jueves, 21 de mayo de 2009

Vicios

El otro dá, en una de mis clásicas meditaciones absurdas, me dio por pensar en si tengo vicios. Mi padre dice que vicios hay que tener, pero sólo los justos. Si entendemos el vicio como obrar mal continuadamente (es lo que pone en el diccionario) creo que no tengo ninguno de los considerados clásicos: no bebo alcohol con asiduidad, no fumo, no soy una obsesa del sexo, no soy especialmete noctámbula, no juego a las cartas ni a la loteria, ni me compro ropa o zapatos cada dos por tres... vamos, que creo que soy una aburrida.

El único vicio que reconozco en mi es el de morderme las uñas. Con ese no puedo, y mira que lo he intentado. Ahora voy por mi enésima tentativa pero no sé... desde los cuatro años estoy enganchada a mis uñas y no se bien porqué. lei en un sitio que para evitar hacer esto había que observar cuando te mordías las uñas y tras hacerlo, me descubrí a mi misma comiendome las uñas en pequeños trayectos (de mi casa a la piscina, de mi casa al curro) e incluso algún sábado por la noche. También cuando una uña está mal (en cuanto a forma) tampoco puedo resistirme, ni tampoco ante un padrastro...

Dicen que se debe a la ansiedad, aunque yo no me veo especialmente ansiosa. No sé. Veo as uñas de las artistas y de algunas conocidas y me encantaría tenerlas,pero son más de 24 años de vicio uñil, así que imposible recuperar ese tiempo perdido.

¿Y el deporte? Dado que no es malo no lo considero vicio, aunque a veces admito cierta obsesión mental con el ejercicio.
¿Y el chocolate y los dulces? No los como todos los días, pero reconozco que me gusta tenerlo a mano... por si acaso.
¿Y lo del orden? O al menos a que las ocsas parezcan ordenadas. ¿Vicio? ¿Costumbre? ¿Obsesión? Casí preferiría tener los vicios clásicos...

martes, 5 de mayo de 2009

La nueva era en el País Vasco

Hoy comienza el debate de investidura para elegir al nuevo lehendakari en el País Vasco. Patxi López, el elegido, será el primer presidente autonómico no nacionalista de Euskadi. A mi me parece bastante bien, tras treinta años de tiranía nacionalista, que poco a poco ha minado las instituciones y la educación. Me ha hecho gracia la reacción de Ibarretxe (o yo o el caos) que se corresponde con la típica rabieta del que está acostumbrado a mandar y al que de repente, un revés, le saca de quicio, le subleva.

Pero el que cambie el signo político del partido gobernante del País Vasco no creo que cambie muchas cosas. Me gustaría equivocarme y ver como se acometen reformas estructurales de calado por ejemplo, en el terreno de la educación. Pero me temo que no va a ser así, o que aquello que se haga, no va a ser suficiente.

Nunca he visitado el País Vasco. En teoria, no debería opinar, pues como dicen los que llaman a la tertulia de Luis del Olmo "para hablar de Euskadi hay que vivir aqui", argumento que personalmente me parece una patochada. Pero mi opinión tengo, y francamente, creo que la frase de Arzallus "unos mueven el árbol y otros recogen las nueces" reflejan perfectamente lo que ocurre allí. El independentimo vasco no se basa, ni mucho menos, en la supremacia de la raza vasca, en su identidad diferente y otras bobadas que se creen los fanáticos de ETA. El origen del deseo independentista se basa en el dinero, en el deseo de la burguesia vasca en controlar el dinero y el poder institucional (me está quedando un discurso un poco marxista) y ETA, mediante sus atentados, ha ayudado al PNV ha conseguir este objetivo, aún no consumado. Y por supuesto con el beneplácito de muchos ciudadanos de allí (aunque defendemos que el miedo es libre).

