del mundo de baloncesto, sacamos pecho y decimos que el deporte español está en una progresión sorprendente, que nuestros deportistas son los mejores y que ya quisieran los gabachos. Pero ¡ay! llegan los JJOO, con multitud de deportes minoritarios, que prácticamente sólo se televisan en este acontecimiento, y los franceses, alemanes, italianos e ingleses, esos países con los que nos gusta tanto compararnos, nos ganan por goleada. Y ni siquiera podemos decir "es que somos africanos en lo que a educación deportiva se refiere" porque llega Kenia o Etiopia, te barren en atletismo y te hunden en el global del medallero. Y yo me pregunto, ¿a qué se debe todo esto?.

Evidentemente, no podemos negar, que en los últimos veinticinco años ha habido una progresión espectacular del deporte español. El Moscú 80, Los Ángeles 84 y Seúl 88 se obtuvieron menos de cinco medallas, mientras que en los últimos Juegos siempre se han obtenido más de diez. Esto significa que se ha mejorado mucho y hemos alcanzado mejor nivel, pero ¿acaso no habremos alcanzado ya nuestro tope?.

Yo no entiendo mucho de planificación deportiva, pero en mi humilde y profana opinión aún nos queda mucho por aprender de otros países. Para mi estas serían varias propuestas:

1.- Que en los colegios la educación física se tomara más en serio por parte de alumnos y profesores. Que hubiera una mayor implicación de todos y se educara al alumno, ya desde la escuela, en el sacrificio del deporte.

2.- Que a través de instituciones públicas y privadas se incentivara más el deporte base, particularme si no es fútbol. Digamos que debido a las infraestructuras que tenemos, en España es fácil practicar deportes como el fútbol, natación y baloncesto, pero, ¿qué hay de otros deportes? ¿Hay instalaciones sufientes? Los deportistas que son buenos, ¿tienen facilidades para desarrollar su carrera profesional como esgrimistas, piragüistas o jugadores de hockey? Porque si, como aficionados pueden tenerlo más o menos fácil, pero ¿qué pasa cuando son realmente buenos y tienen posibilidades de dedicarse a ello profesionalmente? ¿Reciben entonces el apoyo de instituciones públicas y privadas?

3.- Estaría bien que el dinero que se ha obtenido gracias a los triunfos internacionales en fútbol, baloncesto y balomano no se quedara por el camino en los bolsillos de los grandes trincadores y llegara a los deportistas aficionados y de base, y principalmente a los niños.

4.- No dudo de la profesionalidad de los entrenadores y preparadores españoles, pero al igual que el fútbol se contrata a los mejores para realizar la mejor planificación, sean de la nacionalidad que sean, sería interesante que se hiciera lo mismo en otros deportes (aunque claro, para otros deportes no hay dinero o sencillamente no se les condonan las deudas con la Hacienda Pública como ocurre en el fútbol. Lamentablemente al final todo se reduce a una cuestión: dinero).

5.- Finalmente, lo que más me duele, es que debido a la crisis en la televisión pública, estos Juegos serán los últimos que podamos ver tal y como son: una comunidad de deportistas de todo el mundo practicando deportes que si no los ves en unos JJOO no los ves nunca. Debido al coste excesivo de los derechos de retransmisión, mucho me temo que de ahora en adelante se fraccionará la compra de estos derechos, y así sólo se retransmitirán los que dan dinero: fútbol, baloncesto y alguna prueba de atletismo. Si esto ocurre ¿cómo en el futuro se van a interesar los ciudadanos por otros deportes minoritarios que no son fútbol?

En fin, según mi criterio nuestra mediocridad a la hora de motivar a los jóvenes para hacer deporte, el que todo sea fútbol, fútbol y más fútbol y la falta de dinero y apoyo a los jóvenes valores es lo que hace que España a nivel de deporte esté al nivel de la Antártida.

martes, 10 de julio de 2012

La muerte del universo conocido

A lo largo de la vida de una persona cambian mucho el contexto en el que se desarrolla como persona y profesional. Más aún en el siglo XXI, en el que el avance tecnológico es tan brutal, que cualquier logro queda obsoleto en apenas unos meses. Nos enfrentamos pues a nuevas situaciones que nunca habíamos afrontado, con consecuencias imprevisibles, aunque yo sigo pensando que en el fondo, muy en el fondo, todo está inventado.