Podría extenderme mucho más, pero hoy no me apetece. Esperemos que Patxi López sea el nuevo Obama vasco...

martes, 21 de abril de 2009

El zambombo toca su fn

Se han empeñado en que me compre un coche. El zambombo (nombre familiar del Opel Astra que conduzco) tiene ya dieciocho años y da claros sintomás de senectud. Con más de doscientos mil kilómetros 8cientonoventa y seis declarados, unos treina o cuarenta mil más "ocultos") ha pertenecido a una autoescuela y está con nosotros desde el año noventa y cinco. Le falla el motor de arranque, el alternador no carga bien... pero aún así, va como un tiro y el motor, como dice mi hermano, es indestructible. Pero el otro día falló y como me tuve que llevar el coche de mi padre a trabajar a él le entraron las prisas porque claro, el coche está a punto de convertirse en una pesada carga económica por sus reparaciones constantes. Y aprovechando que la madre de un amigo de mi hermano vende su coche (un Peugeot 206, de cuatro años, diesel, con catorce mil kilómetros) por 5.500 euros (oferta no baladí) pues nada, me están empujando a que me lo compre. Y yo tengo dinero, si, pero si me gasto eso, me quedo casi a cero (con cuatro mil euros). No me preocupa gastarme ese dinero. Lo que me preocupa es no poder ahorrar, porque entre el piso y los gastos que de derivan del mismo, ahorro muy poco dinero. Yo tenía pensamiento de aguantar con el zambombo lo más posible (unos cuatro o cinco años más), para recuperarme un poco en mi economía y comprarme un coche de segunda mano decente. Pero admito que esta oferta no se puede desaprovechar...

Pero me da pena mi Astra. En el invierno es frio y en el verano caluroso, es cierto. No tiene elevalunas eléctrico ni cierre cetnralizado, pero es un coche pesado que me hace sentirme segura cuando conduzco. No quiero fliparme con un coche semi nuevo, rápido, que soy capaz de ponerme a tope y estrellarme a las primeras de cambio. Además el 206 no es umodelo que me guste mucho... Prefiero un Clio, un C-4, un Toyota Corolla.... Pero eso se sale de mi presupuesto actual y de mi presupuesto de los próximos diez años. Es una mierda ser pobre.

martes, 7 de abril de 2009

Perder el sentido de la realidad

He observado a lo largo de los años, que las parejas que llevan muchos años juntos "pierden el sentido de la realidad" en referencia a las relaciones sentimentales. "Anda, si no tienes novio es porque no quieres" o "¿Y cuándo te echas novio?" o bien "¿Cómo te acuestas con uno que acabas de conocer la misma noche?" son algunos de sus comentarios. Y yo siempre pienso que han perdido el sentido de la realidad. Han olvidado, porque hace muchos años que no están en el mercado, que es difícil encontrar una persona con la que compartir tu vida. Quizá encontrar un polvo no es tan complicado (aunque para algunas personas como yo también lo es) pero encontrar una persona a la que quieres, que te quiera, y más a determinadas edades, es complicado. No digo que los emparejados no hayan pasado las dificultades iniciales, pero ya se les ha olvidado. En suma. que según los tiempos que corren, encontrar a alguien es una suerte, una loteria.

También olvidan, o directamente no lo han vivido, lo duro que resulta estar solo. Y que a veces echas de menos los besos, los abrazos, sentirte deseada y querida y por eso tienes sexo por una noche: no solo por el deseo físico, sino por soledad espiritual.

A mi me preocupa haber perdido esto: el sentido de la realidad. Tras dos años de idas y venidas con Juan Carlos y nuestra ruptura definitiva, una parte de mi cree que dentro de unos meses va a encontrar al hombre de su vida. Esa parte ha olvidado que solo he estado con cinco chicos, que solo me he acostado con dos, que nunca he ligado mucho, que siempre he tenido dificultades para relacionarme con el sexo opuesto por mi timidez, que siempre me ha costado mucho enamorarme y que solo he tenido una relacion de verdad, lo cual es bastante patético con mis 31 años de edad. Patético y triste. En cierto sentido he perdido el sentido de la realidad porque he olvidado lo mal que se pasa cuando te tiras dos o tres años sin que nadie te de la mano, sin que nadie te bese en los labios o te abrace o te haga sentir especial.

Ahora estoy disgustada porque Juan Carlos y yo hemos roto para siempre. Mi parte racional dice que es lo correcto pero mi parte emocional está hecha polvo porque sabe que se ha perdido una oportunidad de oro para tener una experiencia vital importantisima: la convivencia con un hombre. Pero se que el berrinche se pasará en unos días. Ahora me queda lo más difícil. La tristeza, la sensación de soledad, la apatía, que un día, de repente, se asentará en mi. Y estaré hecha polvo y luego se pasará en dos días, pero volverá a las pocas semanas, a los meses, porque estará ahi latente, nunca se irá. Desde hace unos años siento que me falta algo, y ese algo es un compañero de viaje, alguien con quien compartir mi vida. Cuando estaba con Juan Carlos esto no lo sentía. Ahora mi sensación de agobio por no tenerlo es mayor porque veo que pasa el tiempo, que cada vez quedan menos hombres, que mis amigos hacen su vida, que mis amigas del barrio viven felizmente casadas con sus niños... en suma... que a veces me siento más sola que la una (aunque se que no lo estoy), sensación que se evaporó durante mi noviazgo con Juan Carlos.

Y así, sólo puedo decir que soy mujer, tengo treinta y un años, y me siento muy sola, incapaz de querer a nadie, perdida, sin rumbo y en el lodo (como el bolero) y muy, muy, muy triste. Muy triste porque el maldito Lobo estepario de Hesse es uno de los caracteres más importantes en mi. Y lo odio

martes, 24 de marzo de 2009

Pequeños placeres cotidianos

A menudo el estrés, el trabajo, la rutina diaria me hace olvidar las pequeñas cosas que me gustan o que me hacen feliz por unos momentos. Son vivencias sencillas, casi elementales diría yo. Esta s mi lista (no van en orden).
1)Acostarme pronto el domingo por la noche y leer el periódico, el suplemento y hasta las páginas de economía en la cama. Sólo deja de ser divertido cuando empiezo a dar cabezazos por el sueño, pero me encanta.
2)Mi paseito diario en la ciudad Financiera. Veo el atardecer, me encuentro con liebres y perdices, reina el silencio (sólo escucho mis pasos) y con un poco de suerte veo la Osa Mayor y otras estrellas. Es mi momento diario de relax en el trabajo y me ayuda a cargar las pilas.
3)Cuando tenia noviete, me encantaba ir al cine con él, y que me comprase un combo de palomitas y Coca-Cola gigante. O en su casa, ver una peli en DVD juntitos en el sofá. Denro de los placeres en pareja, también me gustaba mucho pasear de la mano con él, por medio de la calle, con un sol espléndido en las tardes de verano.
4)Las fiestas de cumpleaños familiares. Me da igual si el cumple es de mi prima, de mi tío, de mi hermano o de mi abuela. Reunirnos, pasar el rato juntos hablando, discutiendo, me encanta.
5)Que mi amiga Rocío Blanco o mis primas me inviten un domingo por la tarde a tomar café, con tarta y bombones, en una reunión sólo de chicas que no son mis amigas habituales, y hablar de cosas de chicas. Esto me chifla porque supone para mi hablar de temas nuevos con gente que no es mi amiga (sino amigas de mis amigas). Esto me aporta muchísimo y ensancha normalmente mi mente.
6)Llegar a mi casa a las once de la noche, después del trabajo, que mi mami me tenga preparada la cena y sentarme en el sofá, entre mis padres, y ver juntitos la tele un rato. Pero esto solo vale cuando mis padres no están enfadados entre si (cosa habitual en ellos)
7)Bañarme en el mar, escibir mi nombre con mis pies en la arena y concentrarme en el sonido de las olas. Por desgracia, cmo vivo en Madrid, esto no lo puedo hacer a menudo, pero me encanta. Y pasear por la playa es otra de mis debilidades.
8)Cuando el socorrista me sonrie y me da los buenos días. Es que es muy atractivo
9)Cuando escucho el gabinete de Julia Otero y el tema que tratan me gusta especialmente.
10)Cuando un viernes salgo con mis amigos, solo un rato, y nos ponemos a hablar, y la conversación se torna tan interesante que nos tiramos hasta las tantas cuando nuestra intención era tomarnos una copa e irnos. Esto me hce muy feliz también.
11)El fin de semana que viene mi sobrino y mi hermano trabaja, y nos quedamos con él mis padres y yo, y después de jugar vamos al Oh lala y merendamos chocolate con churros, y para completar, baño a mi sobrino y mi padre le cuenta un cuento, inventado, mientras el niño eschucha atentamente.