Cuando yo era niña los críos jugaban en la calle. Había televisión, si, y alguna que otra maquinita que ahora llaman videojuegos e incluso ordenadores, pero no tenían a la infancia tan absorbida como ahora. No existía internet, era más difícil mantener una relación a distancia con familiares y amigos y a pesar de los medios de comunicación, era más difícil obtener información de los países más lejanos a nosotros.

Pero sobre todo, cuando yo era niña, los abuelos tenían su pensión y podían ir a la seguridad social sin tener que desembolsar - directamente - un dinero. Ahora, entre la crisis mundial, la mala gestión de nuestros políticos, el crecimiento de la población y el mal uso -porque no decirlo- de los servicios públicos por parte de los usuarios, todo ese estado "social del bienestar" que yo conocí siendo niña se está dinamitando y despareciendo.

Es cierto que el modelo social que tenemos era válido hace unos años y que ahora para mantenerlo hay que reconvertirlo. La esperanza de vida era más corta, la gente cobraba pensiones más bajas, se moría antes, no había tantas ayudas por minusvalías, etc. y la población era menos numerosa. Pero el cambio del contexto social en el que vivimos hace imposible mantener los márgenes que teníamos hasta ahora de beneficio público y social.

Es verdad también que en este país apenas tenemos conciencia de lo público. Lo público no es de nadie. Es gratis. Crece de los árboles y esta ahí porque si. No nos damos cuenta que lo público nos cuesta mucho dinero todos los años y que maltratar y abusar de los servicios públicos es maltratarnos a nosotros mismos y tirar piedras sobre nuestro propio tejado. Todo esto por parte de los ciudadanos, pero particulamente por parte de los políticos que se dedican a despilfarrar el erario público sin ninguna consecuencia para ellos.

Todo esto lleva a que ahora mismo las cosas estén cambiando, y mucho, en lo que a servicios sociales y públicos se refiere. No es que hayamos dado un paso atrás, es que vamos camino de retroceder cincuenta años, cuando la gente tenía que guardarse un dinero para pagar al médico, y si no tenía dinero para pagar, pues se aguantaba con sus dolores y su enfermedad.

De aquí a poco, si ya pagamos por todo, pagaremos más. El doble, el triple. Directa e indirectamente. Por el médico. Por la farmacia. Por los colegios. Por las pensiones. Por las carreteras. Por andar por la calle. Por respirar. Por estornudar. Por vivir. Y lo peor de todo es que con nuestro mismo miserable sueldo. Y no es que nos hayamos creído ricos y ahora tengamos que volver a lo anterior. No. Es que vamos a ser igual de pobres que hace cincuenta años.

martes, 15 de mayo de 2012

Por el interés te quiero Andrés

Hace un mes aproximadamente estuve con las amigas de mi prima en casa de una de ellas. Hablando un poco de todo y en nuestro intento de arreglar el mundo, un amigo de mi prima pronunció las siguientes palabras:

- Hoy en día tal y como están las cosas, las personas cuando entablan una relación no se fijan en la calidad humana de la pareja, sino en si tienen trabajo o piso.

Tanto yo como el resto nos quedamos completamente horrorizadas. ¿Qué ahora la gente te quiere por lo que tienes y no por lo que eres? ¡Lo niego absolutamente!

Evidentemente todos rebatimos esa postura, pero ya en una reflexión más pausada y fría creo que el amigo de mi prima tiene razón, pero sólo en parte porque no es nuevo que la gente quiera a la gente por lo que tiene y no por lo que es, independientemente de si hay crisis económica o no. ¿Acaso no ha habido toda la vida matrimonios apañados para juntar capitales? ¿Acaso no nos fijamos en las posesiones de las personas y las valoramos más cuantos más bienes materiales tienen?

Me niego rotundamente a creer que ahora, debido a la situación en la que vivimos, la gente sólo busque entablar relaciones con personas que tienen trabajo y casa. Quizás sea la última romántica - o la última tonta - pero creo que eso no es lo que decide que los seres humanos elijan a una pareja. No al menos en el ámbito en el que yo me muevo.