Conclusión: son pequeñas cosas las que me divierten, y todas ellas son cotidianas y están al alcance de mi mano. ¿Por qué demonios no procuro entonces ser más feliz?

jueves, 12 de marzo de 2009

El día más importante del año

El mes de marzo es junto a julio mi mes favorito del año. Básicamente porque es mi cumpleaños, y porque los días apuntan más largos. No obstante, antes, cuando era más joven, lo vivía con más ilusión. Cuando cumples los 25, hacer años no mola tanto.

No obstante reconozco que soy una fan de los cumples. Me gustan porque me reuno con mi familia y mis amigos y hablamos de lo divino y lo humano. Es una especie de oasis en medio de nuestra vida diaria, llena de estres y de incomunicación. Además suelo comer cosas deliciosas que no suelo ingerir diariamente: empanada, sandwiches, helados... mmmm (aqui se descubre mi gula). Lo cierto es que no entiendo a la gente que el día de su cumple no lo celebra ni hace nada en especial. Algún año, para mi disgusto, he tenido que celebrar mi cumple un día diferente al 28 de marzo y me he sentido triste y apenada. Aún recuerdo cuando siendo niña (cumpliría siete u ocho años) mi aniversario vital cayó el Jueves Santo y ni mis amigas, primas ni mis tíos no pudieron venir. Me recuerdo llorando ante la tarta.

-Pero ¿por qué lloras? -me preguntó mi madre
-¡Porque no ha venido nadie!
-Pero si están tus hermanos.

Esa afirmación me quedo planchada. Lo que yo quería decir es que mis hermanos no eran nadie, porque estaban en casa todos los días y por tanto no considraba su presencia como algo valioso. Lo que me dijo mi madre no me consoló en absoluto y deje de llorar para no mostrarme tan asquerosa con mis hermanos (porque admito que mi reacción de niña aún se mantiene en mi en cierto grado y no valoro tanto la ayuda o presencia de mi hermanos como la de personas ajenas a mi familia directa: sea amigos o familiares lejanos, porque ellos siempre están ahi, su presencia no es extraordinaria).

Supongo que esto me lleva a una reflexión vital. No consideramos valioso lo que tenemos diariamente porque consideramos que es lo normal tenerlo, es lo natural, no dandonos cuenta de que en realidad nuestras pequeñas cosas diarias son privilegios: No todo el mundo tiene hermanos con quien celebrar su cumpleaños

martes, 24 de febrero de 2009

Mi frivolidad favorita

Admito que soy una persona frivola. No es que me enorgullezca de ello, ni mucho menos. Me hace ser fútil, vana, y tomarme a la ligera cosas importantes. No se trata de desdramatizar lo malo, no. Mi frivolidad me lleva a no penetrar en lo bueno, en lo importante.

Pero hoy hablaré de mi frivolidad positiva, por llamarla de algún modo: Los Oscar de Hollywood. Mis dos sueños periodísticios eran cubrir unos Juegos Olímpicos y retransmitir la gala de los Oscar, o al menos, la alfombra roja, como hace mi compañera de promoción, la alcorconera Cristina Teva. Como no tengo Canal Plus tampoco puedo seguir la gala en directo y no me arriesgo a conectarme a una página web creada ex proceso porque mi conexión a la red de mi querido y anónimo vecino benefactor (Dios le de larga vida) no es muy buena. Me conformo con ponerme el despertador a las cinco de la mañana y escuchar por la radio, a través de la SER, la última hora de los premios, que es donde está la chicha. Antes de que Canal Plus cediera su señal a Cuatro, me veía el resumen de dos horas que siempre echaban al día siguiente, pero eso pasó a la historia. Aún recuerdo, como hace tres años, Canal Plus emitió un programa americano de la Alfombra Roja en abierto y cortó justo cuando comenzó la gala a eso de las dos y media de la madrugada (mi gozo en un pozo).

Me gusta ver los vestidos, el In memoriam. los discursos estúpidos y brillantes, los agradecimientos, todo. Dicen que ya no hay tanto glamour como en los cincuenta y sesenta, pero que quereis que os diga, me encantan los Oscar. Cuando sea rica y tenga el canal Plus los veré una noche en directo. Pero si sueño... ¿por qué no verlos en persona? Es gratis imaginar...