Pero tampoco podemos negar que la crisis actual es una crisis económica, financiera y de valores, y que siempre, siempre, siempre, han existido - y supongo siempre existirán - las relaciones basadas única y exclusivamente en el interés económico. Quizás porque en el fondo no dejamos de ser homínidos que luchan por la supervivencia. Y a veces la supervivencia se basa en eso: en lo económico

martes, 13 de diciembre de 2011

Todo está inventado

El siglo XX se caracteriza principalmente por el enorme avance tecnológico que ha habido. Gracias a la revolución industrial se han desarrollado múltiples tecnologías que nos permiten comunicarnos en segundos con personas a miles de kilómetros, cruzar un océano en ocho horas, operar sin abrir al paciente... Todo ello hace que el hombre contemporáneo se sienta en la cúspide de la pirámide del progreso y la inteligencia.

Pero resulta curioso que cuando buceas en los libros de historia o en esa gran fuente de información que es internet, o simplemente viajas un poco y vas a ver lugares nuevos, te das cuenta que todo, absolutamente todo, está inventado. Ahora nos creemos muy hábiles e inteligentes porque construimos edificios grandiosos y nos olvidamos que hace más de cuatro mil años se edificaron las pirámides sin las grúas que hoy existen.

Y el calendario maya, que simplemente basándose en la observación del cielo, era casi tan perfecto como el que tenemos hoy en día y que se corrobora con las mediciones realizadas por satélites de sofisticada tecnología. Y que decir de nuestro ordenamiento jurídico, basado en gran parte en el derecho romano de hace dos mil años. Y cuando ves la moda, cuando la ropa que se ponía tu madre hace treinta años la podrías llevar hoy perfectamente sin que nadie se diese cuenta de su antigüedad, entonces si que te das cuenta de que todo está inventado.

Supongo que en el fondo, por mucha tecnología que tengamos, por muchos satélites, internet, redes de comunicación, aviones, etc. el ser humano no ha cambiado tanto. Y nos olvidamos a veces de que todos los avances, progresos e ingenios que tenemos han partido de un cerebro que apenas ha evolucionado en los últimos cincuenta mil años. En realidad no nos diferenciamos tanto de aquel homo sapiens que inventó la rueda o el hacha de silex. Basta leer y viajar para darse cuenta de ello. Entonces si que recibimos una dosis de humildad.

martes, 18 de octubre de 2011

Fuga de cerebros

Uno de mis programas favoritos de la tele es Madrileños por el Mundo. Una de las preguntas clásicas a los emigrantes es por qué recalaron en el extranjero.

- Por trabajo. Aquí había más oportunidades para desarrollar mi carrera profesional.

Es cierto que esta respuesta suele ser de ingenieros, investigadores o empresarios. El caso es que con la famosa crisis en España muchos jóvenes bien formados -aquí- se van al extranjero porque aquí no hay trabajo de lo suyo, y si lo encuentran, las condiciones son irrisorias al lado de las condiciones laborales de Alemania, Estados Unidos o Francia, por citar algunos ejemplos.

España siempre ha sido un país que ha exportado trabajadores. No es nuevo el fenómeno de la emigración. Pero lo más preocupante es que ahora, los que salen de España para buscarse la vida fuera de nuestras fronteras, suelen ser los mejores preparados, los más ambiciosos, los que quizás más podrían aportar a nuestro progreso económico, investigador o industrial. Otras naciones se aprovechan de la buena formación que se da en España a aquellas personas que quieren ser grandes profesionales. Nos gusta decir que somos un país de primera división, de los más desarrollados, pero hechos como éste nos hacen aterrizar en la realidad: por mucho que queramos, estamos a años luz de países civilizados como Alemania o Estados Unidos donde independientemente de haber más industria que permite un mayor progreso profesional de ingenieros, médicos, abogados, etc. se premia y se reconoce el esfuerzo, el sacrificio y el trabajo bien hecho, cosa que en España no siempre sucede. Si. Verdaderamente, en algunos aspectos África comienza en los Pirineos.

Pero por otro lado, admito que al ver estos programas a veces me siento un poco acomplejada o inútil. Evidentemente no puedo compararme con un investigador de la vacuna contra el SIDA ni con un ingeniero aeronáutico que trabaje en la NASA, pero al ver que lo mejorcito de España se está marchando pienso, ¿qué pasa, que los que estamos aquí trabajando por y para España somos la purrela de los trabajadores?
Porque vale, quizás yo no haya tenido el valor de irme a un país lejano cuya lengua ignoro, lejos de mi familia y amigos. Quizás haya sido una cobarde o una mediocre al anteponer a mi familia, mis amigos o mi seguridad a una brillante carrera profesional. Es verdad que no he sido ambiciosa, no he querido progresar en mi carrera por encima de todas las cosas. Me he conformado con ganar mil euros de mierda pero ¿eso me convierte en peor persona, en peor trabajador, en peor profesional que los que se van al extranjero a buscarse la vida? ¿Acaso tengo que pedir perdón por haber conseguido un empleo, no muy bien remunera, pero un empleo al fin y al cabo que me permite sobrevivir?

Es cierto que yo - y me refiero no sólo a mi sino a todos los de mi generación que hemos encontrado trabajo y que vivimos aquí- no he sido tan valiente como los que se buscan la vida fuera. Pero creo que somos igual de trabajadores, igual de responsables y porque no, igual de felices que los que ganan fuera tres veces más que nosotros y tienen más posibilidades de ascenso laboral. Y sobre todo, somos nosotros los que con nuestros impuestos, con nuestro trabajo, nuestro consumo y nuestro esfuerzo contribuimos a que España vaya sobreviviendo, con la esperanza, por supuesto, de que mejore algún día y llegue al nivel de otros países.

martes, 19 de julio de 2011

Que hablen otros por mi

Hoy tampoco hablaré yo.

Dejaré que en mi lugar lo haga Benito Pérez Galdós.

Es un extracto de El Grande Oriente de la serie segunda de los Episodios Nacionales y se refiere al protagonista de la saga, Salvador Monsalud.

El ver reflejado en los libros lo que te pasa es un consuelo de tontos, pero está bien ver como otros ponen palabras a tus sentimientos cuando una no sabe como hacerlo.

"-Otra equivocación -decía-, otra caída, otro desengaño. Todo aquello en que pongo los ojos se vuelve negro. Si mi corazón se apasiona por algo, persona o idea, la persona se corrompe y la idea se envilece. Conspiro, y todo sale mal. Deseo la guerra, y hay paz. Deseo la paz, y hay guerra. Trabajo por la libertad, y mis manos contribuyen a modelar este horrible monstruo. Quiero ser como los demás, y no puedo. En todas partes soy una excepción. Otros viven y son amados; yo no vivo ni soy amado, ni hallo fuente alguna donde saciar la sed que me devora. ¿Amigos? Ninguno me satisface. ¿Artes? Las siento en mí; pero no tengo educación para practicarlas. ¿Amor? Siempre que me acerco a él y lo toco, me quemo. ¿Religión? Los volterianos me la han quitado, sin ponerme en su lugar más que ideas vagas... Dios mío, ¿por qué estoy yo tan lleno y todo tan vacío en derredor de mí? ¿En dónde arrojaré este gran peso que llevo encima y dentro de mi alma? Voy tocando a todas las puertas, y en todas me dicen: «Aquí no es, hermano; siga usted adelante». Voy siempre adelante. Algún ser existe, sin duda, que está sentado junto a su casa, esperándome con ansiedad; pero yo paso y vuelvo a pasar, subo y bajo, entro y salgo con mi carga a cuestas, y no doy jamás con la puerta de mi semejante. Voy aburrido y desesperado, ando sin cesar. «¿Será aquél?», me pregunto. Creo haber acertado, y una brutal mano me lanza al camino diciendo: «Sigue adelante, que aquí no es...». «Aquí no es, aquí no es, aquí no es». En toda mi vida no oiré sino estas desesperantes palabras. «Aquí no es», me dijo Jenara. «Aquí no es», me dijo el partido jurado. «Aquí no es», me dijo la emigración. «Aquí no es», me dijo la patria. «Aquí no es», me dijeron las logias del año 19. «Aquí no es», me han dicho los liberales de ahora. «Aquí no es», me acaba de decir Andrea. No es en ninguna parte, y yo moriré de cansancio y fastidio en medio del camino. ¡Maldita sea la hora en que nací! Hijo soy del crimen, y la expiación de él tomó carne y vida en mi persona miserable... ¿Por qué soy tan distinto de los demás, que en ninguna parte encajo? ¿Por qué ningún hueco social cuadra a mi forma? Mejor es desbaratarse y morir, ¡Dios mío!, que estar siempre de más...

(...)


¡Pobre hombre! La verdad es que teniendo los medios vulgares para ser feliz, no podía serlo, sin duda por repugnar a su naturaleza los vulgares medios. Pero se equivocaba al echar la culpa de sus contrariedades al destino, a las estrellas, a una crueldad sistemática de la Providencia, como es frecuente en los que razonan poco; las causas de su constante desaliento y de sus caídas teníalas dentro de sí mismo, y se atormentaba constantemente en virtud de una poderosa fuerza crítica, compañera de todos sus actos. Sin quererlo, su mente le presentaba con claridad suma todas las abominaciones y fealdades de hombres y de la vida, exagerándolas quizás, pero sin perder ninguna. Por eso, cuando el natural orden de compensaciones que preside a la existencia le conducía a una situación lisonjera y optimista, el amor, por ejemplo, se abrazaba a ella con la desesperación del náufrago; y despertando todas las fuerzas de su ser, las dirigía al caro objeto; se apasionaba y exaltaba tanto, como si toda la vida debiera condensarse en una semana y el universo entero en las sensaciones y los espectáculos de un día. Cuando el desengaño llegaba, natural invierno que con orden incontrovertible sigue al verano de la pasión y del entusiasmo, le sorprendía a tanta altura que sus caídas eran desastrosas. Otros caen de una silla y apenas se hacen daño. Él, que siempre se encaramaba a las más altas torres, quedaba como muerto.

Otra causa le hacía infeliz, la desproporción inmensa entre sus condiciones sociales o de nacimiento y la superioridad ingénita de su inteligencia y de su fantasía. La fantasía le incitaba a todas horas con vivaces estímulos: era como un aguijón constante que intentara hacer correr a quien carece de pies. Considerad una inspiración ardiente sin medios de manifestarse, semejante a la curiosidad óptica del ciego; una inspiración que daba el fuego sin combustible, el agua sin vaso, la idea sin la palabra, sin la línea, sin la nota; considerad un alto ingenio que no sabe más que leer y escribir en una época en que el arte tiene que ser letrado porque han desaparecido los bardos y los trovadores de camino, y comprenderéis cómo pesa sobre un alma la fantasía cuando la falta de educación la ha privado de sus sentidos propios. Es verbo inencarnado que lucha en las tinieblas con horrendo torbellino, queriendo ser forma y sin satisfacer jamás su anhelo doloroso"


PD: La anestesía mental del último año y medio ha sido en parte lo que me ha dado equilibrio y estabilidad para seguir adelante. No es el más idoneo, pero ahora mismo es el único que me vale.

martes, 12 de julio de 2011

Un poco de El Principito

Hoy en vez de contar cosas, voy a transcribir unos párrafos de la obra El Principito de Antoine de Saint-Exupéry sobre los que ando reflexionando estos días. Ya se sabe, a buen entendedor....

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Entonces apareció el zorro:
—¡Buenos días! —dijo el zorro.
—¡Buenos días! —respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.
(...)
—Ven a jugar conmigo —le propuso el principito—, ¡estoy tan triste!
—No puedo jugar contigo —dijo el zorro—, no estoy domesticado.
—¡Ah, perdón! —dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
—¿Qué significa "domesticar"?
(...)
—Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—, significa "crear vínculos... "
—¿Crear vínculos?
—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el
mundo...
—Comienzo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor... creo que ella me ha
domesticado...
(...)
—Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
—Por favor... domestícame —le dijo.
—Bien quisiera —le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. (...) ¡Si quieres un amigo, domestícame!
(...)
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
—¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré.
—Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...
—Ciertamente —dijo el zorro.
—¡Y vas a llorar!, —dijo él principito.
—¡Seguro!
—No ganas nada.
—Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo.